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OTRA VEZ LA VIOLENCIA ENLUTA NUESTRO PAÍS

 
 
     Mientras el profesor neuquino se debatía en una lucha desigual con la muerte, los televidentes que teníamos encendidos nuestros televisores no podíamos creer lo que veíamos. Un grupo de anormales, otro calificativo no cabe, estaban preparando sus instrumentos de destrucción y vandalismo frente mismo a los efectivos policiales, a los que se veía detrás de una reja, del otro lado desde el cual el grupo de civiles encapuchados y armados comenzaban su práctica de combate, quemando las clásicas cubiertas. Poco después, seguramente escoltados por algunos móviles policiales (como ahora es costumbre) los delincuentes juveniles y otros no tanto, comenzaron su marcha hasta uno de sus objetivos.    Perfectamente encolumnados, recibiendo en el momento del ataque órdenes precisas de uno de ellos, corrieron todos juntos hacia el frente del local de la Casa de Neuquén, donde están las oficinas de promoción de la candidatura del gobernador de aquella provincia y en un instante arrancaron las cortinas metálicas, penetraron dentro y consumaron su obra: quemar el local. Por supuesto que los comerciantes y locales vecinos cargaron también con las consecuencias del ataque, sufriendo rotura de cristales, pintadas y robos, todo ante la complaciente vigilancia policial. Recién cuando se produjo lo evitable, es decir cuando las llamas comenzaron su obra, aparecieron los vehículos lanza agua y personal policial uniformado y de civil que trató de detener a los “chicos”. Según parece fueron 15, entre ellos el jefe de la agrupación Quebracho, que en cualquier país serio, (por ejemplo España) ya estarían declarados fuera de la ley. Sin embargo la burla no termina allí; de repente las pantallas de Crónica y otros medios muestran a miembros de este ejército irregular subidos a los techos de un galpón agitando banderas, mostrando ladrillos y desafiando a los efectivos policiales que habían cortado el tránsito por la calle Cochabamba e, incluso, desalojando los vehículos estacionados. Todo hacía prever que se presentaría un Juez y daría la orden de allanamiento y detención de los delincuentes. Pero no, imprevistamente todos los policías subieron a sus vehículos y se retiraron mansamente, La calle se libró al público y las cámaras dejaron de enfocar el lugar., como si fueran cómplices de la fuga posterior.
   Casi simultáneamente, la noticia que horrorizó: la muerte de Carlos Fuentealba, el profesor neuquino manifestante en aquella ciudad que fue virtualmente asesinado por un efectivo policial que arrojó una granada de gas dentro del pequeño vehículo donde circulaba, que detonó destrozándole la cabeza. Seguramente esta noticia debió ser la que originó la orden del ministro Fernández, del retiro de los efectivos que mantenían acorralados a los delincuentes. El ministro habrá tenido miedo de cumplir sus funciones y que en el buscado enfrentamiento con los “chicos”, hubiera que lamentar alguna otra muerte. El funcionario, pocas horas antes había sostenido un enfrentamiento verbal con los periodistas, que le pedían detalles sobre la intervención de Gendarmería y Policías en Neuquén custodiando las escuelas. Las respuestas de Fernández contenían un nivel de agresión que no debía permitírsele. Pero allá los periodistas o noteros que estaban participando de la entrevista.

   Esta nota será publicada luego que, seguramente, otros sucesos conmuevan al país Pero quedemos expresar que todas las vidas valen igual, como lo demostró el presidente de la República Oriental del Uruguay, a quien nadie podrá demonizar, como aquí hicimos con Alfonsín, De la Rúa, Menem y ahora en marcha la ofensiva antimacrista . En nuestro hermano país, las muertes de uno y otro lado de la guerra fueron igualmente lamentables, eran hijos del país y como tales, si correspondía resarcir de alguna manera a sus deudos, el presidente Tabaré Vázquez decidió que hubiera un único proceder. Todos por igual.

   En la Argentina, que sepamos, aún no fue esclarecido el alevoso asesinato del suboficial Jorge Sayago, ocurrido hace más de un año en la provincia del presidente. Recuerdan los lectores: La comisaría había sido cercada por obreros petroleros que exigían la libertad de uno de ellos detenido. Comenzaron los ataques contra la comisaría y el personal que allí se encontraba no tenía medios para responder. Sayago, valerosamente, salió de la comisaría intentando hablar con los sitiadores. En vano, inmediatamente fue atacado. Primero fue una bala calibre 22, luego un golpe con una barreta en la cabeza que le fracturó el cráneo y finalmente una puñalada por la espalda, Cuando ya moribundo era transportado en una ambulancia el vehículo fue atacado a balazos. En este sucedo hubo 15 policías más heridos, muchos de ellos por impacto de balas.
    Aunque parezca imposible, no se pudo determinar aún el o los culpables de la salvajada.
Que indemnización recibió la esposa de Sayago? En realidad lo ignoro, sabemos que fue ascendido después de su muerte pero, ¿tienen sus hijos alguna garantía sobre su futuro?
No se supo de ninguna manifestación de los medios sindicales ni de las organizaciones de derechos humanos, que se hayan solidarizado con la esposa e hijos de esta víctima y de sus compañeros de trabajo.
   Y que de los muertos civiles. Hace pocos días un cuarto amigo personal, Demetrio Arce, fue asesinado por delincuentes en la puerta de su propia casa, delante de su esposa. Tenía 82 años, era un educador de alma y solo lo recordaron algunos medios gráficos con pequeñas notas. No hubo manifestaciones, documentos, ni cesación de trabajo. No interesaba, porque la muerte no estaba ideologizada.
     Les prometo recorrer todas las páginas de los diarios publicados en 2007 y tomar nota de las muertes publicadas, causadas por ahora sí, chicos, de 13, 14 o 15 años ¿Y? No vamos a hacer nada, nos vamos a quedar quietos hasta que alguno de estos delincuentes nos ataquen en la calle, a nosotros o a nuestra familia, para salir llorosos luego antes las cámaras de la TV. , cuando hacen su show diario. Cuando aparece alguna persona, como el Ingeniero Blumberg, que toma la bandera de las familias afectadas, inmediatamente es descalificado por los llamados “progresistas” que lo tildan de hombre de la “derecha”. Alguien me puede decir si en un país “progresista” como China, o Corea del Norte, o Irán, la delincuencia puede actuar con tanta impunidad?

   Porque indemnizamos a las víctimas o familiares de las víctimas de la dictadura, que eligieron su camino de lucha (hasta Menen cobró resarcimiento), y no hemos de indemnizar de igual forma a los argentinos que murieron también atrozmente asesinados, que fueron muertos y secuestrados, que cayeron por las explosiones de bombas, por la voladuras de vehículos o porque casualmente, acertaron a pasar por el lugar del atentado.

    La mejor encuesta que podría hacerse es interrogando a los más de 100.000 conductores de vehículos taxímetros. Ellos le dirán su pensamiento. Los autocalificados “progresistas” seguramente se llevarían una sorpresa. Mientras tanto, los encapuchados, subversivos en potencia, lograron una vez más lo que buscaban, una víctima del desenfreno policial, aunque haya sido uno de sus compañeros. Ahora ya tendrán un nuevo crespón negro para atar a sus banderas rojas de lucha en contra de las instituciones. Algo parecido ocurrió allá por 1969, para quienes no recuerdan o prefieran no hacerlo, la historia de los últimos 50 años en nuestro país.

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