Quienes Somos
 Editorial
 Premios Recibidos
 19 Años en Acción
 Ultima Tapa
 Distribución
 Propuestas
 Anunciantes
 Interes General
 Almagro
 Boedo
 Caballito
 Flores
 P. Chacabuco
 P. Patricios
 Pompeya
 San Cristóbal
 Comisarías
 Bomberos
 Hospitales
 Emergencias
 Farmacias
 CGP
 Consulados
 Embajadas
 Trenes y Subtes
 Aguas Argentinas
 Entes Regulatorios
 Edenor
 Edesur
 Metrogas
 Telecom y Telefonía
 Registros Civiles
 Registro Industrial
 Registros Propiedad
 Registros Sociales
 Mascotas
 Bolsa de Trabajo
 El tiempo
 Web Mail
 Guia Telefónica
 Horóscopo
 Postales y Chistes
 Chequeo Virus Online
     
Contáctenos


Padres muy mayores: la difícil tarea de acompañarlos.
Tercera parte.

     Por diversos motivos, acompañar al envejecimiento de los padres, no suele ser una tarea sencilla para los hijos. Emociones de diversa índole se movilizan en ese particular momento.

     Por un lado, los ancianos, a raíz de la fragilidad que padecen, despiertan ternura y ganas de protegerlos. Pero a su vez, la enfermedad, el deterioro y/o la obstinación que poseen, generan rechazo. De modo que simultáneamente los hijos sienten ternura y rechazo, ganas de acercarse y ganas de alejarse.

La vejez de los padres suscita en los hijos un estado de ambivalencia afectiva .

     Ahora bien, reconocer y soportar esta ambivalencia suele ser bastante difícil para los hijos. Se debe tener una gran fortaleza interna para poder sobrellevarla.

     Cuando no se la tolera, generalmente se intenta negarla o se refuerza una de las dos vertientes de la ambivalencia. Entonces vemos, en los extremos, hijos que se ocupan en demasía de sus padres dejando su propia vida de lado e hijos que se desentienden de toda responsabilidad.
Estos opuestos modos de reaccionar suelen también complicar las relaciones entre los hermanos, cuñados, sobrinos, agregándose un nuevo conflicto a la situación. No son pocos los casos de familias que se pelean ante la enfermedad o muerte de sus progenitores.

     Ningún extremo suele ser provechoso. Lo conveniente es equilibrar las fuerzas, distribuir la labores entre varios, ocuparse con seriedad de las circunstancias pero sin dejarse absorber plenamente por ellas.
La vejez de los padres pone, de algún modo, a prueba a toda la familia, esto es cómo están repartidos los roles y las tareas dentro de ese sistema.

     Poder compartir e intercambiar desde las quehaceres cotidianos hasta los asuntos económicos, desde la toma de decisiones hasta los afectos más íntimos, es muy enriquecedor para todos los integrantes de la familia.

     Además no se debe descuidar a los más jóvenes, ellos deben ser partícipes del cuidado de sus abuelos. Acompañarlos, darles afecto, rescatar la historia familiar y ayudar en todo lo que puedan. No hay que desestimar sus opiniones. Los jóvenes deben ser escuchados, suelen sorprender...

Licenciada Silvia Rosenblatt
Psicóloga clínica
Email: silviaros@argentina.com

  Free counter and web stats