Los
vecinos del barrio se juntan todos los miércoles
de verano a las 1.30 para encontrarse y
pasar un atardecer en comunidad.
“Llegaron las noches de las sillas
en la vereda; de las familias estanca¬das
en las puertas de sus casas; llegaron, las
noches del amor sentimental de "buenas
noches, vecina", el político
e insinuante "¿cómo le
va, don Pascual?". Y don Pascual sonríe
.y se atusa los "baffi", que bien
sabe por qué el mocito le pregunta
cómo le va. Llegaron las noches...”,
introducía el porteño y periodista
Roberto Arlt en su aguafuerte titulada “La
silla en la vereda”.
Cronista de aquellas épocas, su impresión
de las calles porteñas al atardecer
encaja perfectamente con la intención
de reunir a la gente de Boedo de la Asociación
Civil Cultural Ambiental Todos por la plaza
de Boedo, la cual invita a estas reuniones
todos los miércoles caída
la tarde.
Desde hace algunas semanas, desafiando al
calor, la gente del barrio, invitada por
la organizadora A.C. C. A. Todos por la
plaza de Boedo, puebla el nuevo espacio
público ubicado entre Loria, Virrey
Liniers, Estados Unidos y Carlos Calvo.
¿El motivo? Ninguno en particular,
más que el placer de verse las caras
en aquel refréscate momento en que
el sol emprende la retirada por el horizonte
y, ahí sí, las pesadillas
de cuarenta grados a la sombra quedan sólo
como simples anécdotas.
Esa es la palabra: anécdotas. La
intención es encontrarse y disfrutar,
a la vieja escuela, de una tradición
tan porteña como humana, las ganas
de compartir con el de al lado. “Fue
un año duro y peleado pero productivo,
en verano solo nos juntamos para charlar
informalmente”, contaban desde Todos
por la plaza de Boedo en uno de los primeros
encuentros a través de su cuenta
de la red social Facebook.
Incluso, murgas ensayando mediante, en dicha
cuenta están disponibles ver algunas
fotos de estos encuentros. Mate, charlas
y algo para picar. La escena no por sencilla
deja de ser menos sentida.
“Los "jovies", funcionarios
públicos del carro, la pala y el
escobi¬llón, dan la lata sobre
"eregoyenisme". Algún mozo
matrero reflexiona en un umbral.
Alguna criollaza gorda, piensa amarguras.
Y este es otro pedazo del barrio nuestro.
Esté sonando Cuando llora la milonga
o la Patética, importa poco. Los
corazones son los mismos, las pasiones las
mismas, los odios los mismos, las esperanzas
las mismas.”
“¡Pero tenga cuidado con la
silla, socio! Importa poco que sea de Viena
o que esté esterillada con paja brava
del Delta: los corazones son los mismos...”,
remataba Arlt en su aguafuerte porteña.
A lo lejos en el tiempo y en la vida, en
Boedo los corazones siguen latiendo en esa
plaza que tanta historia y tan buenas vivencias
ha dado a su gente en tan poco tiempo. Si
puede pasar un miércoles por ahí,
deténgase un instante a sentir esos
corazones. Y si gusta, pida unos mates,
que la gente de Boedo es macanuda. No se
va a arrepentir.
ww.nuevociclo.com.ar
Producción
Propia
Más
noticias
|