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NICOLAS OLIVARI
( 8-9-1900 / 22-9-1966 )

 
 

     Un 8 de septiembre de 1900, nacía en Buenos Aires, Diego Arzeno, quien pasaría a la historia de las letras argentinas como Nicolás Olivari. El quehacer periodístico, lo vio desde muy joven transitar redacciones en numerosos diarios, a la vez que comenzaba su ejercicio narrativo en un grupo Boedo fundacional que asiste a la primera publicación, en 1922, de Carne al sol, colección de cuentos que daría paso, dos años más tarde al poemario inicial, La amada infiel (1924), comienzo de un tríptico que se integraría con La musa de la mala pata (1926), y El gato escaldado (1929).

     A estas obras, las sucedieron:
1933: El hombre de la baraja y la puñalada. Estampas cinematográficas.
La mosca verde.
1938: Diez poemas sin poesía, (poesía).
1946: Los poemas rezagados, (poesía).
1952: La noche es nuestra, (cuentos).
1958: Los días tienen frío, (poesía).
1959: Un negro y un fósforo, (cuentos). El almacén. Novela parroquial de Buenos Aires.
1964: Pas de quatre, (poesía).
1966: Mi Buenos Aires querido. Crónicas y estampas, (publicación póstuma).

     Paralelamente a su tarea periodística, la narrativa y la poesía que nunca abandonó a lo largo de su vida, su espíritu creativo llegó también al cine (como guionista, por ejemplo, del film El morocho del Abasto: La vida de Carlos Gardel, en 1950 -), al teatro y la pintura, realizando numerosas traducciones del italiano y portugués para las diversas publicaciones, guiones artísticos y puestas en escena en las que se requirió su talento.

   El tango, lo contó entre sus autores notables y La Violeta, entre otros títulos, supo de la voz máxima del Zorzal Criollo, como uno de sus intérpretes más entusiastas. Olivari, lamentaba no haber conocido a Gardel y contaba que ese tango, había nacido “entre los spaghettis y el vino”, en una comida compartida con Cátulo Castillo, quien luego se ocupó de que la obra fuera grabada con gran éxito, primero por Antonio Maida y luego por Gardel, hecho que Olivari computaba como “una distinción sin igual y un orgullo personal” según su propia expresión.
    Su primer tango fue Tengo Apuro, en colaboración con Raúl González Tuñón y Antonio Scatasso, para la obra Un auxilio en la 34. Luego compuso otros con Edgardo Donato, Carlos Di Sarli, Juan Carlos Cobián, Luis Visca y Raúl de los Hoyos.

    Pasó por los medios gráficos más difundidos de su tiempo, entre los que citaremos, por ejemplo, a Noticias Gráficas, Crítica, Democracia, La Época, El Pregón, El Laborista, El Hogar, desempeñándose en algunos como redactor y jefe de redacción en muchos casos. Al mismo tiempo, realizaba libretos para las versiones radioteatrales de Hormiga Negra, en colaboración con Roberto Valenti, y El morocho del Abasto, para la compañía que encabezara el actor y cantor de acento gardeliano Rolando Chávez, obra que como citáramos fue llevada al cine posteriormente, dado el éxito logrado en su versión radial.

     Entre sus afectos confesos citamos a Lorenzo Stanchina, Elías Castelnuovo (con quien sostendría luego de su éxodo del grupo Boedo, notable polémica), Enrique y Raúl González Tuñón. Con estos últimos, escribió la obra, Un Auxilio en la 34, estrenada en la sala del teatro Nuevo, en 1927. Otras piezas de éxito fueron: Cumbres borrascosas, La pierna de plomo, Tedio, Irse, Amargo exilio, El regreso de Ulises.

     En cuanto a la polémica con Elías Castelnuovo, éste último, prócer notable y fundante del grupo Boedo, e inflexible en el momento de fustigar a sus adversarios de Florida, contaba en un reportaje periodístico que conservamos, que nuestro recordado de hoy, le había manifestado un día: “…mirá Elías, si me quedo en Boedo, siempre voy a ser pobre…”. Esto, Castelnuovo, no lo perdonaba. Para él, la dicotomía de los grupos era poco menos que insalvable. Sin embargo, creemos no equivocarnos, si decimos que el idioma único e irrepetible de Olivari, denostado y alabado por sus pares a la vez, estuvo a un nivel que lo distanció del conflicto entre el arte social de Boedo y la expresión purista de Florida, para constituirse en una obra situada por encima de las posturas literarias vigentes hasta ese momento.

   “Soy un habitante circunstancial de Buenos Aires, a la que adoro ávidamente en lo que tiene de europeo: el vicio.” Así se definía Nicolás Olivari, un visionario y provocador escriba adelantado de los años 20. El que ostentaba el rótulo de poeta “sin métrica, sin escala, sin medida”. El que desafiaba la norma y la gramática, abusando de las comas y las mayúsculas continuadas, que los editores corregían computadas como errores, hoy exhumadas y respetadas con gloria por sus justicieros exégetas.

    Tenemos la dicha de contar en nuestra biblioteca con El gato escaldado y dentro de él un sublime poema: Antiguo almacén “A la Ciudad de Génova”, que quizá algunos de ustedes conozcan, pero que igualmente recomendamos, en el que a la pintura de ambiente más maravillosamente expresada, se une un estilo capaz de distinguirlo entre muchos por la bella singularidad irreverente que haría distinguir a Nicolás Olivari entre otros notables de nuestra historia y actualidad literarias.

     El espacio nos obliga a acotar nuestro homenaje y como cierre agradecido de esta semblanza que podría extenderse y mucho por lo citado y lo omitido, decimos que este NOTABLE VISIONARIO DE LAS LETRAS, así, con mayúscula, como quizá él lo hubiera escrito, partió a la eternidad, desde la Buenos Aires que tanto amó, un 22 de septiembre de 1966. Como tantos otros que nos instalaron en la cultura de la Patria y del mundo, más allá del olvido temporario, hoy feliz y justamente superado que, obviamente, jamás nos incluyó, sumó un blasón , y no menor, a los que la genealogía de los más ilustres autores argentinos le otorgara: ¡ fue de Boedo !.

Horacio Di Giuseppe
de la Junta de Estudios Históricos del
Barrio de Boedo
Especial para www.nuevoiclo.com.ar

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