Visto los últimos acontecimientos
en el ámbito educativo, que han hecho
quedar mal a la presidenta que en su discurso
inaugural expresó su decisión
de priorizar la educación y garantizar
180 días de clase (no dijo anuales),
teniendo presente que solamente en un pequeño
número de provincias se alcanzará
tan meritorio deseo, que los días
de huelga son cada vez más asiduos,
que no hemos conocido de asambleas de maestros
por escuelas que determinen su adhesión
o no a las medidas multigremiales, que ya
en la provincia más grande de nuestro
país, Buenos Aires, su gobernador
sufrió el tormento de los aprietes
y finalmente con la ayuda pecuniaria del
gobierno nacional pudo finalizar por ahora
el conflicto, que a las muchas provincias
que registran similares condiciones de anormalidad
en el sistema educativo se une ahora la
Capital Federal, con paros que afectan a
millones de niños y que incrementan
aún más las desigualdades
sociales, al no poderse alcanzar en las
escuelas públicas los niveles de
instrucción que otorgan los institutos
privados, desde aquí hacemos un llamado
a la solidaridad de abuelos, tíos,
parientes próximos y vecinos amigos,
para que puedan hacerse cargo del cuidado
de los niños en edad escolar cuyos
padres, ambos, trabajan desde la mañana
hasta últimas horas de la tarde,
dándoles el almuerzo, sirviéndoles
la merienda, vigilándolos en sus
amistades, acompañándolos
en sus juegos.
Sabemos que
será un esfuerzo adicional, algunas
veces para abuelos mayores, en otras por
la lejanía de los domicilios, pero
todo tendrá su premio. Algún
día los chicos podrán pensar
en concurrir una semana seguida a clase
y entonces ellos podrán descansar.
Mientras tanto
¿que hacen los trabajadores de la
educación en sus horas libres? A
veces se enfrentan con la policía,
les hacen volar las gorras, escupen a los
funcionarios y cuando a un policía
que tiene que custodiar el orden se defiende
de la agresión, aparece la “represión”
como palabra exculpatoria.
Y la sociedad,
¿que hace? Aguanta todo. ¡Hasta
donde ha llegado nuestro cansancio moral!
Mientras, en esta sociedad que se quiere
igualitaria, los padres hacen esfuerzos
económicos y personales extraordinarios,
trabajan más horas, se privan de
diversiones o mejores ropas, para poder
pagar las cuotas de los jardines, escuelas
o universidades privadas, como única
forma de garantizar que sus hijos se instruyan
de acuerdo a las exigencias de estos años.
Y el Ministro de Educación, ¡que
inocente! (disculpe Sr, Ministro) creyó
que incorporando la enseñanza del
inglés desde primer grado achicaría
la brecha entre pobres y menos pobres!
Ahora se exige
la “reasignación de partidas”,
antes fue un impuesto especial a los automotores,
mañana será otra cosa, eso
sí, se acepta o...paramos.
Abuelas, tíos,
primos, vecinos....a prepararse, porque
además, el clan mediático
tiene sus filmadoras listas y sus micrófonos
abiertos. Crítica, nunca.
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