El
libro Poéticas del rock –volumen
2- se presentó el pasado 1º
de agosto (2008) en la Academia Porteña
del Lunfardo. De este modo se completa la
obra compilada por Oscar Conde, cuyo primer
tomo apareció el año pasado.
En aquella primera parte se analizó
la producción letrística de
autores roqueros de nuestro país
surgidos desde mediados de los años
60 hasta bien avanzada la década
siguiente. Ahora, en la segunda parte, se
abordan las letras escritas por figuras
que irrumpen a fines de los 70 y hasta el
presente.
Comienza el
libro con el estudio de Johanna Tonini sobre
las letras de los Redonditos de Ricota,
escritas por Carlos "Indio" Solari,
en las que emerge como eje temático
omnipresente la necesidad de resistir, ante
la asfixiante realidad sociopolítica
de esa segunda mitad de los setenta. Tal
vez por eso, por la necesidad de eludir
lo explícito ante los peligros en
ciernes, se impusieron desde entonces en
la lírica de Solari las metáforas
herméticas y los sobreentendidos,
como también, en el plano léxico,
las onomatopeyas y los neologismos mezclados
con vocablos del mundo marginal.
Constanza
Molina es la responsable del estudio de
las letras que Luca Prodan creó para
el grupo Sumo, gestadas muchas veces al
compás de "zapadas", de
improvisaciones. En ellas, Prodan recrea
su experiencia, su visión crítica
de la realidad en textos mixturados de relatos,
personajes, enigmas y sentencias, conformando
una poética caracterizada por la
inclusión de narraciones, por lo
general en primera persona, y la presencia
de diálogos. Una característica
original la da la fusión de una escritura
en dos idiomas, el inglés de Gran
Bretaña, donde Prodan, nacido en
Italia, vivió muchos años,
y el español de la juventud porteña
de los 80. Ese rasgo bilingüe de las
letras de Sumo crea una especie de lenguaje
vivo por sí mismo, que parece jugar
entre la sonoridad y la multiplicidad de
sentidos, evidenciando este juego en su
particular forma de narrar hechos de la
vida cotidiana.
Darío
Maroño, por su parte, se ocupa de
la letrística del grupo Divididos,
signada desde su origen por el humor y la
preocupación social, y explica cómo,
a medida que evolucionaron en la década
del 90, la segunda impronta se fue imponiendo
sobre la primera. Fito Páez, tal
vez sea el roquero argentino con mayor éxito
en esa alquímica fusión entre
la lírica y la música, conforme
lo aprecia Julia Louge. Para ella la música
crea la atmósfera, el clima, para
la contención perfecta de la letra
del rosarino. De los variados registros
de este autor, Louge le da preeminencia
a la temática de la violencia en
las grandes urbes y la búsqueda ontológica
que surge derivada de ella.
Para María
José Mascia, la poética expresada
por Andrés Calamaro lleva inevitablemente
a recordar la fórmula sesentista
de "sexo, droga y rock and roll".
Así, este emblemático cantautor
compuso una larga lista de clásicos
en los que se desnuda a sí mismo,
convirtiéndose, muchas veces, en
su propio tema. Gustavo Cerati es estudiado
por Karen Koch, quien descubre en sus letras
una época controvertida que se explicita,
más que en una voz de denuncia, en
una manifestación estilística
y temática muy propia de la posmodernidad.
De este modo, en sus canciones desfilan
una serie de atributos del hombre contemporáneo:
vacío existencial, necesidad de consumo
e individualismo hedonista.
Concluye la obra
con el estudio que le dedica Matías
González a la Bersuit, con una detallada
introducción generalizante sobre
la importantísima relación
que se establece entre las letras, la música
y la interpretación. Luego de lo
cual, destaca entre las temáticas
persistentes en el origen del grupo mencionado
lo que denomina aullido teológico,
al que suma la arenga genital y la blasfemia
política. Hace
notar González que la Bersuit se
adecua al flujo de la opinión pública,
lo que les permitió a sus integrantes
colectivizarse sin traicionar del todo una
fidelidad propia. Esas tendencias temáticas
han sabido flexibilizarse a lo largo de
la carrera de la banda que, además,
desde lo estilístico, recurre muchas
veces a ingeniosos juegos verbales.
En el prólogo
de este segundo volumen, Oscar Conde, compilador
y propulsor de la empresa, menciona con
generosidad y modestia otros trabajos editados
en los últimos años sobre
el rock argentino. Y es cierto que Poéticas
del rock, en sus dos tomos, se suma a esta
inquietud que despierta el tema en investigadores
y lectores; pero hay que destacar que ninguna
de esas otras publicaciones ha contemplado
el enciclopédico arco de autores
ni alcanzado el profundo rigor que lograron
Conde y sus colaboradores en esta monumental
obra.
Daniel Antoniotti
de la Academia Porteña del Lunfardo
www.nuevociclo.com.ar
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