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La infancia en el contexto escolar

 
 


    La actual transformación de la infancia trasciende a las familias, al sistema educativo, a la escuela y por ende a la sociedad en su conjunto.

El mundo cibernético- que atrapa a niños y adolescentes de todas las clases sociales, en todo el mundo- es incierto, indisciplinario, caótico, múltiple, abierto y extremadamente heterogéneo, en tanto que habilita condiciones diversas en el acceso al conocimiento y a formas de saber.
Es así que las nuevas tecnologías actualizaron otros lenguajes: hipertextos en donde la imagen, la música y la narración constituyen instrumentos fuertes de gran trascendencia social.
No podemos dejar de asumir que la escuela ante todo esto, pone en jaque sus obsesiones disciplinarias y normalizadoras del viejo espíritu.
Si observamos a nuestro alrededor, nos damos cuenta que la sociedad aparece intensamente dualizada. La mayor parte de la infancia, encuentra en ella su encrucijada.

Por eso la escuela permite identificar sentimientos recurrentes:
? El dolor, relacionado, sin duda, con el drama social y la devastación.
? El desinterés por los contenidos y las experiencias escolares, que contrasta con la promoción de los nuevos ámbitos y su creciente receptividad.
El desinterés y el dolor están, muchas veces, vinculados con los problemas de aprendizajes y con la violencia, otra de las manifestaciones que desgarran, cada vez con mayor insistencia, a la escuela y a la sociedad. Tras una fachada de violencia es frecuente encontrar dolor, sufrimiento, la falta de sentido, el hastío; escenas invisibles en donde la impotencia implosiona.
El problema de la violencia va más allá de la escuela y su complejidad; excede sus posibilidades de intervención, aunque no deja de intervenir y proponer desde diversos lugares y actores sociales otras posibilidades de intervención. Las manifestaciones de violencia en la escuela resultan mucho más problemáticas y complejas cuando se analizan los nuevos contextos de pobreza y exclusión.
Hay que tener presente que la sensibilidad hacia la infancia tal como la conocemos hoy no existe desde siempre; es una creación histórica de aparición relativamente reciente.
La escuela- junto con la psicopedagogía y la medicina- fueron los lugares privilegiados desde donde se problematizó la infancia y se construyeron prácticas y discursos que transformaron el antiguo status del niño.
No obstante, la infancia de la modernidad está siendo profundamente transformada. La idea de un niño obediente y dependiente del adulto, ha comenzado a desaparecer. La infancia ha pasado a ocupar un lugar distinto en la relación niño/adulto. Los polos son:
? La infancia que ha podido acceder a los beneficios de la economía globalizada e hipertecnificada (cable, internet, dvd, computadoras, etc)
? La infancia que ha quedado excluida o marginada (pobreza extrema, vidas en asentamientos, chicos de la calle, etc)
Por ello, el niño comienza hoy (cada uno desde vías diferentes) a delimitar, un lugar distinto, en relación al saber, en tanto, progresa una desvalorización de ciertas figuras tradicionales del adulto (padres, maestros, etc) y todo esto también se considera en las instituciones escolares.
Varias investigaciones recientes han señalado el poder que ha tenido el discurso de la psicología y la psicopedagogía en las reformulaciones actuales de las identidades infantiles. Además todo el paisaje ha sido transformado y con él todo un conjunto de espacios, territorios e instituciones que configuran el nuevo lazo social. Ahora se trata de cuidar y estimular su creatividad, sus manifestaciones, sus ritmos, estilos, derechos y sus necesidades.
La escuela, que históricamente ha tenido dificultades para incorporar las identidades y los saberes que los niños construían fuera de ella, ha visto ampliada dicha dificultad tras la emergencia de estos contextos. Así y todo la escuela es aún uno de los espacios privilegiados en donde se constituye la identidad de los niños.
No podemos desconocer que la escuela aparece, muchas veces, reformulada tras una experiencia que conjuga la enseñanza con una ética y una sensibilidad, superadora de nuevas experiencias. Asimismo despliega una multiplicidad de gestos, miradas y palabras que expresan el reconocimiento o el rechazo. De gran importancia es también la confianza del docente en las posibilidades de aprender del niño cuando se vincula con su reconcimiento, y también con el amor, muchas veces dejado de lado.
Por eso es valiosa la deconstrucción de las escenas donde se expresan los problemas escolares, de esta infancia actual, para posibilitar hallar los componentes de la trama de producción de los mismos y, a partir de estos, es posible abrir caminos para construir las estrategias de prevención de dichas escenas. Hay que dejar de separar las causas y los efectos, y dejar de pensarlas a partir de una relación lineal.

Mariela Méndez


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