Esta es la triste conclusión que podrá
extraerse de la extraña medida adoptada
por algún funcionario de la burocracia
municipal que, sin consultas previas con quienes
con gran esfuerzo y tras cinco años
de arduas gestiones, lograron finalmente concretar
un bello Museo al Aire Libre en las calles
de Boedo, que bautizaron como PASEO
DE LAS ESCULTURA DE BOEDO, reconocido
mediante la Ley 494/2000 por la Legislatura
de la Ciudad de Buenos Aires y calurosamente
aplaudido por vecinos e instituciones de la
cultura, artistas plásticos y periodismo
en general.
Sorpresivamente, de
la noche a la mañana, los vecinos de
Boedo nos encontramos que la mayor parte de
las obras de arte han sido cercadas mediante
enrejados negros de gran altura, que llegan
hasta el extremo superior de cada obra, colocados
casi acariciando los trabajos, ya que no existe
especio disponible para que quien desee apreciar
la obra en todo su contorno pueda hacerlo.
¿Cuál ha sido el propósito?
Lo ignoramos. Salvo pequeñas agresiones
con algún pincelazo de aerosol en una
de ellas, ninguna de las nueve obras expuestas,
han sido dañadas en oportunidad alguna.
Al contrario son cuidadas por los vecinos
frentistas y permanentemente observadas por
los miembros de la Junta de Estudios Históricos
del Barrio de Boedo, que fue la institución
“madre del Paseo”, donado luego
a la Ciudad de Buenos Aires, cuyo patrimonio
integra.
A los inventores
de la idea, podemos decirle que el enrejado
no evitará la acción de aerosoles,
ya que los mismos se disparan a distancia
y por entre el medio de las rejas. Tampoco
sin existiera alguna persona desequilibrada
a quien se le ocurriera darle un martillazo.
Podrá hacerlo igual a través
del enrejado de hierro.
Sí, evita,
algo mucho mas importante. Para la celebración
del Día de Boedo la Junta estaba organizando
una visita guiada con personas ciegas, concurrentes
a distintos institutos de formación
o recreación de los no videntes, incluso
los concurrentes al taller que en el Museo
Sívori se lleva a cabo para personas
con tal discapacidad. Por supuesto deberá
suspenderse, ya que los ciegos logran ver
a través de sus manos, acariciando
los objetos que se le ponen “a la vista”.
Tampoco podremos enseñarles mucho a
los grados escolares que realizan sus tareas
de educación plástica visitando
asiduamente las obras.
Aún peor
es que, los artistas invitados y que ya donaron
sus obras para ser emplazadas próximamente
en el Paseo, todas aprobadas ya en primera
instancia por la Legislatura de la Ciudad,
se negarían a concretar las donaciones
si el emplazamiento se realiza con tales prevenciones.
No negamos la conveniencia –quizás-
de mantener cierto enrejado que llegue hasta
la máxima altura de las bases, que
impediría que se apoyaran bicicletas
u otros objetos sobre ellas, pero negamos
totalmente el valor efectivo de la supuesta
protección, que reduce notoriamente
el valor de la creación artística,
relegándola a segundo plano, tras las
rejas.
Conversaciones
realizadas por nuestros redactores con miembros
de la Junta de Estudios Históricos
del Barrio de Boedo, nos han hecho conocer
su disposición a la presentación
de una acción de amparo judicial si
las gestiones que se realizarán 9 en
los próximos días ante las autoridades
del caso no dieran resultado.
Desde este sitio prestamos nuestro total apoyo
al reclamo mencionado.
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