Caminar
por el barrio de Boedo a veces nos sorprende
por las dificultades que se encuentran paso
a paso por sus veredas.
Por
un lado gozamos viendo como se trabaja en
la renovación de las aceras de la
avenida Boedo, de Independencia hacia el
sur, aún cuando nos parece que el
ritmo es demasiado lento. Paro paralelo
a la alegría de ver nuevas baldosas,
hallamos difícil circular por los
limitados espacios dejados para el paso
de peatones, por la acumulación de
materiales, por las barreras que se crean
para los discapacitados, los adultos mayores
o las madres con sus bebés.
Si tomamos
la Av. San Juan hacia el Oeste, la primera
precaución es no detenerse cerca
de la calzada para esperar la señal
favorable del semáforo. Un profundo
pozo disimulado bajo el agua acumulada,
permite que los vehículos que giran
de Columbres hacia San Juan practiquen el
juego del carnaval y les envíen con
sus ruedas una lluvia de agua sucia que
manchará sus ropas.
Si tuvo suerte
y pudo cruzar y alcanzar la acera opuesta,
lado sur, dispóngase a imitar al
Ing. Macri saltando pozos. Esta vez no será
un pozo pero sí una rampa para uso
de personas con discapacidad que utilizan
sillas de ruedas, que desde hace años,
cuando fue “reparada” ofrece
un perpetuo desnivel con la calzada permitiendo
una laguna permanente que, semanas anteriores,
estuvo frecuentemente visitada por mosquitos.
Pero
si caminando por Boedo toma hacia el este,
por ejemplo para ir de compras al supermercado
Norte, vea bien donde pisa cuando cruce
las intersecciones con Maza o Virrey Liniers.
El pianito del asfalto es un peligroso pasaje
donde más de una persona tropezó
y cayó lesionándose.
En fin, Boedo tiene para todos los gustos.
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