Un
éxito notable obtuvo la fiscalia Nº
10 de la C.A.B.A., que se preocupo para que
la ingesta de bebidas alcohólicas fuera
nula durante la realización de los
Corsos en el Barrio de Boedo. Para el cumplimiento
de tamaña tarea, prohibió a
todos los comercios capitalistas y monopólicos
en el tráfico de alcohol (bares, confiterías,
vinotecas, grandes supermercados), que expendieran
esos artículos desde cuatro horas antes
de comenzado el Corso hasta una hora después
de finalizado.
Consecuencia
de esa sabia medida, pudo verse que familias
de distintas edades cenaban en los locales
gastronómicos o en sus veredas acompañando
la comida con fresca agua corriente o mineral,
gaseosas varias y los más osados con
vergonzante cerveza sin alcohol.
Afortunadamente,
también pudo verse una jovial juventud
que gozaba de las comparsas y la música,
paseándose por las cuatro cuadras del
Corso sobre la Avenida Boedo bebiendo directamente
de la botella o la caja, heladas cervezas
(con alcohol) o ricos vinos de la zona de
Cuyo.
Las bebidas
las obtenían, de pequeños quioscos
o supermercados de los denominados “de
chinos”, que son PYMES que bien se merecían
tener una oportunidad de luchar contra la
gastronomía apatrida. También
se preocupaban de tenerla en las bien provistas
heladeras portátiles que se encontraban
en las combis y colectivos escolares que transportaban
a algunas de las murgas actuantes, estacionados
estratégicamente a una cuadra del palco
oficial.
También debemos darle el merito que
le corresponde en este triunfo a las autoridades
de la Comisaría Nº 10 que primero
de forma verbal y luego por escrito, invitaron
(¿conminaron?) a los monopolios a la
veda alcohólica.
Gracias por
todo, y que sigan los éxitos.
Alberto Domínguez.
Nota
de la redacción:
En descargo de las agrupaciones boedenses,
a todos cuyos directores entrevistamos,
(ver
vínculo en esta misma página),
podemos dar fe de su preocupación
para que ningún integrante de las
murgas ingiriera alcohol durante el desfile.
Existen veedores que controlan el orden
y los organizadores de los corsos resultan
responsables en caso de infringirse el Reglamento
que rige pata todos ellos. Por eso el interés
de los mismos organizadores para evitar
desbordes como fue frecuente hace algunos
años y que, ahora, afortunadamente,
no se producen. Si entre el público
hubo consumo de bebidas alcohólicas
es algo dificil de evitar. Lo vemos todas
las noches de todos los días en cualquier
umbral de Buenos Aires. Concordamos con
el lector sobre el exceso que significa
no permitir en los restaurant cenar con
vino o cerveza o de ir al supermercado a
las cuatro de la tarde y encontrarse con
todas las góndolas tapadas (experiencia
personal). Estas restricciones resultan
tan odiosas como los controles de precios.
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