Hace
unos años la habían puesto
en uso algunas compañías aseguradoras
que comenzaban a ofrecer en el mercado argentino
pólizas para cobertura de automóviles,
con cierto grado de obligaciones adicionales
que en los contratos comunes: el conductor
debía tener un mínimo de edad,
debía guardarse el coche en garaje,
ser conductor o indicar las personas autorizadas,
etc. Por supuesto esto beneficiaba al tomador
del seguro con tarifas más bajas,
lo hacía partícipe de una
mayor vigilancia sobre el vehículo,
además de ofrecerle ciertas bonificaciones
en años siguientes, de no denunciar
siniestros. El ofrecimiento fue efectivo
y cada vez son más los asegurados
bajo esta opción.. La palabra deriva
del inglés score (tanteador, marcar
tantos, puntaje, etc.).
Cuando
el Gobierno de la Ciudad presentó
el proyecto para regular el tránsito
de Buenos Aires y, paralelamente, enfrentar
el flagelo de los accidentes de tránsito,
se pensó en otorgar a cada conductor
una licencia con un número determinado
de tantos o puntos, digamos 20, y a cada
falta que incurriera, según la gravedad
que señalara una clasificación
previa, se irían descontando puntos,
como si fueran tantos en contra. Así,
cruzar un semáforo en rojo, invadir
la franja peatonas, excederse en la velocidad
permitida, no usar el cinturón de
seguridad, etc. Tendrían su castigo.
Al alcanzar, los supongamos 20 puntos, el
conductor perdería la licencia por
un tiempo corto, luego volvería a
tener los 20 y se reiniciaría el
partido. De llegar por segunda vez al límite,
la tarjeta ya no sería amarilla sino
roja y tendría que guardarse la licencia
por un tiempo mayor. De repetirse por tercera
vez, vendría la expulsión
del campo de juego, o –en este caso-
la prohibición de circular al retirarse
el registro definitivamente.
Ya
sabemos y lo hicimos notar en estas páginas,
que una organizada rebelión de camioneros,
conductores de taxímetros, colectivos,
etc., provocó un serio desmán
frente a la Legislatura, enfrentándose
a los pobres y desarmados policías
de custodia, hiriendo de gravedad a dos
de ellos. Detenidos: nadie. Resultado: Los
legisladores dieron marcha atrás,
se tomaron mas tiempo de discusión
(ablande) y finalmente acordaron con la
oposición y con los gremios una ley
por supuesto mucho más liviana. Durante
los mas de 30 días que duró
el tira y afloje, en las rutas y caminos
argentinos perdieron la vida más
de cien personas y varios cientos quedaron
con secuelas de variada gravedad.
Finalmente
se dictó la ley pero, eso sí,
recién comenzará a aplicarse
en agosto para dar tiempo a que se efectivice
una campaña promocional (muchos $$$
más) y, al rito actual de casi 200
muertes por mes, podamos contar en seis
meses 1.200 fallecidos más en accidentes
de tránsito.
Lo que
viene luego es también importante;
la señora presidenta, que parece
que recién se enteró de lo
que nosotros hemos denominado una epidemia
de accidentes, tema al cual brindamos decenas
de notas en distintos medios, le habló
al pueblo para anoticiarnos que el Ejecutivo
enviaría para su tratamiento en “extraordinarias”
una nueva ley vial, que contemplaría
como “faltas consideradas graves el
exceso de velocidad, la violación
del semáforo en rojo, el no uso de
casco, conducir alcoholizado, circular de
contramano o no tener la constancia de una
revisión técnica obligatoria.
También se aplicarán otras
medidas de control: radarización
en las rutas y autopistas nacionales, control
de velocidad entre estaciones de peaje,
monitoreo satelital de camiones y ómnibus,
controles de alcoholemia y una revisión
técnica vehicular unificada”.
Una vez aprobada la ley, deberá obtener
la adhesión de cada una de las provincias
para adquirir vigencia en cada distrito.
Con
esta declaración la Dra. Fernández
asume el protagonismo que estaba teniendo
el Jefe de Gobierno de la CABA, mostrando
que la Casa rosada va más allá
de las medidas capitalinas.
Otra
cosa que llamó la atención
es que el gobernador de la provincia de
Buenos Aires, Daniel Scioli, rechazó
la propuesta de Macri de sumarse al sistema
de licencia con puntaje (el 85 de los conductores
que circulan en la capital tienen licencia
en Buenos Aires), aduciendo que su provincia
“aplicará un sistema superador”,
plegándose a la Ley de Seguridad
vial.
Daniel
Scioli. Por favor. Dígale a sus asesores
que el tema en la provincia de Buenos Aires
revista igual o mayor gravedad que la inseguridad
personal de carácter policial. Por
si no lo tiene presente, le vamos a ofrecer
las estadísticas brindadas por la
organización Luchemos por la Vida,
a quien nadie podrá acusar de uso
político de los datos, como ocurre
con el INDEC oficial.
Según
luchemos por la vida en los últimos
cinco años se registraron en Buenos
Aires (provincia) y en total del país,
el número de víctimas que
detallamos:
2003: 7.055 ( en Buenos
Aires 2.925)
2004: 7.137 “
2.926
2005: 7.138 2.973
2006: 7.557 3.062
2007: 8.104 (estimado)
3.134
Sería
interesante preguntarle al gobernador Scioli
porque no empleó ya el sistema superador
que anuncia para el futuro. No sería
bueno, por lo menos, comenzar con el aprobado
en la Capital, aunque no sea tan “superador”
como el que se estará estudiando
en estos momentos en la provincia de Buenos
Aires.
La
pregunta final: ¿Se podrá
cumplir la ley al máximo con una
Policía Federal a la cual, según
el diario La Nación, se le pidió
el mínimo de colaboración
con las autoridades porteñas?
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