En
un semáforo detenido, con los minutos
contados porque llegaba tarde a una reunión;
De pronto, apareció un niño
no más de 10 años de la nada,
podría ser mi hijo, con esos ojitos
pardos y la nariz goteando, tiene las mejillas
paspadas y las manitos resecas, lo veo venir
entre los autos, desafiando el calor, con
un lava vidrios renegrido en su mano derecha,
mientras con la otra se seca las gotas de
la nariz.
- "le
limpio señor"- me dice a través
del vidrio que no me animo a bajar...
-"no
mejor, no" - le contesto, y me quedo
con más calor adentro del que realmente
hace afuera.
Recuerdo en ese momento a mi hijo, pienso;
entonces, bajo la ventanilla y lo llamo:
-tomá,
no tengo más que esto...
Pero esas monedas, no me hacen sentir mejor,
por el contrario, no puedo dejar de pensar
¿Cuál es la culpa que tiene
que pagar ese chico, que a las once de la
mañana de un día de mucho
calor, con temperatura muy alta y un rayo
de sol penetrante, se gana la vida limpiando
los vidrios de los autos que paran en el
semáforo?
Y mientras
en la radio alguien dice que son millones
las personas que están bajo la línea
de pobreza, yo además de seguir sintiendo
calor, siento que es poco y nada lo que
estoy haciendo para cambiar algo.
Entonces vuelvo,
y busco, y encuentro que solamente en Argentina
existen niños y niñas entre
10 y 14 años que trabajan, sin contar
los que lo hacen en actividades domésticas,
y que en el mundo son 250 millones.
Terrible,
si hasta comienzo a sentirme culpable por
darle bienestar a mis hijos, los que no
tienen más preocupaciones que conseguir
el último juego para su PC o planificar
la diversión del fin de semana.
Y no es que
vivan ajenos, el colegio a donde concurren
colabora diariamente con un comedor infantil,
con alimentos, ropa, asistencia social y
psicológica, y sobre todo con afecto
y compromiso.
Pero igual, no alcanza.
Los niños,
son actualmente, el sector más vulnerable
de la sociedad, ¿están condenados
a renunciar a un futuro mejor?
A pesar que la edad límite para el
trabajo infantil es de 14 años, en
las conclusiones de la Conferencia Internacional
del trabajo, se establece que "el término
niño, debería aplicarse a
todas las personas menores de 18 años".
Y entonces
sigo pensando, me sigo preguntando y respondiendo,
que mientras esos chicos están en
la calle juntando las monedas para llevar
a su casa, mientras entran irremediablemente
en la marginalidad, el siguiente paso será
que alguien les ofrezca vender drogas, y
en las actuales circunstancias, ya no podrán
decir que no.
Entonces, comienzo a observar a mi alrededor,
y veo hombres y chicos con carritos de supermercado
juntando cartones y diarios para vender,
y a otros ofreciendo turrones a la salida
del banco, o peor aún, unos muy pequeños,
con un hermanito a cuestas, vendiendo estampitas
en el subte.
Todo eso en horas de la mañana, la
tarde o la noche...
¿Y la escuela?
El índice de deserción escolar
es aterrador.
En la miseria no hay tiempo de pensar en
la escuela, algunos van porque es la única
manera que tienen de comer por lo menos
una vez al día.
Otros ni siquiera eso. ¿cómo
van a ir, si ni siquiera tienen con qué
calzarse?
Y el calor,... cada
vez más intenso...
Pareciera que todo se nos pone en contra.
Siento que vivo en un país que es
como un barco a la deriva, no se sabe a
dónde vamos ni en qué puerto
quedaremos finalmente varados.
¿dónde está el país
que soñaron nuestros mayores, aquel
con igualdad de oportunidades y justicia
social?
Mis padres también
fueron "niños trabajadores";
haciendo tareas en la casa de los patrones.
Pero eran otros tiempos, tiempos de buena
cosecha, de esperanzas, y de oportunidades.
Crecieron, estudiaron lo que pudieron, trabajaron
y progresaron, y pudieron darme educación
y una vida digna. La misma que hoy yo puedo
darle a mis hijos; pero ellos, esos niños
descalzos, que duermen en las calles, que
revuelven la basura y comen de nuestros
desechos, ¿cuál es la vida
que les espera?
Es necesario
y urgente hacer algo.
Es necesario protegerlos y adoptar todas
las medidas tendientes a atender sus necesidades
básicas, como vivienda, alimento,
educación, así como las físicas,
emocionales y psicológicas.
Es imprescindible permitirles su integración
social.
A medida que avanza el desempleo, avanza
la pobreza, y también avanza la explotación,
apoyada en la extrema necesidad de esas
familias, en su ignorancia, en su desamparo.
No se crece
de espaldas a esa realidad.
No se crece
sin educación
No se crece
sin un futuro posible
Los niños
son el futuro, si no podemos resguardar
sus mínimos derechos, si no podemos
asegurarles un mañana mejor, con
la posibilidad cierta de que estudien y
se capaciten, no podemos pensar un país
mejor.
Un país
donde las posibilidades sean de unos pocos,
será un país de pocos, y esos
pocos no bastarán para hacerlo crecer.
Tenemos los
recursos naturales, tenemos gente capacitada,
tenemos un caudal inmenso de solidaridad
y ganas de reconstruir esta nación.
Luchemos para que cada vez menos niños
estén en la calle, y no trabajando
ni delinquiendo.
Luchemos nosotros, los mayores, para que
puedan vivir su vida de niños, sin
preocupaciones, ocupándose solamente
de lo que se ocupan los niños, de
jugar, de estudiar y de crecer...
Démosle
la posibilidad de pensar que tienen una
oportunidad, lejos de la calle y de la miseria,
para que también puedan tener la
esperanza de que otra realidad es posible.
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