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¿MUERE OTRO ORGULLO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE BOEDO'?

    La Biblioteca Pública Miguel Cané, decana de las Bibliotecas Municipales de la Ciudad de Buenos, orgulloso exponente de un Buenos Aires que crecía y que tenía para sí elevar los niveles de educación y cultura de la población, nativa o inmigrante, fundada a iniciativa de la luego Dirección General de Bibliotecas Municipales, se inauguró el 11 de noviembre de 1927. El éxito del emprendimiento, medido en el número de lectores que visitaban la casa, obligó muy pronto a su traslado a un nuevo y moderno local, ubicado en Av. Carlos Calvo 4311/23, parte del cual se conserva aún hoy. .La importancia que alcanzó este acontecimiento para la época la señalan las presencias en su apertura de funcionarios de alto rango, como el Sr. Ministro del Interior, Dr. Leopoldo Melo, el Rector de la Universidad de Buenos Aires Dr. Vicente Gallo y del escritor Gustavo Martínez Zuviría, Director de la Biblioteca Nacional , etc. Nos informa el historiador Arnaldo I.Miranda, en su trabajo: La Biblioteca Municipal "Miguel Cané". Orgullo cultural del Barrio de Boedo (Primer Congreso de Historia del Barrio de Boedo, t.1, JEHBB, Bs.As., 1997), que (la biblioteca)..."Contaba, también con pupitres individuales, cuyos modelos fueron tomados de los existentes en la Biblioteca Nacional de Amberes: los experimentos realizados para la sala de lectura de la Biblioteca de Michigan-Estados Unidos de Norteamérica-sirvieron de base para la instalación de luz localizada para cada lector......Respecto de los ficheros. Eran éstos únicos en su género pues permitían hallar la pieza bibliográfica deseada por cinco mecanismos distintos....Esta casa, modelo en Sudamérica....era la biblioteca más concurrida de Buenos Aires, llegando a atender diariamente un proimedio de setecientos lectores"

   Como ocurrió en muchos otros casos, hubo tiempos también durante los cuales decayó el interés gubernamental por el mantenimiento de estos centros de educación popular. La crónica periodística registra los casos de bibliotecas incendiadas, saqueadas, directores y personal expulsados (el propio caso de Jorge Luis Borges, empleado en la Biblioteca que nos ocupa), libros secuestrados, etc. Vencido el tiempo del oscurantismo, durante la gestión de la Lic. María Sáenz Quesada como Secretaría de Cultura, se destinó una importante partida de dinero para restaurar y conservar la Biblioteca Miguel Cané. El 6 de agosto de 1997 se reinauguró el importante centro educativo, incorporándose el espacio "Jorge Luis Borges", se hizo lugar a la memoria del autor de "La Biblioteca de Babel" (cuento inspirado en su trabajo en este lugar) y se inició un nuevo período de actividad creativa que, afortunadamente, continuó con las posteriores autoridades. Claro que ahora el recinto no es aquel amplio espacio inaugurado el 6 de diciembre de 1935, sino solo la vieja casona de Carlos Calvo 4319.
   Pero, aún cercenado, el recinto conservaba todo el "angel" de los buenos tiempos. Los muebles, mesas y ficheros, la sala del tesoro, la vieja guillotina arrumbada en uno de sus cuartos, daban al lector la sensación de hallarse en el lugar buscado: no un simple depósito de libros ordenados o no en anaqueles sin vida, sino un centro de cultura. Tiempo más adelante los actores Horacio Peña e Ingrid Pelicori representaron la pieza teatral "La Biblioteca de Babel", ambientada en la propia sala de la biblioteca, que transportó a los miles de espectadores que asistieron a las funciones de la obra del prestigioso director Rubén Szuchmacher, al escenario imaginado por Borges.

     El pasado sábado 27 tuve oportunidad de concurrir a la biblioteca para asistir a la presentación de dos libros de la escritora y poeta entrerriana, con carta de ciudadanía boedense, Angélica Antunez Salerno. Le acompañó en una parte de la presentación el escritor Dalmiro Sáenz En un momento previo a la actividad, que se desarrollaría en el Espacio Jorge Luis Borges, descendí a la sala de biblioteca para revisar los ficheros buscando un libro, precisamente, del escritor invitado.

    La sorpresa casi me paralizó. Cerré por un momento los ojos sin escuchar al bibliotecario que me atendía, tratando de ubicarme en el tiempo y el espacio para poder identificar sí, exactamente, estaba donde creía estar.
     Al abrir de nuevo los ojos comprobé estupefacto que aquellos anaqueles de madera lustrada, cálidos, añosos, habían sido suplantados en gran parte por estanterías metálicas, grises, frías, sin alma, similares a las que vemos en cualquier sótano de un descuidado comercio barrial. Que las mesas color roble habían sido reemplazadas por otra con tapas de colores, que los escritorios individuales diseñados según aquellos de la Biblioteca de Amberes estaban en la parte posterior del salón, junto a las mesas, listos para partir hacia algún depósito municipal, donde seguramente les extenderán el acta de defunción.

    Me enteré entonces que mi vieja y querida Biblioteca Miguel Cané tenía ahora una compañera: la Biblioteca Julio Cortazar, (de narrativa contemporánea), trasladada allí sin aviso a la vista.

     Antes de darle el postrero adiós a lo que todos considerábamos un inamovible Patrimonio Tangible e Intangible de nuestra comunidad, merecedor de haber sido catalogado como Edificio de Valor Patrimonial (o definición que se le parezca), igualmente consulté el conocido fichero de "la Miguel Cané", con resultado negativo. Como mi búsqueda se encaminaba a una obra de narrativa moderna, muy gentilmente el bibliotecario de "la Julio Cortázar", dada la especialidad de la biblioteca, quiso ayudarme. Pero tampoco en el repositorio de la misma figuraba la obra de Dalmiro Sáenz buscada. Eso sí, me sugirieron la consulta al catálogo centralizado.

    Pero ya casi no me interesaba. Solo pensaba en las tantas veces que, en los últimos años había asistido con íntima satisfacción, invitado a distintos actos que preservaban un patrimonio de la ciudad. Y aquí, en nuestro barrio, en mi barrio, debíamos sumar una nueva pérdida. No ya de un café símbolo de una divisa deportiva, como fue el "Dante", sino de una biblioteca, como sí lo fue antes la Biblioteca Popular Mariano Boedo (del desaparecido Club Social Mariano Boedo), escamoteada por no se que vericuetos legales y entregada (6.000 libros) a una entidad hasta ayer inexistente (fundada -según su propia publicidad- a fines del 2003 "por iniciativa de un grupo de vecinos"), que bajo la denominación de Club Unidos de Boedo, creó el Centro Cultural Julio Cortázar. ¡Que casualidad!

Pero esto es otra historia.

                                                                    Lic. Aníbal Lomba