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La enigmática historia detrás del café Hansen

La enigmática historia detrás del café Hansen

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El mítico bar de Palermo posee una historia oculta que merece ser desentrañada. El lugar donde se prohibió el tango El Esquinazo y sus razones que lo llevaron a convertirse en el café más enigmático del momento. Los detalles.

El Café Hansen se encontraba en el barrio de Palermo ubicado sobre la Avenida Sarmiento. Fue fundada por un alemán inmigrante que lleno de sueños e ilusiones de futuro se traslado a nuestro país.

El enigmático lugar poseía una extraña dualidad. Por un lado era considerado un lugar de encuentro vecinal donde las familias podrían compartir un rico almuerzo, mientras que de noche el bar era considerado el mejor refugio de malevos y guapos.

El Café Hansen fue el escenario de muchas actuaciones de cine  siempre aparecía en escena. Sin embargo fue demolida en 1912.

Hasta la actualidad muchos consideran al lugar como el refugio inicial del tango, aunque de esto no existan evidencias.

Johan Hansen, el alemán que fundó el lugar, ocupo los terrenos que le habían pertenecido a Juan Mnauel de Rosas para abrir el restaurant.

Al principio el lugar era precario pero muy popular. Luego de que el Gobierno obligara al inmigrante a trasladar el restaurant estos tuvieron que mudarse a la actual Avenida Sarmiento.

El lugar funciono ahí con su hasta su demolición definitiva pero conservo su esencia inmediata incluso en su nuevo sitio.

Deshacerse de la historia y estilo del lugar no fue tarea fácil. El espacio era el preferido por los cantantes que daban inicio al ritmo tanguero argentino Allí se tejió parte de la historia del tango indudablemente.

Cuando Hansen fallece Anselmo Tarana se encarga del lugar.

El  restaurant continuó alimentando aquella dualidad de casa de familias por día  espacio de malevos de noche.

El patio de baldosas blancas y negras, típica decoración de la época era el entretenimiento más feliz de los niños que acudían con sus familias a disfrutar del almuerzo luego de un día de parque.

Un pasaje obligatorio y  pintoresco adornado por plantas de diferentes especies dentro de la Ciudad de Buenos Aires.

Sin embargo a partir de las 20hs el lugar cambiaba de cara. Malevos, gaviones o adolescentes  rebeldes ocupaban las mesas y sillas del lugar.

Hubo testimonios de grescas graves donde el puñal y las pistolas eran protagonistas. El tango de fondo, aunque no se permitía bailarlo.

El compositor Angel Villoldo estrenó su magnífico El esquinazo en el Hansen. Los clientes del lugar acompañan con aplausos, taconeos en el piso y golpes sobre la mesa. El público aumentaba la temperatura con esta milonga y pedían bises: llegaron a tocarse siete veces en una misma noche. El golpeteo rítmico que acompañaba al endiablado tango, como lo definió Pintín Castellanos, pianista y compositor uruguayo, creció hasta convertirse en golpes de vasos, copas y hasta sillas que volaban por el local. Anselmo Tarana, el dueño, cansado ya de tantos destrozos hizo poner un cartel que decía: “Terminantemente prohibida la ejecución del tango el esquinazo. Se ruega prudencia en tal sentido”.

Ya cerrado el negocio, el Café Hansen fue evocado por tangos como Tiempos Viejos, con letra de Manuel Romero, o el Fueye de Arolas de Héctor Marcó. El “chupping-house” de Palermo, como lo definió el periodista Félix Lima, acompañó el crecimiento inicial del parque Tres de Febrero como lugar de recreación para los porteños, convirtiéndose en un hito de la historia de Buenos Aires.

 

 

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