VUELVE EL TERROR
A LAS RUTAS ARGENTINAS
Del tema
de los accidentes de tránsito que se producen
diariamente en nuestras calles y rutas nos hemos ocupado
en más de una oportunidad, haciendo un llamado
a las autoridades para que intervengan concretamente
en esta verdadera sangría que por culpa, negligencia,
azar o destino, está dejando miles de muertos
anuales y decenas de miles de mutilados.
La lectura
de los diarios de alcance nacional en estos últimos
días o semanas, la vista de los noticieros de
televisión, la consulta vía Internet de
los periódicos de circulación provincial
causan verdadera angustia aún a quienes tuvimos
hasta ahora la suerte de no resultar víctimas
de la indolencia o de la fatalidad.
Las autoridades
deben tomar muy en serio este problema, que no causa
solo víctimas en la población sino cuantiosas
pérdidas económicas. Sin embargo no se
escuchan campañas publicitarias importantes (es
mucho más importante la distribución de
profilácticos que los 8000 muertos anuales).
Verdaderas catástrofes se han registrado en muy
pocos días; ayer once personas encontraron la
muerte en un solo accidente, hade dos días cuatro,
poco antes siete y así seguiremos sumando.
Si el
Ejecutivo Nacional o los Ejecutivos provinciales o de
la Ciudad de Buenos Aires no toman medidas urgentes,
deberán ser las cámaras legislativas,
el mismo Poder Judicial y, porque no, la población
misma. Si somos capaces de movilizarnos por un reclamo
de seguridad frente a la violencia delictiva, tendremos
que tomar partido inmediato por esta desatada violencia
en el volante, que está amenazando a toda la
población.
Ya lo
escribimos otras veces. ¿Cuál sería
la reacción gubernamental y de la población
si en determinado momento una epidemia llevara ocho
mil personas a la muerte y varias decenas de miles a
los hospitales públicos? El país entero
entraría en emergencia sanitaria y se movilizarían
todos los recursos humanos y económicos para
salvarnos de la plaga.
Pues bien.
La plaga existe. Y el remedio más que fácil
CONTROLES, CONTROLES Y MAS CONTROLES. En rutas nacionales,
provinciales, en calles y avenidas. Que el personal
policial deje a un lado la pistola de papel con la que
ejecuta a los conductores que estacionan mal y se dedique
a hacer prevención. Que no se vean más
por las calles motociclistas sin casco, o llevando a
niños en las faldas, que no circulen por las
calles viejos camiones o automóviles sin luces,
sin patente, destartalados. Que los pasos de peaje se
controlen con efectividad. Que vehículos patrulleros
recorran permanente las rutas y las vías de acceso
a la Capital, que se legisle un inmediato cambio en
las leyes y se reprima severamente el homicidio en accidente,
que se verifique los controles de alcoholismo durante
las 24 horas y en cualquier sitio, que se ponga de una
vez por todas en funcionamiento un registro nacional
de accidentes, que….que… cualquier ciudadano
común podrá dar muchas más medidas
efectivas si se desea terminar con la plaga.
¡Qué importa el
crecimiento del producto bruto de un país que
no puede cuidar lo único valedero que tienen
sus habitantes: la vida!
Y los
medios: que terminen de publicar títulos catástrofe
o de invadir dolores e intimidades o mostrar el dolor
ajeno. Las cámaras fotográficas, filmadores,
etc. que se guarden para los momentos felices de la
vida. Utilicen la noticia para hacerse protagonistas
de una campaña nacional de prevención
de accidentes, así como hacemos una campaña
nacional para prevenir una enfermedad que, en el peor
de los casos, puede llevar 100 vidas, que debe hacerse
por cierto igualmente.
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