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La película sobre el accidente de LAPA, o apuntes de una tragedia anunciada

     El comentario de esta película fue publicado en nuestro suplemento del mes de abril de 2004 y tuvo carácter de primicia periodística, con motivo del festival de cine independiente de Buenos Aires. Lo repetimos ahora, en vista del éxito obtenido luego de su estreno comercial, para que puedan leerlo todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de hacerlo en aquel momento.

WHISKY ROMEO ZULU

Argentina, 2003, 35 mm.
Dir: Enrique Piñeyro; Guión: Enrique Piñeyro; Fotografía: Ramiro Civita
Montaje: Jacobo Quadri; Prod.: Aquafilms
Protagonizada por: Enrique Piñeyro, Mercedes Morán, Alejandro Awada, Adolfo Yanelli, Carlos Portaluppio, Martín Slipak.

     El director, Enrique Piñeyro es aquel ex piloto de LAPA que ganó protagonismo en los medios de comunicación cuando sucedió la tragedia del avión de Aeroparque en 1999, por haber sido el autor de un memorando que había elevado tiempo atrás a las autoridades de la empresa, alertando sobre las fallas en los sistemas de mantenimiento y de seguridad y advirtiendo sobre lo que consideraba la inminencia de un accidente.
Desgraciadamente el accidente ocurrió, y la película ilumina a través de los meses inmediatamente anteriores, la vida de Piñeyro, su soledad y su obsesión por hacer oír sus alertas en un medio kafkiano, regido por leyes argentinas y controlado por entes argentinos.

     Whysky Romeo Zulú (WRZ, el código del avión caído) nos pone en la piel de Piñeyro-real, contado por el Piñeyro-guionista, encarnado en el Piñeyro-actor y dirigido por el Piñeyro-director. El montaje va paralelizando con distinta suerte cuatro momentos diferentes: la infancia del personaje, que explica su vocación y su tardía historia de amor, su vida en los años/meses previos a la tragedia, los momentos anteriores al despegue fatal y la investigación judicial posterior. Este juego de montaje y de diferentes tiempos narrativos se realiza exitosamente, mantiene la atención y el foco en todos ellos y no aburre ni pega saltos inverosímiles. El gran tema de la película es la ética. Los ejes sobre los que crece la historia son siempre dilemas morales: como en El informante (el film sobre las empresas tabacaleras que protagonizaron hace unos años Russel Crowe y Al Pacino), el personaje se ve empujado a tener que elegir entre el amor y la causa que defiende, entre la lealtad a la empresa para la que trabaja y la lealtad a la sociedad a la que pertenece (a la que le debe salud, seguridad, información). Al igual que en aquella película, un investigador es víctima de comportamientos mafiosos que lo sitúan ante otro dilema entre la seguridad de su familia y el deber. En ambos casos el protagonista se ve amenazado por el sistema mismo que lo transforma de acusador en acusado (de romper la ley en aquel caso, de insanía en WRZ).

     A pesar del afán autoreivindicatorio del director (contar esta historia con nombres y apellidos reales es su manera de tomarse revancha de todos, puesto que el único que sale bien parado es él), la historia está bien contada. Difícil de encasillar genéricamente, armada como un ensayo en clave de tragedia, las piezas se van sumando por qué el ex piloto tenía razón al anunciar la fatalidad del desenlace en su famoso memorando. Como en toda tragedia, los personajes no pueden escapar a su destino, cuya urdimbre es la corrupción, el afán de lucro a costa de la seguridad, el temor a perder el empleo, las luchas de poder inter e intra-gremiales, la desidia, etcetc. “Y bueno viejo, es la Argentina”, le dicen todos a Piñeyro-piloto como si eso fuera suficiente para lavar culpas, como si la argentinidad definida como la congregación de estas circunstancias nefastas, fuera el destino mismo del que no se puede escapar.
La explicación estructural como antesala del “no se puede hacer nada, somos todos víctimas”.

     La película se constituye así en un necesario alegato contra el desprecio por la vida por parte de los funcionarios y ¿profesionales? involucrados, contra la inercia y la indiferencia oficial una vez más en un tema sensible como la inseguridad, ahora no ya en la calle (o sí) sino en el aire, y gana sus mejores momentos precisamente cuando muestra lo que sucedía –y aún puede suceder- tras del mostrador de las empresas a la que entregá(ba)mos nada más y nada menos que nuestras vidas por un rato.
La suma de razones del accidente quedan muy claras, y lamentablemente, se sospecha que las causales que lo provocaron siguen latentes, más allá del enjuiciamiento a los principales directivos de LAPA. El mismo Piñeyro, en la premiere, confirmó desde su punto de vista, esta impresión.
No es una película triste, no tiene golpes bajos ni escenas truculentas. Pero no por ello es menos fuerte. Es para salir del cine con bronca y con la piel de gallina.
Josefina Sousa

 

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