Luego
de conocerse los resultados del referéndum
realizado en la república hermana
de Venezuela, parece que el pueblo de la
nación Bolivariana tomó al
píe de la letra la ya famosa universalmente
frase del monarca español y le dijo
a su presidente, con la fuerza de su voto,
que creía en los valores del pluralismo
democrático y rechazaba las enmiendas
que se proponían a la Constitución,
aún sin revestir la consulta tal
carácter. Dentro de unos pocos días,
con motivo de la asunción de la nueva
presidenta, llegará una vez más
a Buenos Aires y no tengamos duda que tratará
de alcanzar un protagonismo que nadie previamente
le habrá dado. Buena ocasión
para volver a poner su cara en pantalla
y pretender olvidar el papelón en
Chile y la derrota de su moción en
Venezuela. Esperamos que no se inmiscuya
en los asuntos internos del país,
como otras veces y en otras partes. También
esperamos que no intente subordinarnos a
favor de los millones de dólares
puestos en bonos argentinos, claro que a
intereses más que interesantes para
cualquier inversor.
Ya lo mandó callar
el Rey Juan Carlos, la presidenta de la
República de Chile debió llamarlo
al orden, el presidente de Colombia tuvo
que descalificar su actuación como
“mediador”, el presidente Lula
ya anunció que no participará
en el proyecto del Banco del Sur y el Senado
de su país no aprobó aún
la incorporación de Venezuela al
MERCOSUR. Es probable que algún sindicalista
y políticos oportunistas corran a
abrazarlo, como en cierta oportunidad se
hizo con Alan García, ¿se
acuerdan? En su anterior mandato presidencial,
Alan García era el ejemplo político
de algunas minorías que hoy lo repudian.
Chávez probablemente seguirá
el mismo camino. Es deseable que en ese
tránsito no pierda el país.
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