GUERRA DE MALVINAS. PAGINA DE
GLORIA
DE NUESTRAS FUERZAS ARMADAS
El 14
de junio se cumplirán 24 años del doloroso
momento de la capitulación del General Mario
Benjamín Menéndez ante el General británico
Jeremy Moore, poniendo fin al conflicto armado, pero
sin arriar las banderas de la soberanía sobre
las islas, que perdurarán por siempre.
No interesa
aquí buscar culpables a quién endosar
la responsabilidad de la guerra. No los buscó
el pueblo, ni el periodismo, ni la clase política
ni la dirigencia gremial en aquel 2 de abril en que
los corazones argentinos latieron más fuerte
que nunca. El mismo día que nuestro país
ofrecía su primer héroe a la epopeya:
el capitán de navío Pedro Giachino.
El valiente
comportamiento de nuestros soldados, sin distinción
de grados ni de armas (salvo un pequeño número
de ellos), superando insuficiencia de medios y toda
clase de privaciones, ofrecieron al mundo el ejemplo
de un heroismo inigualable. Solo pocos días antes
del último ataque inglés, nuestros aviadores
hundían los buques HMS Sir Galahad y LCU Foxtrot,
dejaban fuera de combate al HMS Sir Tristram, averiaban
al HMS Plymouth y derribaban 4 aviones 4C y, finalmente,
el 12 de junio un Exocet de ARA disparado desde la costa
averiaba al Glamorgan, dejándolo fuera de combate.
Como homenaje
a los siempre recordados Héroes de Malvinas,
como homenaje a los muertos y heridos y como reconocimiento
a quienes tuvimos la suerte de ver regresar a nuestras
costas , nuestros Veteranos de hoy, dedicamos este texto,
epílogo del libro “Memorias del Comandante
del Grupo de Batalla de Malvinas” Almirante Sandy
Wooward – Cien Días, Editorial Harper Collins
Publishers, 1992, London, p. 348, reproducido en “Malvinas,
La batalla aérea”, de Pio Matasi, Editorial
Halcón Cielo (e.f.)Bs.As., 1992.
“En
los años que siguieron a la cesación de
hostilidades en el Atlántico Sur, muy a menudo
he escuchado decir: “Qué fastidiosa esta
pequeña guerra…¿no es cierto?.
Muchas veces uno ha oido comentar cuánto más
dura fue la guerra en Irlanda del Norte, Malasia, Corea,
Kenia, etc., en las que las cifras de muertos alcanzaron
niveles de 800 hombres, en comparación con los
250 británicos que cayeron en las Islas Falklands
(Malvinas) y sus alrededores en 1982…
La diferencia está en que, esta vez, los perdimos
en sólo seis semanas y no en un período
que duró años.
“Durante esas seis semanas yo perdí cerca
de la mitad de los destructores y fragatas con las que
comencé”.
La proporción de pérdidas humanas fue
particularmente alta; más de diez veces superior
a lo que nuestras Fuerzas Armadas habían sufrido
en cualquier otro teatro de operaciones después
de la Segunda Guerra Mundial.
La comparación
con otros conflictos, en que intervino Gran Bretaña,
en los últimos 40 años, escasamente hace
justicia a la bravura de los hombres que lucharon en
esta guerra, una de las más sangrientas en mucho
tiempo, con nuestra Armada Real (Royal Navy) soportando
lo peor de ello.
¿Fastidiosa?... Sí, ciertamente lo fue.
Pero…¿Pequeña?... No les pareció
así a aquellos que debieron soportar las oleadas
de los (caza) bombarderos argentinos atacando en el
Estrecho de San Carlos. Ni, ciertamente, a los que debieron
luchar contra los incendios (en los buques) emparchados,
rescatar a los heridos, sepultar a los muertos…y
después esperar el próximo ataque (aéreo)
en tensa y silenciosa actitud.
La única cosa “pequeña” en
esta guerra fue el número de militares británicos
directamente envueltos (unos 25.000) y por supuesto
el tiempo que duró la lucha (sólo seis
semanas). Pero esas semanas tuvieron días y en
ocasiones horas que parecieron una eternidad para quienes
estuvieron allí.
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