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Ante el nuevo aniversario del fallecimiento de Don Osvaldo Pugliese, recordamos las palabras expresadas por el poeta Héctor Negro al cumplirse el centenario del nacimiento del autor de Recuerdo.

 
 

     Hace algunos años, quise ofrendarle un homenaje “en vida” a don Osvaldo Pugliese. Y para ello utilicé mi mejor instrumento: la poesía. No puedo agregar nada a lo que los versos expresan. Sí, que tuve la suerte y el beneplácito de que él los conociera en un homenaje de los tantos que se le brindaron. Y reafirmar mi profundo reconocimiento a la obra y trayectoria de este gran artista popular, figura relevante del tango de todos los tiempos:
al músico, al director de orquesta, al compositor,
al hombre que supo mantener una inalterable línea de conducta y una coherencia entre
sus principios y su vida.
     En este año, a cien de su nacimiento, bien vale recordar los aportes que don Osvaldo ha dejado para nuestro tango desde su juvenil aparición como pianista en el conjunto de la legendaria Paquita Bernardo. Allí en el barrio de ambos, Villa Crespo, comenzó su fecunda labor que ya se vislumbró como consagratoria desde la aparición de su tango Recuerdo, fundamentalmente desde la grabación del sexteto de Julio De Caro. No por casualidad desarrolló su estilo pianístico adhiriéndose a la escuela de Francisco De Caro, definido en todas sus actuaciones que se destacan bien pronto en los conjuntos de Pedro Maffia y Pedro Láurenz.      También en el memorable sexteto Vardaro-Pugliese, pasando por diferentes conjuntos y formaciones que lo encuentran siempre en la línea del tango evolucionista que proyectara la escuela “Decariana”. Así llega en 1939 a formar su inolvidable orquesta que tanto significó y representó en la insuperable “Década del 40” y posteriormente, ya que su tarea de músico, compositor y director no se interrumpió, dejando fundamentales aportes a la naciente etapa de la Vanguardia, desde sus tangos La yumba, Negracha y Malandraca y las antológicas versiones instrumentales que grabó su siempre renombrada orquesta. Todo este trayecto, acompañado por inolvidables obras cantadas por Roberto Chanel, Alberto Morán, Jorge Vidal, Miguel Montero, Jorge Maciel y Abel Córdoba, entre otros, y enriquecido por sus viajes y giras a diferentes países del mundo, donde impuso su estilo esencialmente tanguero y reconocidamente milonguero que lo caracteriza, y definió en sus búsquedas artísticas.
     Todo este reconocimiento ganado como verdadero “artista del pueblo”, que no dejó de admirarlo y respetarlo.
     Personalmente no puedo pasar por alto que tengo el orgullo y el privilegio -no sé si merecido- de contar con cinco de mis obras grabadas por su prestigiosa orquesta y dos de mis letras, escritas con música del inolvidable y querido maestro (una ya estrenada y grabada recientemente y otra inédita y sin estrenar). Valgan estas palabras -que se suman a las de mi citada poesía- como un modesto homenaje en el centenario del nacimiento de este verdadero artista popular.

Héctor Negro
de la Academia Porteña del Lunfardo

www.nuevociclo.com.ar

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