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Piazolla y Troilo solo los separa la Avenida
Nueve de Julio. Hace
pocas semanas tomo cuerpo de ley el proyecto
presentado en la legislatura porteña
por el cual se le dio el nombre de Paseo
Astor Piazolla, al tramo peatonalizado de
la Diagonal Roque Saénz Peña,
en el sector que une las calles Cerrito
y Libertad.
En verdad,
recorrer esos cien metros es un gusto para
todos los porteños, ya que la diagramación
del Paseo convirtió una cuadra acelerada
por las corridas de los abogados, en un
sector que invita a sentarse a tomar un
café en las confiterías allí
habilitadas, tomar un descanso en los bancos
para “peregrinos”, mirar tranquilamente
los escaparates de los negocios y luego
dejarse guiar serenamente hacia el bullicio
de la plaza Lavalle, los Tribunales, las
escuelas y el tumulto de los “judiciales”
corriendo de juzgado en juzgado.
Le estaría faltando a este espacio,
ahora que se ha honrado al Maestro de fama
internacional que llevó el tango
por el mundo bautizándolo con su
nombre, alguna esquinita donde nuestros
músicos callejeros dejaran escuchar
sus instrumentos en algunas horas del día.
Y faltaría
también que el Gobierno de la Ciudad,
que se adueñó de una gran
parte de la superficie incrustando allí
una semi carpa blanca para publicitar a
dos meses de las elecciones su actividad
en la prevención de la salud, instalando
además una inmensa maquinaria no
sabemos para que, revea su decisión,
traslade los implementos a sitios donde
más falta hacen, en las cercanías
de barrios cadenciados, por ejemplo, y devuelva
a lo apurados transeúntes del centro,
que suelen clamar por un “pedacito
de cielo”, un lugar pintoresco que
diagramaron sus profesionales paisajistas.
Pero
dejando el Paseo Astor Piazolla, vamos a
cruzar la ancha avenida 9 de julio y, en
camino a Plaza de Mayo, nos tocará
caminar por otro espacio ganado para el
transeúnte. Aquella calzada sobe
la mano izquierda de la Diagonal Roque Saénz
Peña, de Carlos Pellegrini a Suipacha,
que servía para el estacionamiento
de 50 o 100 motocicletas, fue rediseñada,
se eliminaron los permisos para ocupar las
veredas con las motos y se construyó
también una acera más ancha,
con asientos, arbolada, que le ofrece al
caminante parte de las ventajas que habíamos
citado antes. Pero claro, no es una cuadra
peatonalizada, es solo un espacio ganado
a la calzada que permitió ampliar
las aceras. Es un anticipo. A este espacio
recientemente habilitado, según proyecto
1782-D-2006 de autoría del diputado
Chango Farías Gómez, donde
aparece como coáutor el querido Norberto
La Porta,, se le ha asignado el nombre de
Paseo Aníbal Troilo”Pichuco”.
La ley fue aprobada el 14 de diciembre de
2006 y el 10 de abril se realizó
la Audiencia Pública que dio feliz
cauce al proyecto, ya listo, entonces, para
la sancion definitiva
Corresponde hacer llegar nuestra felicitación
al “Chango” Farías Gómez,
hombre de la cultura por excelencia.
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