CUANDO UNOS POCOS SON MUCHO
MÁS QUE MUCHOS
Resulta realmente
lamentable observar que pese a los reiterados llamados
al respecto de las normas, apenas algunos pocos centenares
de alumnos (¿) universitarios, con las habituales
amenazas de estos minúsculos grupos de presión,
impiden una y otra vez la normalización de nuestra
Universidad, aquella que se solventa con el aporte de
todos, de los trabajadores en especial a través
del pago de impuestos al consumo, y que cuenta con decenas
de miles de alumnos que con su silencio, su pasividad,
su anomia, están permitiendo ser tomados como
rehenes de grupos politizados, sin representación
democrática alguna, repudiados en las urnas en
cuanto elección general se realiza en el país,
pero que actúan impunemente, como si sus agrupaciones
y los pasados contenidos ideológicos que pregonan
fueran la única verdad.
¿Y donde
están los encargados de mantener el orden? Los
que deben preservar las instituciones y los bienes de
la Nación. Escudados también en pretextos
sin lógica alguna, permiten las ocupaciones de
establecimientos de educación, anunciadas previamente,
“para no lesionar la autonomía universitaria”.
Pero, somos todos tontos o no nos damos cuenta que la
autonomía universitaria esta siendo pisoteada
por estos grupúsculos puestos al servicio de
quién sabe que interés. Son ellos los
que atropellan, rompen puertas, ocupan edificios, agreden
a los rectores, ejercen coacción con los estudiantes.
Poner una barrera de contención, evitar la usurpación
de edificios públicos, se hace desde afuera.
No es necesario entrar a las unidades académicas,
como en la “noche de los bastones largos”,
de triste memoria, sino prevenir desde fuera.
Salvando
las distancias, es la misma argentina que sale al exterior
a mostrar su fútbol, supuestamente nos creemos
uno de los mejores del mundo, y sus jugadores e hinchas
prepotean en todos lados. El existismo les impidió
a los grandes “medios”, censurar a los integrantes
del seleccionado argentino en el vergonzoso espectáculo
brindado a la finalización del partido que determinó
su exclusión de la copa mundial. Tampoco se sabe
de sanciones a los “borrachos del tablón”,
que tuvieron que ver el segundo partido desde la orilla
del río, ya que las autoridades, esas sí
son autoridades, los pusieron bajo control luego de
los incidentes de la primera jornada. Son los mismos
profesionales que perdiendo la posibilidad de seguir
participando en una copa internacional, solo se les
ocurre recurrir a la violencia contra sus propias colegas,
que pretenden ensuciar el límpido triunfo de
sus oponentes, pretendiendo que en cinco minutos iban
a dar vuelta un resultado que no supieron conquistar
en 85 anteriores. Bien dispuesta la multa de 30.000
dólares al club River Plate por los desmanes
de estos otros “borrachos del tablón”.
¡Que vergüenza, ver centenares de argentinos
atacando sin piedad un pequeño grupo de no más
de diez policías paraguayos!
La ciudad
de Buenos Aires es un caos total todos los días.
Es que nadie piensa en terminar alguna vez con estas
manifestaciones coordinadas simplemente para causar
el caos, con demandas imposibles de cumplir.
Mientras
esto ocurre en nuestra ciudad bárbara, decenas
de miles de personas, hombres, mujeres y niños,
en otras partes de la tierra sufren horrores, ya sea
por desastres de la naturaleza o por acciones del terrorismo
y de la guerra. Donde está nuestra famosa solidaridad
argentina. Donde están las ayudas para los afectados
por el Tsunami, por el volcán en Ecuador, por
la guerra en Medio Oriente, por la situación
de extrema pobreza en Haití y regiones de África,
Solamente
pensando que cualquiera de nosotros mañana, pasado
o en cualquier momento, mediato o inmediato, podemos
ser uno de ellos, una de esas familias que de la noche
a la mañana se quedaron sin amparo, sin trabajo,
sin padres o hijos, nos tendría que hacer reflexionar
seriamente. A los que mandan, a veces muy mal, a los
que quieren mandar, siempre muy mal, a los que pasivamente
obedecemos o nos escondemos no para huir de las bombas
sino para no comprometernos. A los que tienen mucho
y a los que no tienen nada, pero sin tener nada, poseen
mucho más que las víctimas que casi sin
sentirlo, vemos como al pasar en los noticieros de televisión
o en las páginas de los diarios.
Basta
señores. Unamos nuestro esfuerzo. Permitamos
trabajar a quien trabaja, estudiar a quién estudia,
investigar a quien investiga, pero no permitamos robar
al que roba, matar a quien mata, denigrar a quien denigra.
La única violencia que debemos admitir es la
violencia del amor, no en el amor, como muestra todos
los días el cine o la televisión o las
noticias policiales.
Aníbal Lomba
www.nuevociclo.com.ar
Producción Propia
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