|
|
|
|
| |
|
|
|
“Caminante
no hay camino,
se hace camino al andar...”
...“Sos canción
cabello al viento,
en la caricia de la fiesta de tus ojos,
en tu ondular
de junco y de pantera”...
Juan Beceiro.
Enfundada
en un traje sastre, cada detalle de su atuendo nos deja
ver su femenina prolijidad. Atenta al tránsito
parece una ardilla eludiendo autos y transeúntes
en medio de una Buenos Aires que nos devora con sus
urgencias. Su semana transcurre entre oficinas, reuniones
y diversos colegios. Se apropia de la lengua de Shakespeare
y batalla a diario con pronunciaciones incorrectas o
errores gramaticales que pulcros ejecutivos deben corregir
sin remedio una y otra vez. Es que nadie se atreve a
rebelarse contra la serena exigencia que ella irradia
cuando insiste con su “Repeat, please”.
Patricia Aragón,
vecina de Caballito, es profesora de inglés,
coordinadora del área de lenguas extranjeras
en distintas instituciones públicas y privadas
y además asesora de grupos empresarios en el
manejo de ese idioma. Pero... los fines de semana largos
o durante sus vacaciones la esbelta y refinada “Miss
Patricia” se calza sus “borcegos”,
carga al hombro su mochila con 12 kg de peso, corre
el cierre de su campera térmica y se lanza a
la aventura.
Inició su
práctica de montañismo al cumplir cincuenta
años. El comienzo de esa década la encontró
separada, con hijos crecidos, embarcados en sus propios
proyectos. Una tarde de tedioso zapping se detuvo asombrada
frente a una transmisión de TV por cable que
mostraba una ascensión al Aconcagua. “Esto
es para elegidos -pensaba- para gente súper entrenada
o criada en un ambiente de montañas”. Siempre
estuvo conectada con la vida al aire libre y los deportes.
Sin embargo algo cambió dentro de sí al
ver esas imágenes. “Hasta los cincuenta
hice lo que se esperaba que hiciera, a partir de ahora,
haré lo que me guste”-se dijo. Entonces
Patricia obtuvo su permiso interno, que es el más
difícil de obtener y se animó a transitar
la segunda etapa de su vida más vital que nunca.
Gracias a las orientaciones de su hijo escalador y a
la consulta con revistas especializadas, se vinculó
con algunas empresas organizadoras y comenzó
sus primeras incursiones por este deporte.
Nos aclara que el montañismo brinda dos posibles
actividades: el trekking y el ascenso. El primero consiste
en realizar una travesía a través de sierras,
cerros o montañas. Se unen a pie dos o más
puntos. En el ascenso se busca llegar a la cumbre del
cerro.
“El montañismo te permite tener un contacto
profundo con la naturaleza. En las travesías
podés interactuar con ella. No sos un mero espectador
sino parte misma del paisaje –comenta Patricia-.
Cuando hacés cumbre podés ver los picos
de otros cerros y gozás de la maravilla que te
ofrece la naturaleza. Y lo fantástico es saber
que hasta allí te llevaron tus propias piernas”
–revela con entusiasmo.
En las travesías
no hay improvisaciones. Las empresas organizadoras aseguran
la presencia de un guía matriculado. Existen
en Mendoza y en Río Negro estudios de nivel terciario
que habilitan para guiar estas actividades deportivas.
Además los sitios para pernoctar están
prefijados. Se eligen claros o zonas aptas para la alimentación
y el descanso de los integrantes del tour. No es obligatorio
colaborar en la cocina. Quien desea hacerlo por mera
diversión tiene un lugar junto a las ollas. De
lo contrario son los guías los encargados de
realizar estas tareas mientras los acampantes reponen
fuerzas. “Incluso si no sabés armar tu
carpa los guías te ayudan”. Y nos advierte:
“Eso sí, la carga de peso que implican
los víveres se reparte equitativamente entre
todos durante las caminatas diurnas”.
Por último
se requiere de un equipo básico. Éste
consiste en botas para montaña, una mochila que
contendrá mudas de ropa, alimentos, agua y una
campera térmica. El armado y la elección
del equipaje es un arte. Dependerá de la duración
del trayecto, los sitios a transitar y la época
del año en que se realizará la travesía.
“La encargada de guiarte es tu espalda”
–nos dice Patricia, con una sonrisa cómplice.
Por ejemplo en el caso de las remeras es conveniente
elegir las de material sintético pues las de
algodón pesan mucho más. Los pulóveres
dejan paso a los buzos polar, que tienen menor peso
y logran abrigar lo mismo. Y llegamos al último
elemento esencial: la campera térmica. Está
confeccionada con una membrana de “Ultrex”,
material que permite la respiración del cuerpo
por su porosidad y, a su vez, es impermeable. Posee
costuras selladas que impiden el paso del agua exterior.
Cabe una advertencia
para todo aspirante al montañismo, llegan momentos
en que ya no quedan mudas secas, ni limpias, y que,
la ducha caliente resulta una verdadera utopía.
Pero como asegura el dicho “quien les quita lo...
vivido”. Algunas empresas brindan la posibilidad
de acceder a hospedajes en poblados cercanos al finalizar
la travesía. Esto les permite a los participantes
volver a la condición de ciudadano apto para
lo mundano en un tiempo más que breve.
Le preguntamos a
Patricia Aragón si se requiere un entrenamiento
especial para las travesías. A lo que nos respondió:
“No es necesario. Al principio no hacía
nada complementario. Luego comencé gimnasia con
pesas y a trotar para obtener mayor resistencia en las
caminatas. Después me entusiasmé con las
carreras de calle. En algunas suelo encontrarme con
alumnos de las escuelas medias donde trabajo. Es divertido
ver las caras de asombro de los chicos. Les cuesta creer
que la coordinadora de su escuela es esa señora
de calzas cortas y zapatillas que los saluda trotando
a su lado”.
Esperamos que alguno
de nuestros lectores/as siga los pasos de esta profesora-montañista,
que derrama su enigmática belleza a la vuelta
de alguna esquina de Caballito, cuando se mezcla como
una más, entre las almas que pueblan nuestra
Buenos Aires.
...”Mientras vivas y ames
el tiempo postergará tu frente
Y cada vez en primavera
renacerás en ti, como las flores....
Que el tiempo es un apenas... Vive”.
Juan Beceiro
Nota de: Diana M. Donayre Zinovoy
Profesora para la Enseñanza Primaria
Bibliotecaria Profesional
donaire@hotmail.com
|
| |
 |
|
 |
| |
|
El campamento
base a 4.300 m de altura antes de encarar el ascenso a
Aconcagua: Aquí reponen fuerzas los integrantes
de los grupos de ascenso. Se mezclan lenguas y nacionalidades
diversas, pero el lenguaje que impera es el de la pasión
por la montaña. Los valientes que regresan de hacer
cumbre, aquellos que lo lograron dejan como recuerdo una
prenda con su nombres y la fecha de la hazaña. |
 |
|
| |
|
 |
|
|
 |
| |
|
|
“Personal
assistant” autóctono y con largas orejas:
Como el recorrido es largo y a gran altura, se llevan
mulas que cargan la mayor parte de los enceres. Es una
forma de alivianar el peso de los caminantes y permitirles
un mayor disfrute durante el viaje. |
 |
|
|
|
|
 |
| Patricia Aragón
en la cocina de una escuelita de Molulo, en plena Puna
jujeña. |
|
|
El Aconcagua:
En la acometida final
a la cumbre se debe contar con grampones especiales
para caminar sobre hielo. Cada integrante debe llevar
por lo menos 5 litros de agua por día de ascensión.
La ingesta de líquido es necesaria ya que el
flujo sanguíneo se lentifica por la altura y
el agua ayuda a aligerarlo.
|
MADE IN ARGENTINA:
Una forma muy particular
de conocer nuestros paisajes
La Puna:
En el año
2003 Patricia realizó una travesía en
la Provincia de Jujuy, a lo largo de siete días
de caminata. Partiendo de la Puna, rodeados por un paisaje
semidesértico se llega, por pequeños senderos
entre laderas, a la exuberante nube-selva que forma
parte del Parque Nacional Calilegua (en el límite
con la provincia de Salta). Todo el camino se hace a
4000 m de altura, acompañados por los sonidos
que nos ofrece el viento y loas aves del lugar. El mejor
conjuro contra el stress porteño.
|
|
|
|
|
 |
|
Ascenso especial por la
cantidad de grietas que presenta el terreno. Encordados,
subiendo al Tronador. |
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|