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Postal de Homero Manzi
Memoria sentimental de Barrio y Tango

 
 

  “Sur, Paredón y después… Sur, una luz de almacen…”
 
     Qué mejor que la voz grave, confidencial y quejumbrosa de Edmundo Rivero para poder expresar a flor de piel esa estremecida y desgarrada nostalgia que se desangra lentamente en el tango al recordar la querida, tan añorada latitud suburbana de aquel barrio inolvidable que se perdió entre la niebla alucinante del tiempo y los paisajes más amados de una ayer lejano…
Ninguno como vos, Homero, para cincelar con honda, inocultable y fervorosa emoción evocadora esa tremenda, subyugante, lacerante nostalgia infinita y abrazadora que, tan bien, sabés transmitir, vislumbrar y revelar exaltando ese retazo tan lírico y tan soñado de cielo y paredón que, al final, parece irse alejando, derrumbándose poco a poco melancólicamente detrás de los brumosos ocasos…quizás, junto al “misterio de adios que siembra el tren…”
     Nadie como vos, también, para cantar, glorificar y embellecer de suave y velada melancolía esas tan arraigadas, íntimas y tiernas remembranzas despertadas por aquel imborrable “pedazo de barrio allá en Pompeya durmiendose al costado del terraplen…
     Peregrino, andariego surcador de mágicas y poéticas acuarelas de un Buenos Aires que ya no existe, alucinado duende caminador de porteñas y típicas comarcas deslumbradoras de multicolores ensueños, tu inspirada, colorida, talentosa y cautivante pluma evocadora pareciera tener, algo así, como vagas, sutiles, distantes e indelebles reminiscencias sentimentales con aquellos versos sensibles y tan entrañables del “loco Carriego”, cuando nos decis…”Las ruedas embarradas del último organito/vendran desde la tarde buscando el arrabal/con un caballo flaco, un rengo y un monito/y un coro de muchachas vestidas de percal…”
Por vos no murió ni se ha perdido del todo, permaneciendo indiscutiblemente aferrado a nuestras más caras e íntimas vivencias espirituales, el noble sentido tradicional y familiar del Barrio como símbolo, como emblema y memoria inalterable de arraigadas y profundas fidelidades inconmovibles y leales a traves del tiempo, del amor y de la vida…
     Supistes, cual si fueras un errabundo, obstinado y prodigioso juglar enamorado de oscuros callejones, de platinadas lunas de arrabal, engalanar, pintar y reflejar luminosamente con tu perenne, seductora y polícroma paleta arcoiris de inmortales versos las humildes callecitas del suburbio con sus pequeñas, pintorescas y floridas ventanitas entreabiertas al paso canzino del viejo organillero, el ramillete azul de las rumorosas esquinas de “barrio porteño que pintan los muros, la luna y el sol”
     “San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido”…, y esa cálida romanza nostalgica y siempre añorada del mitológico y bravío arrabal del Sur que sangra, que sueña, que se vislumbra allá en Pompeya con las 2chatas entrando al corralón…”… con “un farol balanceando en la barrera…” … y a lo lejos, tal vez, la voz amarga de un bandoneón que llora en la noche con tu nombre adormecio en la diadema de una estrella…

Hector Molinati
www.nuevociclo.com.ar

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