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OTRA VEZ ARGENTINA CONTRA EL MUNDO

 
 

     Solamente un puñadito de países que se cuentan con los dedos de las manos han aprobado en sus parlamentos la unión matrimonial de parejas homosexuales, sean de igual o distinto género. Nuestro país, con ese afán de lucir “progresistas” a la manera de algunos, entró ahora en esa categoría, por decisión, no ya del pueblo mayoritario, sino de un grupo de legisladores de distintos partidos políticos, que nunca en sus plataformas electorales le dijeron a los eventuales votantes, que estarían dispuestos a dictar una ley que permitiera unirse en matrimonio a dos hombres o a dos mujeres entre sí, y además tener la posibilidad de adopción de niños de cualquier sexo.
    Un proyecto que contemplaba sí la denominada “unión civil” mayoritariamente aceptado por respetar la diversidad de género sin agraviar la institución familiar tal como está arraigada en nuestro país, no fue aceptado para su discusión por la mayoría del plenario de los senadores.
     650.000 firmas certificadas, numerosas manifestaciones realizadas en varias provincias argentinas, la posición UNÁNIME de las iglesias católicas, evangelistas, musulmanas y judías (con pequeñísimas excepciones) no fue oída y todo se circunscribió –como en otros debates legislativos- a la discusión y enfrentamiento de las autoridades nacionales con S.E.R. el Cardenal Bergoglio, hacia cuya persona hasta la misma presidenta, que tendría que haber permanecido –por su investidura- ajena a las discusiones, ya que es presidente de todos los argentinos y habitantes de este suelo, se permitió, desde una tribuna en la lejana República de China, menoscabar la autoridad del Cardenal.
Esto no es novedad, porque no se tiene cuenta de los años que hacía que en el máximo festejo patrio, el aniversario de la Independencia Nacional, un presidente no concurría al Tedeum oficial , cambiando su presencia en la ceremonia religiosa por su participación en actos populares.

     Tampoco es de extrañar que quienes fueron elegidos por la ciudadanía para cumplir un mandato, ya sea senadores o diputados, nacionales o provinciales, luego se conviertan en vulgares empleados del Ejecutivo y aparezcan o desaparezcan del escenario del Congreso Nacional según la voluntad de la presidente o de otros miembros del partido gobernante. Hasta la dádiva de un viaje de placer a la China se ha utilizado para anestesiar conciencias de opositores.

     La presión desde los palcos o desde la calle de los grupos políticos y de las minúsculas organizaciones de gays y lesbianas, estos últimos con sus bulliciosas y desenfadadas manifestaciones, copando palcos en el Congreso y las calles próximas, surtieron su efecto, como otras tantas mucha veces lo tuvieron para hacer valer no los derechos de las mayorías (lamentablemente siempre silenciosas) sino hacer prevalecer las opiniones basadas en la violencia o la intimidación.

    Lamentamos que en este planteo se hayan visto mezclados dirigentes políticos de intachable actuación pública y partidos tradicionales que tenían que haber advertido que el bosque siempre oculta al lobo. La inasistencia o la abstención no justifican el proceder. ¿O conocemos ahora que nuestros representantes no tienen opinión propia sobre temas fundamentales, o tienen temor del escrache o de perder sus posiciones privilegiadas?
Esta discusión que llevó a la sociedad a un punto de desencuentro impensado, porque se están lesionando valores arraigados desde siglos o milenios, permitió sacar de los titulares el desaire de los futbolistas que no se hicieron eco del carnaval organizado para su vuelta al país, incluyendo –al decir de las noticias circulantes- las camisetas argentinas con las imágenes sagradas, que por miles debieron ir a las llamas al no poder repartirse en el supuesto acto de recepción organizado desde la Plaza de Mayo. También oculta la vergonzosa actuación del delegado Moreno en Papel Prensa, el desaguisado de la presión sobre la familia Herrera de Noble, los proyectos mayoritarios aprobados por la oposición en el Congreso, el fracaso de la misión en China, el fracaso de la presentación en La Haya, la partición del partido gobernante y tantas otras situaciones de pobreza espiritual.

     Los Senadores y Diputados nacionales han dispuesto borrar de un plumazo varios artículos de la Constitución Nacional y si algo faltaba aún para entretener voluntades preocupadas por problemas de subsistencia, es el proyecto de un legislador oficial para erigir un monumento al director técnico del seleccionado nacional de fútbol, seguramente premiando su valioso aporte como tal y la importantísima moción de otro par de legisladores de la ciudad para promover un concurso que elija la forma y los colores y la motivación de una nueva bandera del Buenos Aires, desechando de tal forma el patrimonio histórico de la Ciudad de Buenos Aires, señalando fundamentos totalmente fuera de la historia. Esperamos que ambos proyectos duerman el sueño del olvido, porque su ejecución señalaría una vez más la medianía intelectual de quienes nos dirigen, haciendo lo que se les ocurre ajenos al pensamiento de quienes volcaron su voto en las urnas.
     Este será un tema que todos deberemos pensar seriamente el próximo año. Analizar uno a uno a los candidatos, conocer de su pasado, saber de su probidad moral, de su actuación pública anterior. Que no vale ser la hermana, la esposa, la prima o el cuñado y hasta la madre de un candidato para ser elegido. Ni tampoco gozar de un importante patrimonio económico o figurar frecuentemente en las carteleras de los teatros, en la pantalla televisiva o en el dial de las radios.

     Quizás el 2016, cuando sí verdaderamente cumplamos el Bicentenario de nuestra Independencia, hayamos aprendido un poco y no tengamos que preocuparnos por el mantenimiento de nuestros padres o abuelos, por la seguridad en las calles, por la violencia desenfrenada, por la corrupción sin límites, por la pornografía y la trata de blancas, por la desocupación, por los niveles de inflación, por la educación, por la salud pública y por tantas otras cosas, infinitamente superiores a los temas menores o situaciones de doloroso enfrentamiento que se están soportando.

Fabián López.
Boedo, Buenos Aires, 15 de julio de 2010-07-15 Especial para www.nuevociclo.com.ar


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