En
la esquina de Carlos Calvo y Saavedra el
bar “Carlitos” muestra su modesta
arquitectura; está allí desde
1908 aunque en el libro de habilitaciones
del local que se halla en buen estado de
conservación y puede ser consultado,
hay una data de 1928. Nació como
almacén y despacho de bebidas, como
lo acredita la antigua chapa enlozada.
Ofició
de proveedor con libreta de hule, en un
tiempo de conventillos sin supermercados
a la vista y es todavía cita obligada
de antiguos vecinos; “el último
estaño que queda en San Cristóbal”
testigo de hechos históricos importantes
en la vida del país y del barrio,
a tal punto atrayente este lugar, que ha
merecido la visita de aventurados turistas
y fue elegido por el Instituto de Cinematografía,
durante el año 2004 par la filmación
de una película, bajo la dirección
de José Martínez Suárez.
Recorridos por la memoria nostalgiosa de
parroquianos, rescatan a Ada Falcón
de un tiempo en que hacía compras
en el almacén; a Enrique Muiño,
vecino de la calle Carlos Calvo y Pichincha
que pasaba cada día a tomar su cafecito;
mentan a Razzano, guitarrista de Gardel
que vivía en el conventillo de Carlos
Calvo 2450 y era frecuentador de sus mesas.
Recuerdan a Roberto Ray, cantor de la orquesta
de Osvaldo Fresedo quien por el año
1945 vivía en la calle Estados Unidos
y Jujuy, donde hoy está la fábrica
de camisas “Rigars”. Hablan
de los hermanos Puccio, guitarristas de
Hugo del Carril, que eran clientes y solían
tocar la guitarra en rueda de amigos en
el boliche; de Rodolfo Justo de Zorzi, futbolista
de Rosario Central en 1941 y de Boca en
1945, el que solía integrar bulliciosas
partidas de truco; a Atilio Stampone cuando
cursaba la primaria en la escuela “Chorroarín”
y pasaba a comprar las golosinas. Rememoran
que por aquellos años eran asiduos
concurrentes los integrantes del dúo
cómico Buono-Striano (el apellido
de Rafael era Bueno). Un sin fin de anécdotas
aderezadas, tal vez, con algún adorno
literario surgen de los relatos de los parroquianos,
resultando así igualmente válidas,
aún en los casos en que la literatura
intente superar el hecho histórico...El
tiempo que todo lo cambia no ha podido con
este rincón del barrio que sigue
aglutinando una cofradía de prosapia
tanguera y burrera, fiel a su idiosincrasia
pintoresca de porteñidad sin maquillajes.
Permanencia
a través de la mudanza; los acontecimientos
pasan, nos suceden y lugares como éstos
tienen cierto sello de subsistencia o carácter
permanente; especie de tono común,
principio explicativo del hábito
y de la memoria; en síntesis, basamentos
de toda identidad.
Otilia Da Veiga*
* Vecina del barrrio de San Cristóbal,
Otilia Da Veiga es escritora, historiadora,
poeta, Miembro fundadora de la Junta de
Estudios Históricos de San Cristóbal,
que presidió, Miembro de Número
de la Academia Porteña del Lunfardo
y Vicepresidenta de la Asociación
de Poetas Lunfardos. Tiene editado varios
libros de su autoría y es colaboradora
permanente de distintos medios gráficos.
www.nuevociclo.com.ar
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