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¿Me regalas una hora?

¿Me regalas una hora?

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Compromiso y solidaridad en  Almagro que se extienden por otros puntos de la Ciudad. Historias detrás de la solidaridad del medico fundador de la ONG que conmueve a los barrios porteños.

 

Mariano Masciocchi es el doctor de la solidaridad que junto a un equipo de profesionales busca a través de la solidaridad y el compromiso compartir una hora de su tiempo para con el otro.

Un ejemplo de solidaridad y grandeza que conmueve a muchos vecinos que ven acercarse a las personas en situación de calle a buscar ayuda en Masciocchi y su equipo.

Generalmente la ONG actúa en diferentes puntos de encuentros donde las Iglesias suelen ser el espacio de encuentro más común.

Joven y de apariencia luminosa, Marino Masciocchi de 41 años sabe lo que no quedarse en meras palabras y comprometerse con la acción en beneficio del otro.

“Cada día me duermo pensando en qué más podría haber hecho. La palabra está buena, pero la acción es mejor” enfatiza.

Reflexivo y especial el médico relata su experiencia vivida en 2014 que lo llevó a emprender un cambio muy profundo en su interior.

Producto de ese cambio es la creación de la ONG “¿me regalas una hora?” que busca la conexión con el otro como factor de cambio social.

Según Masciocchi todos tenemos en nuestras manos la posibilidad de ayudar al otro. Sin demasiado sacrificio, sin auto-exigirse demasiado en la esquina del  barrio siempre encontramos alguien a quien ayudar.

“¿Y si en lugar de dinero donamos minutos?” se planteo el médico en 2014 como forma de innovar y actualizar el concepto que relaciona lo material con la solidaridad.

Así nació la ONG “¿me regalas una hora?” que fue sumando desde 2014 varios adeptos.

Las primeras colaboraciones comenzaron en la Parroquia San Carlos del barrio de Almagro.”Me acerqué y le dije al párroco que podía ayudar desde lo que yo sabía hacer: medicina clínica y cardiología. En la charla me entero que, en esa parroquia, había un comedor comunitario que da de comer a 1500 personas. ¡Y pensar que yo iba ahí a tocar la guitarrita! Pero como vivía en un táper, no sabía nada de eso. Así que cuando me enteré, me propuse hacer algo inmediatamente”.

Mariano puso a disposición de la Parroquia lo que sabía hacer y se lo ofreció a la Comunidad. Una fe Católica inquebrantable y un momento difícil de su vida hicieron posible una transformación que beneficio a muchas personas que lo necesitaban.

“Yo donaba a la Fundación Huésped, a Unicef, pero necesitaba poner tiempo. Una hora por mes no es demasiado para nadie”. El latiguillo fundacional fue claro y directo: “Convocaba a mis conocidos y les pedía: ´che, ¿me das un poquito de tu tiempo para ayudar a otro?´ Así se fue sumando gente”, confiesa.

 

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