La
lectura que sigue es –exclusivamente-
la declaración de una las víctimas
liberadas por el grupo guerrillero, como
obsequio al presidente de Venezuela. ¿Habrá
sido gratis? Difícil. El mundo asiste
asombrado a la propuesta del presidente
Chávez: que se declare “insurgentes”,
es decir que se considere que las FARC luchan
contra la opresión de su pueblo.
El 80% de los colombianos apoya al presidente
Uribe, elegido democráticamente.
Sin palabras.
“Hoy
el mundo celebra la increíble liberación
de Clara Rojas, la fórmula vicepresidencial
de Betancourt, y la ex congresista Consuelo
González. La primera estuvo seis
años secuestrada y es dueña
de una historia difícil de olvidar:
junto con un rebelde, tuvo un hijo en la
selva. «Fue un parto tenaz».
dijo. Tanto, que al niño se le partió
un brazo al nacer. Clara, a quien le quitaron
a Emmanuel a los ocho meses, supo que su
hijo vivía cuando fracasó
el primer intento de liberación a
finales del año pasado. Nacido el
16 de abril de 2004, Emmanuel fue entregado
en 2005 por las FARC a un campesino en lamentables
condiciones de salud. El campesino, angustiado,
lo entregó a los orfanatos estatales.
Allí estuvo hasta que confesó
la verdad.
Tanto Clara como
Consuelo no han ahorrado detalles para describir
lo que es esta industria del secuestro tanto
en lo económico como en lo político.
Después del narcotráfico,
el secuestro y la extorsión a la
población civil es la segunda fuente
de financiación de las guerrillas
y los grupos irregulares. Según la
Fundación País Libre, una
ONG especializada en el secuestro, hoy hay
más de 3.000 personas privadas de
la libertad. Entre 1996 y 2007, 1.285 cautivos
han muerto en poder de algún grupo
armado ilegal.
Andrés Felipe
Las historias que
en este país hemos vivido son escalofriantes
desde 1933, cuando se produjo el primer
secuestro. En diciembre de 2001, por ejemplo,
Andrés Felipe, de 12 años
y con cáncer, le pidió a las
FARC que liberaran a su padre. «Necesito
a mi padre aquí en la casa conmigo»,
dijo, «para poder estar con él
el 24 de diciembre y también el día
de Año Nuevo». El niño
murió sin su padre libre. Y en 2002
las FARC lo mataron.
«No entiendo cómo
uno puede resistir una situación
de éstas», decía en
rueda de prensa desde Caracas Consuelo González.
Tras contar lo rutinaria que fue su existencia
secuestrada desde 2001 -intentando sobrevivir
mentalmente jugando al parqués (similar
al parchís), caminando y comiendo
arveja, arroz, fríjol y lenteja,
el menú durante siete años
de cautiverio-, Consuelo explicó
cómo eran las condiciones. «Teníamos
que dormir en hamacas a veces, cuando estábamos
de manera improvisada. A veces en el piso
o en un plástico. Otras, en las famosas
cárceles (estaban rodeadas de alambres)
y se fabricaban su propia cama. Las condiciones
no son iguales para todos los rehenes. En
mi campamento, los militares y policías
vivían encadenados para hacer algún
tipo de actividad. Tenían que bañarse
encadenados, comer encadenados... ¿Cómo
pueden resistir personas que llevan nueve
años y encadenados?», se preguntaba.
Viven. En este momento las FARC tienen con
ellas a más de 700 personas.”
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