En
estos días pasados se han sucedido
en toda la república los cambios
de autoridades que un país democrático
pretende se constituyan en un acontecimiento
normal en el tiempo, promoviéndose
los cambios o las ratificaciones que la
ciudadanía, a través de su
voto, expresó en el cuarto oscuro.
Las expectativas que se abren son muchas.
Distintas
quizás en cada lugar del país,
según la experiencia anterior que
hayan tenido sus ciudadanos en las administraciones
anteriores. Hubo funcionarios que escucharon
el clamor que venía desde las calles
y aceptaron los marcos constitucionales
respetando los términos de mandato
que las normas imponían. Pero los
hubo también quienes obnubilados,
encandilados por quienes les aseguran que
son la salvación de su pueblo, ciudad,
provincia o nación, no vacilaron
en modificar constituciones, inventar encubiertos
sistemas de lemas y, hasta amparar alguna
situación fraudulenta. Afortunadamente
fueron los menos y esperamos que cada vez
sean aún menos.
Son
muchos los aspectos que se discuten diariamente
en la prensa escrita oral o televisiva,
pero en general son pocos los comunicadores
que arriesgan opiniones, limitándose
a preguntas casi sonsas, a escuchar las
dos o tres voces de sus interlocutores
Pero
cualquiera que sea nuestra posición
frente a las distintas corrientes políticas,
no podemos dejar de censurar, muy fuertemente,
el accionar de los grupos del sindicalismo
marginal o de pretendidos representantes
de alguna bandera o sello titulados progresistas,
que al día siguiente de la asunción
de la nueva presidente salen a la calle
a piquetear por las razones más nimias
y a exigir resoluciones de gobierno a solo
dos o tres días de tomar sus puestos
los nuevos funcionarios.
Es
inadmisible que el ciudadano común
asista impasible a esa expresión
de fuerza que pretenden imponer desde la
hora 0 estos grupos rechazados en las urnas,
pero fuertes en la movilización.
El pasado miércoles 12, el centro
de la ciudad fue un caos, la excusa: el
problema ambiental. ¿Qué hacían
allí los activistas de Quebracho?
El jueves 13, según los diarios 25
organizaciones piqueteras marcharon ¡contra
el gobierno! El Sr. Moyano, exasperado como
pocas veces, le dice a sus seguidores que
no serán los políticos sino
los trabajadores, quienes asegurarán
los cambios. Y amenaza con “cruzar
a la vereda de enfrente”. El viernes,
el director de cine Pino Solanas, encabezó
una manifestación ¡por la privatización
de Repsol YPF! Y sigue así el festival
de demandas incumplibles en el breve plazo,
con un solo fin:Tomar las calles.
Lastimoso
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