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RÉQUIEM POR UN POLICIA MUERTO

     No es nuestra costumbre tomar notas de otros medios, pero la dolorosa descripción que realiza el cronista sobre esta nueva muerte inútil, que debería enlutar a todo el país, nos debe llegar a la conciencia y, si aún quedan sentimientos de amor, hacernos pensar seriamente hacia donde marcha esta querida patria nuestra. Seguramente solo en su pueblo natal sus familiares, sus amigos y vecinos, habrán promovido un Réquiem por el policía muerto. Nuestros medios de comunicación, esta vez, fueron tan cautos en el manejo de las cámaras, que no se vió en las pantallas un solo instante de la violencia desatada en Las Heras, ni tampoco se ofreció, con la profusión de imágenes usual, los testimonios de las víctimas.

     Como tampoco se leyeron solicitadas ni declaraciones de censura, queremos desde aquí asociarnos al dolor de esa y de todas las familias santacruceñas que resultaron víctimas de la sin razón. A pesar que hoy, otros santacruceños, estén “festejando” el triunfo de sus demandas.
Así narró nuestro colega el trágico instante de la agresión:
LAS HERAS, Santa Cruz.– El impacto de la bala lo tumbó al piso. Le pegó en una clavícula. Quizá, para ese momento, Jorge Sayago aún estaba consciente. Quizá no. Era de noche, pero no era eso lo que más dificultaba la visión.

     El ardor en los ojos, producto de la gasolina con la que había sido salpicado, era lo que más complicaba los movimientos. Enseguida alguien le sacó el casco reglamentario. Y alguien le partió la cabeza con un objeto contundente. Tal vez era una pala; tal vez, un fierro. La masa encefálica le salió del cráneo. Alguien le clavó una puñalada en la espalda, que le atravesó el estómago.

A metros de allí, el oficial Héctor Leal intentó agacharse para socorrerlo. También él estaba en el exterior de la comisaría para contener la embestida de los manifestantes. Un disparo en el hombro le impidió seguir. La bala le tocó un pulmón y perdió la respiración. La boca se le llenó de sangre.

     Había sucedido lo peor. Era ése el comienzo de la pesadilla que hoy sacude a este paraje patagónico y que conmociona a todo el país. (La Nación, 10 de febrero de 2006)
       
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