Por
Rodolfo Virginio Leiro
Tal vez, uno de los elementos
más antiguos y más útiles
de la humana criatura, que se ha prolongado
hasta el presente y se presume imprescindible
para el futuro, con caracteres de imperial
necesidad.
Podría constituir,
acaso, una de las “Postales del ayer”
más entrañablemente significativas.
Si hurgamos en cualesquier
diccionario de la lengua española,
nos dirá, palabra más, palabra
menos:
“...pasta que resulta
de la combinación de un álcali
(base) con los ácidos del aceite
u otro cuerpo graso....soluble en agua....”
Me sugiere, acaso, que una
pregunta fundamental sería aquella
que nos llevara a conocer como se higienizaban
las antiguas culturas que asilaron a la
humana criatura.
Investigando, llego
a saber:
Seiscientos años
A. de C. los fenicios fabricaban jabón
con ingredientes sorprendentemente parecidos
a los actuales.
¿Y más
antes?
Acaso, las palabras atribuidas
a Homero nos aclaren algo al respecto:
“Descendieron del
carro para entrar en el agua azul. Arrojaron
la ropa en el arroyo y la hollaban rivalizando
en gracia y belleza.”
Frase referida a Nausícaa
y sus doncellas lavando la ropa.
Recordaremos que Nausícaa
es un personaje de la Odisea, como “Princesa
Feacia” (de Feacios, pueblo de una
Isla no identificada que Homero nos presenta
quizás como fantasía con el
nombre de Eskeria).
Nos hemos olvidado del jabón
y a él tornamos:
Muy especialmente el de
tocador para la higiene y belleza corporal.
A estar a las referencias
que obtengo, los Egipcios concedían
una importancia fundamental, casi superlativa,
a sus cuidados personales.
Empleaban generalmente pomadas
y compuestos con substancias provenientes
de la resina y aceites aromáticos.
En Roma, los “Termas”,
edificios de sugestiva suntuosidad, para
reuniones de filósofos, poetas, etc.
Con aposentos divididos
para mujeres y hombres.
Se supone, con fundamentos
sólidos de los pacientes investigadores
en tan agradable tópico, que no faltaban
los baños fríos, calientes
o de vapor.
Los ungüentos de extrema
fineza fabricábanse con sustancias
resinosas que brotaban generosamente de
tajos efectuados con cierta maestría
en los troncos de distintos árboles.
Los aceites aromáticos,
en cambio, se extraían de las semillas
y entre los mas conocidos, que inclusive
se utilizan en la actualidad, podríamos
mencionar la mirra, el jengibre, el laurel
y el incienso u olíbano (aceite del
Líbano).
En la cautivante y sugestiva
Francia, cuna indesmentible del Zorzal Criollo,
don CARLOS GARDEL, mas precisamente en PARÍS,
detrás del Museo Gluny, se encuentran
las ruinas de las termas y en Roma, las
Termas de Caracalla.
Según PLINIO EL ANTIGUO
(Cayo Plinio, segundo naturalista latino
que feneció en la famosa erupción
del Vesubio el año * 79 * 23/79 D.de
C.*), los Romanos ya conocían el
arte de fabricar jabones y es dable consignar
que en Las Ruinas de Pompeya, se encontró
un taller completo de jabonería.
Para finalizar esta breve
si que cautivante reseña sobre la
antigüedad del uso de este elemental
auxiliar del mundo moderno, podríamos
agregar que, la palabra
Jabón
designa toda composición
que se obtiene sometiendo un cuerpo graso
solidificable, como el sebo y el aceite,
a la acción macerativa de un álcali
como la soda.
El jabón de tocador,
continúa siendo en la actualidad
uno de los elementos indispensables para
la cotidiana higiene que no falta en ningún
hogar y hasta es el necceser ambulante de
nuestras distinguidas y atrayentes féminas.
Los perfumados mantienen
una preferencia singularmente destacable,
por la riqueza de su aroma, su suavidad
al tacto y la agradable sensación
que nos identifica con su uso.
El “pan de lavar”
común para la higiene de ropa, mantiene
vibrantes guarismos de fabricación,
lo que certifica su generalizado uso.
Las modernas máquinas
de lavado comúnmente conocidas como
“Lavarropas”, utilizan polvos
especialmente adaptados a su funcionamiento.
El jabón, muy especialmente
el de tocador, constituye en consecuencia,
uno de los elementos peculiarmente atrayentes
que se han prolongado con el correr de las
centurias, hasta nuestros días, con
muy escasas variaciones.
Al ingresar al privado cenáculo
de la higiene, me suele dar la impresión,
que me invita sin palabras, a contagiarme
de su aromática presencia.
(*) Publicado por gentileza
de su autor. De su obra inédita “Equirlas
de Musas”. Depósito en custodia
de obra inédita Nº 742705
www.nuevociclo.com.ar
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Propia
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