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Reflexiones acerca de hechos que nos atañen

   Agustín Alvarez, escritor y militar argentino decía que “el instinto de conservación se traduce en repudio a lo que es diferente y se verifica en tres grados: la exclusión franca y total de los extraños -hombres, ideas, cosas-, la exclusión encubierta en la “unidad nacional” eliminando elementos divergentes o heterogéneos y finalmente el cultivo oficial y artificial del patriotismo regresivo; es decir de esa extensión del amor propio al propio ambiente, que se llama civismo cuando mira al presente; tradicionalismo cuando mira al pasado; clericalismo cuando adhiere al pasado religioso; espíritu de casta cuando adhiere a la clase social y liberalismo cuando atiende al presente y al futuro”.

   La Historia Argentina tiene hilvanada la heroicidad en una continuidad de atentados, asesinatos, intrigas y confabulaciones: desde Santiago de Liniers, por darle un inicio, abrazándose con el Virrey Cisneros o Juan Martín de Pueyrredón huyendo al Brasil en 1809, acusado de conspirar contra las legítimas autoridades; Moreno tratando a Martín Rodriguez de majadero y él a su vez conceptuado como terrorista; Chiclana detenido en los cuarteles de Patricios por orden del mismo Virrey ; la insubordinación de la Pcia de Córdoba fiel a España, en 1810; la marcha de Balcarce con el ejército auxiliador a sofocar el levantamiento... Van todos juntos, soldados de Patricios, de Arribeños, batallón de pardos y morenos, Dragones, Húsares, Blandengues y Granaderos de Fernando VII. Un año más tarde, en los suburbios de Buenos Aires no está mejor la cosa; en abril de 1811 una multitud de orilleros, tal como los piqueteros hoy, ocupa en la llanura de Miserere las cuatro puntas de la plaza. Son gente de las quintas y entre la pueblada anda el coronel Martín Rodriguez del batallón de Húsares; FlorencioTerrada, comandante de Granaderos; Alvarez Thomas y Juan Bautista Bustos, de Arribeños;(el mismo que quería disolver a balazos las reuniones de la “Sociedad Patriótica” y fuera persuadido por Saavedra al tiempo que era alentado por Moreno..., el alcalde de las quintas Tomás Grigera, el abogado Joaquín Campana, el sargento mayor Juan Ramón Balcarce. El pueblo está desconforme y le pide cuentas a la Patria; piden separar de la Junta a Hipólito Vieytes y a Nicolás Rodriguez Peña junto con Gervasio Posadas, Juan Larrea, Miguel Azcuénaga. En síntesis piden ¡que se vayan todos! Quieren restituir a Saavedra en el comando de las fuerzas militares, destituir a Belgrano, no le perdonan las derrotas -Vilcapugio y Ayohuma - y expulsar a French. Al año siguiente en octubre de 1812, Pueyrredón eleva un escrito al Cabildo ofreciéndose para ser juzgado pero otros asuntos comprometen la realidad social: el interior convulsionado, Sarratea intrigando contra Artigas; Belgrano que no simpatiza con Güemes; el Gral Eustaquio Díaz Vélez que desobedece las órdenes del gobierno e invade la provincia de Santa Fe. En tanto ya vamos por agosto de 1816...
En 1820, Dorrego pese a contar con apoyo popular es deportado en un buque que iba a las Antillas,”por actos criminales de insubordinación”. Comienzan los tira y afloja entre unitarios y federales y entre los caudillos; Pancho Ramírez, Estanislao López, Gervasio Artigas y Benavídez; el ministro Bernardino Rivadavia negándole apoyo a San Martín que ha abierto paso con sus campañas libertadoras. El Gral Paz luchando contra las montoneras de Facundo Quiroga; la indisciplina en las tropas, las sublevaciones en el interior, las indecisiones de Díaz Vélez y Saavedra; el general Aráoz de Lamadrid considerado insurgente en 1825 y en el medio, problemas con el indio y las campañas de Martín Rodriguez. En tanto, la situación sigue siendo incierta para Buenos Aires, donde se pide la expulsión del territorio de la provincia, de Tagle, Pueyrredón y Díaz Vélez. Son de resaltar en el desarrollo histórico las resoluciones pendulares en lo atinente al desempeño de los personajes. Luego vendrá “La Revolución Restauradora” con Juan Manuel de Rosas en pugna con Sarmiento. y más tarde Mitre contra Urquiza y en el medio las guerras, el dominio de los sables; Caseros, Pavón, Cepeda cuando no los fusilamientos para eliminar a los “malos” dándole la oportunidad a los buenos de atacar a los menos buenos con la misma saña. Para muestra, vaya el informe elevado por el Gral Lavalle al gobierno el 14 de diciembre de 1828. “Participo al gobierno delegado que el coronel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden al frente de los regimientos que componen ésta división. La historia juzgará imparcialmente si el Coronel Dorrego ha debido o no morir, y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del bien público. Quiera persuadirse el pueblo de Buenos Aires que la muerte del Coronel Dorrego es el sacrificio mayor que puedo hacer en su obsequio” Firmado: Juan Lavalle -. Fue fusilado sin juicio ni defensa
Más luego vendrá Urquiza a derrocar a Rosas y a fusilar, en forma precipitada el 5 de febrero de 1852 en Palermo, al Coronel Martiniano Chilavert, para que sigamos teniendo más de lo mismo...Lo lamentable es que continuamos adoleciendo de la exageración hereditaria que promoviera nuestras desgracias. “España fue la primera víctima de la educación que nos había dado y nosotros la segunda” La odiamos hasta echarla y comenzamos a odiarnos entre nosotros mismos. Todos fueron héroes; todos lucharon por los ideales que tenían y como supieron y pudieron fueron haciendo la Patria; asumiendo la plena responsabilidad de sus errores. Es por eso que sus nombres están en nuestras calles y algunos irreconciliables lograron, con el devenir histórico, unirse en las intersecciones. Otros jamás contarán con ese privilegio fagocitados por el anonimato; las niñas de Ayohuma serán siempre las niñas; los Azules y Colorados han de seguir envueltos en el paquete bicolor; las Madres de Plaza de Mayo ya son para el mundo, Las Madres, así como los militares del 76 son Los Genocidas, sucediéndose los rótulos hasta llegar a los Desaparecidos. En el mejor de los casos, podemos contrariar las evidencias históricas, pero de poco valdrá ignorarlas. Tras el axioma: 2lo que no está no existe” hubo una realidad de la que debemos ocuparnos, ya que la Subsecretaría de Derechos Humanos, La Dirección General de Espacios Verdes, otra que se ha dado en llamar Vecinos de San Cristóbal, se ocuparon antes, eligiendo a ¡Nuestro Barrio!, en el tramo de la Av. San Juan que lo comprende, para plantar 71 jacarandáes en memoria de 71 jóvenes, algunos en la primera juventud, cuyos nombres se registran al pie. Qué hacían, ya sabemos; los había estudiantes, empleados, profesionales, con los mismos ideales que movilizaron a los caudillos, puesta su juventud al servicio de la barbarie de los ideólogos. Lo que ignoramos es si eran oriundos del barrio; habría que averiguarlo. Lo cierto es que los árboles están ahí, florecerán, azularán las tardes de la avenida y dentro de otros 30 años brindarán inspiración a los poetas y a los escritores, cuando los protagonistas de aquellos sucesos ya estén muertos y muchos de nosotros también. El olvido que es aliado del tiempo, habrá de comprimirlos a un capítulo más de nuestra historia. Con ello quiero señalar que los inocentes árboles perdurarán como perduró la Amalia de José Mármol, por más que Rosas en su momento prohibiera al libro, o como la pulpera de Santa Lucía a quien le cantó Héctor Pedro Blomberg y a nadie molesta hoy, que fueran federales. Lo que molesta es ese contrasentido espantoso, ese sarcasmo de las civilizaciones que es la guerra o la guerrilla, convirtiendo en honestos y legítimos, actos criminales penados por las leyes de todo el mundo como son el homicidio, el robo, el saqueo, el incendio, el terrorismo, la devastación...¡Cómo todavía no hemos aprendido que el odio al enemigo puede ser el odio al hermano, cuando un incidente lo cruza de vereda! O acaso es inevitable sustraerse a lo que pareciera una fatalidad de la especie. Decía Platón “Sólo los muertos verán el fin de la guerra”.

Otilia Da Veiga