MEDIO
SIGLO DESPARRAMANDO ALEGRIA
Si hasta
parece mentira; han pasado ya cincuenta años
desde aquella dorada época de mediados del siglo
anterior, cuando todavía Boedo exhibía
orgullosa (la avenida) decenas de negocios que nada
tenían que envidiar al “centro”,
cuando el paseo era una fiesta para los pibes que llevados
de la mano por nuestros padres, salíamos a recorrer
las calles, veíamos las carteleras de los cines
y, a veces, hasta nos convidaban con un helado en las
tardes calurosas de enero o febrero. Y en esos febreros,
cuántas veces nos parábamos anhelantes,
sorprendidos, por los saltos y las cabriolas, por la
música y los cantos que entonaban un grupo de
muchachos más grandes que nosotros, vestidos
con un vaquero celeste (aún no entraba en nuestro
vocabulario el jean), casi todos ellos con camisas o
remeras negras, que ensayaban sus presentaciones para
el futuro carnaval. Después nos enteramos que
se hacían llamar Los dandys de Boedo y que muchos
de ellos formaban parte de una misma familia, los Baattipaglia,
que vivían en un antiguo conventillo en la calle
Cochabamba 3436. Pero que la nostalgia no nos lleve
ahora a buscar el lugar, no lo encontraremos pues la
mano del progreso, compulsivamente impuesto por el Intendente
Cacciatore, lo dio de baja del catastro para dar lugar
a la nueva autopista que ahora nos permite cruzar raudamente
la ciudad. Entre redoblantes y tambores escuchábamos
los nombres que todavía recordamos: Carlos, Mari,
Ricardo, Osvaldo, Jorge, Julián, “longaniza”,
“pichi”, “madera”, “coco”,
abrojo”, etc.
En mi retina está
aún el batifondo que armaban cuando, desde la
esquina de San Juan y Boedo, en la extrañada
pizzería Sol Di Nápoli, punto de reunión
del grupo, subían sobre la caja del destartalado
camión Ford del año 31 para llevar por
las calles del barrio y a los corsos vecinos, la alegría
desbordante de estos muchachos de cuna humilde pero
de corazón grande. El corso de Boedo, quién
no lo recuerda, el desfile de las comparsas en el “Nilo”,
el más pequeño corso de la cortada Danel,
allí a la vuelta de la casa donde vívía
Homero, el de Garro, en Parque Patricios, el más
populoso de la calle Inclán o el organizado en
Parque Chacabuco.
Pero los
años fueron pasando y así como nuestra
niñez y nuestra adolescencia fue quedando atrás,
también las exigencias de la vida fueron mermando
las actuaciones de Los Dandys. Los cambios políticos
contribuyeron en uno y otro sentido y luego de unos
años de interrupción, hacia los años
90 vuelven a florecer las murgas y Los Dandys resurgen.
Nuevas generaciones de la familia Battipaglia desean
darle continuidad al esfuerzo de sus padres y abuelos
y con entusiasmo, fe y trabajo, consiguen algo que parecía
imposible. Encolumnar a tres generaciones de la familia,
ahora bajo la dinámica dirección de Gonzalo,
nieto de los fundadores.
Los Dandys
son nuevamente una tradición. Representan un
patrimonio recuperado de Boedo. No los asustó
-a los fundadores- alguna represión durante los
años de gobiernos militares (nacieron en época
de la llamada Revolución Libertadora, que dividió
al país en dos mitades. Casi las mismas dos mitades
que dividen en 2006, a cincuenta años de aquel
acontecimiento feliz, la opinión pública
nacional.
GRACIAS DANDYS POR RECORDARNOS
QUE A PESAR DE TODO SE PUEDE VIVIR CON ALEGRÍA.
www.nuevociclo.com.ar
Producción Propia |