Esta
vez no hubo humo de pastizales quemados
ni tampoco niebla, u hombres de campo armados
con teas incendiarias.
Pero
los accidentes de tránsito, producto
de la inconciencia colectiva de la población,
continúan multiplicándose
en cualquier punto de nuestro país.
Y Boedo tiene sus esquinas luctuosas, con
un amplio muestrario de muertes, dolor y
lágrimas.
Los últimos días estuvieron
signados por, por lo menos, dos importantes
hechos. A fines de la semana anterior, la
esquina de Colombres y San Juan fue escenario
de un choque que tuvo como protagonistas
a un joven motociclista y un automóvil
particular. Afortunadamente, salvo la destrucción
casi total de la motocicleta, tomada de
lleno, no hubo un saldo grave puesto que
se lo vio al conductor fumando tranquilamente,
mientras sentado en la acera aguardaba la
llegada del auxilio médico.
En
cambio, trágico fue el saldo del
violento choque ocurrido el lunes 5 a las
22 horas, en la intersección de Castro
Barros y Boedo. Un vehículo de alquiler
y una pequeña camionetita con logo
de una pizzería fueron los protagonistas.
No vamos a buscar aquí quién
tuvo la mayor responsabilidad, ya que -a
nuestro criterio- en accidente de este tipo
ambos conductores son igualmente culpables.
Cruzar esquinas a velocidades no permitidas,
aún cuando se tenga onda verde de
los semáforos es siempre buscar al
diablo. Y a veces se lo encuentra.
La imprudencia de
transportar en la caja cerrada de un pequeño
vehículo de carga a tres personas,
dos de ellas menores, sin cinturones de
seguridad, seguramente mal sentadas o sentadas
en el suelo, con puertas provistas de débiles
cerraduras es un acto de imprudencia injustificable.
Además de estar penado por la reglamentación
de tránsito conducir pasajeros en
esas condiciones. En este caso, el doloroso
saldo fue la muerte instantánea de
una niña de 15 o 16 años,
despedida de la camioneta, yacente luego
de golpear su cabeza contra el pavimento.
La otra niña y su madre, sabemos
también que tienen heridas de suma
consideración.
No
hace mucho nuestra crónica se refería
a un accidente ocurrido en Colombres y Carlos
Calvo, donde una camioneta con caja abierta,
que conducía personal obrero que
iba a tomar servicio, subió a la
acera y chocó contra un edificio.
Una de las personas que viajaba en la caja,
golpeó su cabeza contra la viga del
edificio, pereciendo en el acto.
Mientras
tanto, la Ley de Seguridad Vial aprobada
recientemente, duerme el sueño de
los justos esperando su reglamentación.
¿Seguiremos permaneciendo indiferentes
ante tanta indolencia, de unos y otros?
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