Padres muy mayores:
La difícil tarea de acompañarlos.
Cuando
los padres envejecen o están enfermos, son los
hijos los que paulatinamente van haciéndose cargo
de ellos.
Dicha situación es parte de una ley evolutiva
de la vida. Así como antes, los padres se ocuparon
de sus niños, ahora les toca a los hijos ayudarlos
a ellos. Se cumple así, una de las funciones
usuales de una familia, esto es ayudar al que lo necesita.
Sin embargo dicha labor
suele verse entorpecida o empañada por varios
factores. En primer lugar, la vejez , implica cierto
grado deterioro y ver deteriorarse a alguien que uno
quiere es muy doloroso y angustiante.
Por otra parte, dado que los padres remiten a los orígenes,
a los hijos se les conmueven las fibras más íntimas
y se reviven o reactivan situaciones infantiles. Prueba
de ello es que no suele ser lo mismo para alguien cuidar
a su madre que a su suegra, por ejemplo.
Además dado que
los viejos demandan de mucha atención y trabajo,
cuando hay un anciano en la familia se pone en evidencia
quién se ocupa o no de cada cosa. En el mejor
de los casos, las tareas se reparten según las
posibilidades y los límites de cada uno, logrando
un complemento medianamente satisfactorio. Pero, muchas
veces, esto no es así y salen a la luz antiguos
conflictos entre los hermanos, cuñados o cónyuges,
generándose desavenencias arduas de resolver.
De alguna manera la vejez de los padres pone a prueba
toda la estructura familiar.
Cuando hay que tomar decisiones
difíciles.
En ocasiones,
cuando las circunstancias lo requieren, se hace necesario
tomar decisiones altamente difíciles y dolorosas.
Tener que determinar una operación o una internación
tiene sus consecuencias y por lo tanto genera , además
de ciertas dudas lógicas, toda una serie de sentimientos
contradictorios. Por ejemplo, es bastante frecuente
que esta clase de disyuntivas despierte, en los hijos,
sentimientos de culpa. Desde la culpa por no poder ocuparse
más o por no disponer de mejores recursos para
alivianar las circunstancias, hasta las culpas por antiguas
deudas del pasado. La culpa y el rencor - cuando están
precariamente elaboradas- perjudican el hacerse cargo
adecuadamente de la situación.
En términos generales, cuánto más
libre de conflictos se encuentre la relación
entre un hijo y sus padres y más satisfecho se
halle éste con su vida actual, mejor podrá
ocuparse del cuidado de sus progenitores.
No olvidemos que poder transitar junto a ellos el paso
de los años aporta una sensación de paz
interior y se convierte en una invalorable enseñanza
de vida para las generaciones más jóvenes.
Lic. Silvia Rosenblatt
Psicóloga clínica. Email: silviaros@argentina.com
www.nuevociclo.com.ar
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