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Alguna vez

Alguna vez

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Alguna vez… en este bendito país de los argentinos tuvimos el alto privilegio de forjar, de enaltecer y consagrar verdaderos espíritus luminosos los cuales supieron, en su momento de esplendor, honrar, exaltar y dignificar los superiores, intransferibles y encumbrados atributos de la inteligencia, de la cultura en su máxima dimensión, del arte nacional en su real y jerárquica expresión de noble, límpida y acrisálida identidad representativa…

En verdad transcurrían otros tiempos, quizás más placenteros, más distendidos y otro, también, era el entorno social, económico y político que nos rodeaba, mucho más accesible, tal vez, más propicio si se quiere para acrecentar el desarrollo intelectual, cultural y artístico, todo lo cual permitía sustentar y fortalecer el renovado estímulo creciente para, de ese modo, encauzar, cimentar y proyectar brillantemente hacia un futuro prometedor, los elevados, inalterables y 7 fundamentales testimonios del espíritu creador…

Tiempos en que se reconocía casi siempre, los méritos adquiridos y relevantes de aquel que lograba destacarse con esfuerzo personal y perseverancia, lo mismo que la transparente, ética y ejemplar trayectoria vocacional del Maestro orientador…aquel ser que tanto admirábamos y respetábamos en nuestra infancia en su calidad de docente, de guía y amigo incondicional que nos acompañaba y aconsejaba, día tras día, brindándonos todo su saber, su natural estima invalorable junto a la cálida comprensión de su palabra estimulante, orientadora y afectuosa…
Guardábamos como un halo particular de profundo respecto nunca desmentido ante la sola presencia de aquellos notables y admirados sembradores de cultura quienes, en cierto modo, representaban y mantenían incolumnes para orgullo entero la nación, los inmarchitables, sagrados e históricos blasones de la patria…

Años aquellos en que reconocíamos (y que, además nos enorgullecía como argentinos) saber, por ejemplo, que contábamos con la presencia emblemática, con la representatividad moral y la obra trascendente, afirmatoria y reconocida a nivel internacional de tantos y tan talentosos creadores, eximios e inspirados poetas, pléyade destacada de eminentes escritores, ensayistas y dramaturgos, pintores de renombre de embellecida, esplendorosa y engalanada paleta arcoiris…

Asi podríamos recordar y rescatar de un injusto olvido o, también, de una cruel indiferencia a nivel masivo, nombres, trayectorias y personajes calificados, íconos relevantes de la cultura, del arte en general de sus diversas manifestaciones entre otros sobresalientes y prestigiosos artífices al gran QUINQUELA MARTIN, símbolo inmarchitable, arquetipo tradicional de la Boca con sus fabulosos, típicos y emblemáticos paisajes ribereños…al Maestro inolvidable, RAUL SOLDI, con su cúpula platinada y multicolor de alados querubines angelicales realzando el maravilloso cielo diáfanamente terso, mágico y azulado del centenario COLON, gloria y orgullo perenne de todos los argentinos… ANTONIO BERNI, CASTAGNINO, el genial y siempre postergado premio nobel JORGE LUIS BORGES, nuestro universal y mayor creador literario reconocido en todo el mundo…también LEOPOLDO MARECHAL con su famoso relato de ADAN BUENOS AIRES, SABATO con su obra cumbre SOBRE HÉROES Y TUMBAS, ROBERTO ARLT, el prodigioso y torturado forjador de LOS SIETE LOCOS, EL AMOR BRUJO, LOS LANZALLAMAS, sin olvidar sus notables AGUAFUERTES PORTEÑAS publicadas en el desaparecido diario El Mundo… RAUL GONZALEZ TUÑON, MASTRONARDI, FERNANDEZ MORENO, y tantos, tantos más…
No podríamos de ninguna manera dejar de mencionar en estos breves apuntes rememorativos, el nombre, la obra y la presencia señera del inolvidable Doctor René Favaloro, en verdad, un notable, ejemplar y eminente MAESTRO de la ciencia, de la vida misma, del alma humana en sus más profundas y sensibles reconditeces, quien supo a través de la magia, de la excelencia y la suprema sabiduría científica de sus santas y nobles manos sabias, virtuosas, tan bondadosas también para apaciguar tanto dolor y sufrimiento, salvar tantas vidas al borde de la desesperación más amarga, mereciendo por todo ellos loa devoción y el cariño unánime de la gente, la más profunda y sincera admiración, lo mismo que el eterno reconocimiento y la gratitud de todo un país el cual jamás lo podrá olvidar…

HECTOR MOLINATI

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