Mariano
Boedo: Desde siempre hemos escuchado contar,
al referirse al Patrono del barrio, que
el prócer fue vicepresidente del
Congreso de Tucumán y que, en tal
condición firmó el acta de
la Independencia, Pero no van los dichos,
al evocarlo, mucho más allá
de algunos antecedentes pre y posteriores
a la fecha. Por la importancia que esta
página ha ido adquiriendo, por los
más de 300.000 visitantes que llegaron
a recorrerla, hemos creído importante
incluir ahora una investigación realizada
por el Dr. Eduardo Giorlandini, para la
Junta de Estudios Históricos del
Barrio de Boedo, que gentilmente nos fue
facilitada para su difusión. El lector
encontrará un pormenorizada y documentada
información sobre la historia de
vida no solo de Mariano Boedo, sino también
de otros miembros de su familia, todos volcados
en el proceso de formación de nuestra
nacionalidad, incluyendo la discutida historia
de Damasita Boedo.
MARIANO
BOEDO
por Eduardo Giorlandini
Salta, al tiempo
de Boedo
Como es muy sabido, la región del
noroeste de la Argentina, en la que se halla
Salta, fue un ámbito geográfico
en el que tuvieron lugar gestas relevantes
en nuestra historia; sus gentes fueron protagonistas
de las hazañas cumplidas para la
Independencia. Martín Miguel de Güemes
es el prototipo de la heroicidad de la región
y de la provincia.
Con la reforma política realizada
por el Directorio en el año 1814,
se conformó la provincia de Salta,
a la que después se le quitaron territorios,
particularmente los que corresponden a Jujuy.
El nombre
Expresa Germinal Nogués (ver bibliografía)
que el nombre del barrio de Boedo, a diferencia
de lo que ocurre “en otros lados”,
no responde a ninguna de las características
de la zona; Boedo era el apellido de Mariano
Joaquín. No es la fuente exclusiva
que menciona a Mariano Boedo con un segundo
nombre, el de Joaquín, pues la señora
directora del Instituto Histórico
de la Ciudad de Buenos Aires, en el informe
oficial que me hiciera en el año
2002, menciona a Mariano Joaquín
Boedo (1782-1819), según “el
Plano Municipal de Obras Públicas
y Memoria Municipal”. Dicho sea de
paso, también informa que: “El
Dr. Mariano Joaquín Boedo... jurisconsulto
salteño, que estudió en la
Universidad de Córdoba y Charcas,
fue secretario de la Real Audiencia y compañero
de Mariano Moreno, participando activamente
en la gesta de Mayo y en el Congreso de
Tucumán como diputado por Salta.
Murió en Buenos Aires, en 1819”.
El informe fue suscripto por Liliana Barela.
En una mayoría de fuentes figura
solamente un nombre, el de Mariano. No se
halla registrado en los atlas, mapas y otras
fuentes –incluyendo la guía
de números postales– el nombre
de Boedo, en la provincia de Salta; quiero
decir, de otro modo, que no hay pueblos
o ciudades que recuerden a Mariano Boedo.
La ciudad de Buenos Aires lo evocó
y Homero Manzi difundió e inmortalizó
el nombre con la letra del tango Sur, que
tiene música de Aníbal Troilo:
San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo,/Pompeya
y más allá la inundación.Y
también estos versos: San Juan y
Boedo antiguo, cielo perdido,/Pompeya y
al llegar al terraplén.
Mario Sabugo, al comentar
el nombre del barrio, expresa que Boedo
es uno de esos barrios privilegiados, de
tanta tradición y ´pergaminos´,
que abruman e imponen respeto; y si bien
el origen de su nombre está vinculado
con el prócer, esto es una referencia
diluida por el mismo barrio, que fue, al
final, más famoso que su “padrino”,
porque se ocupó de definirse por
su propia cuenta. Y agrega esto: “Boedo
consiguió ser (como se lo hubiera
reclamado Hegel, en caso de haber ´parado´
en el barrio) no solamente Boedo-en sí,
sino también Boedo-para sí.
Empero, Vicente Bove, invocando al barrio,
le rinde “himnos triunfales”
en el poema que le dedica:
MARIANO BOEDO
En la historia grabada eternamente
y en el recuerdo de la patria santa,
la figura del prócer se agiganta
y es un rayo de sol resplandeciente.
Su palabra, en la Junta
fue un torrente
de libertad, que el corazón levanta,
y vio un día abatir ante su planta
al orgullo oprobioso, prepotente.
No solamente en pedestal
se admira
su figura ejemplar que el bien inspira
que la patria hace honor a su memoria,
revive en las conciencias
e ideales
y su barrio le rinde himnos triunfales
como un tributo de suprema gloria.
El barrio
He exteriorizado en esta obra sobre Mariano
Boedo algunos rasgos y substancias con los
que se hace ostensible su personería;
no son todos, ni siquiera una mayoría,
sino una modesta muestra.
Hablar de Boedo es hablar de tango, de Manzi,
del Club San Lorenzo, de una barriada con
historia y leyendas, anécdotas y
colorido, literatura y arte popular; es
hablar también de un sistema de valores
y de ideas.
Lo es también de una “eterna
bohemia”. Poetas, escritores, pensadores,
peñas, hombres que en casos fueron
anarquistas –pacíficos, cristianos
y “azules”– o socialistas.
La cultura popular se amasó en el
café, el teatro, el bar, el boliche,
el santuario escondido, el local de la FORA
y en el Ateneo Popular, la peña o
la calle.
Está delimitado por Sánchez
de Loria y las avenidas Independencia, Caseros
y La Plata. Compuesto por 180 hectáreas.
Surgió administrativamente en 1968,
el 11 de junio, por ordenanza municipal
23.698, separado de Almagro, pero su realidad
social y espiritual tiene más de
un siglo, en el momento en que el trazado
de las primeras calles permitió unir
el bajo de la ciudad con la actual avenida
General Paz. Hasta 1880 el barrio era un
lugar de quintas. Comenzó su transformación
en 1897 y desde 1910 aparecieron los típicos
cafés.
Amaro Villanueva, nuestro querido amigo
y maestro, definió a Boedo en unos
pocos versos, titulados Boedo: Barrio misho
y anarquista/ con Betinoti y su viola,/
se abacanó de parola/ con la merza
vanguardista,/ versolari y populista,/ ñoracompa
de Zola,/ que creó de nueva ola:/
la oleada sanlorencista”.
Presencias del nombre
Literarias
Polémica o no, intención humorística
o no, pasatiempo o rencilla entre “escritores
que irrumpían bulliciosamente en
la vida literaria”, debería
aceptarse seriamente que los grupos Boedo-Florida
protagonizaron un lapso importante y representativo
de la literatura argentina.
Más que eso todavía Boedo
significó una relevancia literaria,
la expresión del compromiso con la
persona. Toda literatura es social pero
la de Boedo, sobre el cimiento del realismo,
asume la ideología de la justicia
social, de valores humanos y valores jurídicos,
en tanto que auspiciaba las reivindicaciones
sociales. Antes de ahora expresé
que, más allá de asumir una
ideología de izquierda, se trató
de una ideología arrabalera, la del
arrabal, del barrio, al plasmar la necesidad,
el dolor, los sentimientos y afectividades
de la gente del barrio, de la periferia,
como exteriorización de vastos contingentes
humanos. Se ha dicho: “Alrededor de
la revista Los pensadores (1922), y sobre
todo Claridad (1926), fue decantando así
la primera experiencia orgánica de
literatura social conocida en Argentina”.
Y “entre los escritores cuyas obras
iniciales muestran una decidida lealtad
a los objetivos del grupo Boedo pueden citarse
a Elías Castelnuovo, Leónidas
Barletta, Alvaro Yunque, Gustavo Riccio,
César Tiempo y Roberto Mariani. A
este último se debe la más
lúcida caracterización de
las diferencias que separaban los modos
de interpretar la literatura por los grupos
de Boedo y Florida”.
Con motivo de este grupo, el de Boedo, humor
mediante, se produjo una derivación
del nombre. Algunos lo habrán considerado
proclive a la literatura rusa y Enrique
Méndez Calzada llamó a los
escritores de Boedo “los de Boedowskaia”.
Yo no sé exactamente si el remedo
de los versos de Carlos Guido y Spano que
hizo César Tiempo, fue una respuesta:
He nacido en Ekaterinoslav/¡Qué
me importan los desaires/ con que me trata
la suerte!/ he nacido en Ekaterinoslav/
¡Argentino hasta la muerte!
Así, pues, no debe negarse el sentimiento
barrial, porteño y argentinista de
los escritores de Boedo.
Instituciones socio-culturales.
Peñas
No es nuestro propósito hacer un
recuento o evaluación de todas las
instituciones del barrio, de los nombres
de las calles, escritores, etcétera,
sino resumir los antecedentes que coadyuvaron
a afianzar el nombre.
He tomado como ejemplo significativo la
peña Pacha Camac, que como lo escribió
Aníbal Lomba fue “uno de los
centros irradiadores de cultura más
generosos e importantes que tuvo la ciudad”
y que “constituyó la continuidad
del ciclo que iniciaron los escritores,
poetas y plásticos enrolados en el
grupo de Boedo y basamento del Teatro Popular
José González Castillo.
El acta fundacional de la Peña es
del 30 de julio de 1932; fue suscripta por
artistas y amigos de las artes, reunidos
en el local de la calle Boedo 868.
Letras de tangos
La cantidad de letras alteraría el
propósito de esta obra si las transcribiéramos
en forma completa. De este modo, solamente,
haré algunas referencias y escribiré
algunos versos, para dar una muestra representativa,
aunque el tango Boedo, con letra de Dante
A. Linyera y música de Julio De Caro,
merezca su inclusión completa:
BOEDO
Sos barrio del gotán
y la pebeta,
el corazón del arrabal porteño,
cuna del malandrín y del poeta,
rincón cordial,
la capital
del arrabal.
Yo me hice allí de corazón
malevo
porque enterré mi juventud inquieta
junto al umbral en el que hoy la pebeta
ya no me espera
para chamuyar.
II Parte
Boedo, sos como yo,
malevo como es el gotán,
abierto como un corazón
que ya se cansó de penar.
Lo mismo que vos soy así,
por fuera cordial y cantor,
a todos les bato que sí
y a mi corazón le digo que no.
I bis
Sos como yo de milongón... Un cacho
del arrabal en su emoción del lengue,
ande el gotán provocador y macho
hoy es el Dios,
nuestro señor
del berretín.
¿Qué quiere hacer esa fifí
Florida?,
si vos ponés tu corazón canyengue
como una flor en el ojal prendida
en los balcones
de cada bulín...
También amerita la
inclusión íntegra –para
enriquecer la trascendencia del nombre-
de los versos del tango Florida del arrabal,
letra de Dante A. Linyera (Francisco Rímoli)
y música de Ricardo Luis Brignolo:
Barrio de hacha y tiza,
papuso,
canyengue,
ande tuvo cuna la nueva emoción,
ande el alma rea sigue usando lengue
y el tango se tuerce como un bandoneón.
Barrio pinturero y canche´e
poetas,
ande los muchachos son como una flor,
ande se arremangan las lindas pebetas
que tienen los ojos en curda de amor.
Boedo, Boedo,
la calle de todos,
la alegre Florida
del triste arrabal,
decíle muy quedo,
decíle a la piba
romántica y papa
que ya va a llegar.
Batile que espere soñando
y alerta,
que sólo es un tango la loca ilusión,
que pronto el garabo se irá hasta
la
puerta
torciendo su pinta como un bandoneón.
Y entonces, Boedo papuso,
canyengue,
al ritmo rasposo de un dulce gotán,
verá a una pebeta que agita su lengue
cuando se despide de su gavilán.
Anota Romano sobre este
tema: “Versos cantados por primera
vez en 1928, en el café Germinal
de la calle Corrientes, por el dúo
Recio-Precona. El letrista empleó
el seudónimo Dante Linyera también
para firmar artículos en periódicos
y revistas como La canción moderna
(de la que fue confundador) y La cancha.
El hecho de cantarle a Boedo en los años
20 era ya toda una definición literaria,
confirmada por los versos lunfardos de Semos
hermanos (1928)”. Aclaro que este
título corresponde a un libro de
poesías del mismo autor Dante Linyera.
El motivo
No puedo dejar de decir aquí que
frecuentemente me encontraba con Julián
Centeya, generalmente en un bolichito de
calle Lavalle, casi Cerrito, y otras veces,
de noche, en las mesas de la vereda de Cerrito.
Me contó la historia de este tango,
de la letra, que varios años después,
viviendo yo en Bahía Blanca, publicó
en la revista Programa, de Radio Provincia
de Buenos Aires, de La Plata, que, estando
yo viviendo en Bahía Blanca, me hacía
llegar Juan Bautista Devoto.
En Boedo y México paraba El Mono
Castro, a quien tanto amó una mujer
llamada María, que supervivió
en esta historia, cantada por Pascual Contursi
y puesta en música por Juan Carlos
Cobián.
Debo aclarar que la tal “revista”
era, en realidad los programas que editaba
la emisora en forma de revista-libro y que
incluía artículos diversos.
Comunicacionales
Hablemos de comunicación social,
para incluir en el concepto libros, revistas,
folletos y medios de comunicación
social que existieron en la historia del
barrio y con lo cual también se cimentó
el nombre, el prestigio y su significación
en todo el país.
Como se advierte, entonces, todo ello no
puede ser parte del contenido de la presente
obra, que tiene otro desideratum, relacionado
con el personaje de nuestra historia argentina
del que se tomó el nombre
Empero, lo que el país conoció
más, históricamente, además
de la publicación de Claridad, fue
El alma que canta, cuya historia escribió
Aníbal Lomba. ¿Qué
argentino de ciudad, pueblo o poblado, de
aquellos tiempos no tuvo en sus manos un
ejemplar?
Sur
Ya citado al comenzar la obra, la mención
de San Juan y Boedo es hablar del corazón
del barrio. Éste adquirió
su renombre por toda su historia, desenvuelta
con vigor, afectividad y grandeza.
Hablar de Sur es hablar de Homero Manzi.
Se afirmó que hacia 1916 el tango
“gana nuevas plazas, desde el suburbio
al centro, y Boedo es un reducto revolucionario
de artistas y orilleros, mitad campo y mitad
ciudad” (Alen Lacano).
Como es muy sabido, Manzi recaló
en Boedo del modo que el espíritu
abierto de la comunidad boedense permite
generosamente que podamos pertenecer a ella
sin necesidad de haber nacido y vivido permanentemente
en el barrio, que perdona ausencias y hace
de cada y cualquier presencia leal y sentimental
una armonía sacada de una obra de
Pugliese.
Manzi engarza el barrio de Boedo en el contexto
de los barrios del sur, pero Boedo tiene
una fisonomía especialísima.
Continúa el sencillismo de Evaristo
Carriego y de José González
Castillo.
Referencias biográficas
Diversas fuentes lo definen como político
argentino, nacido en Salta, en 1782, según
carta al autor, del Arzobispado de Salta,
no se halla la constancia del nacimiento,
pero me informó que según
el libro Biografías, de Miguel Solá,
nació en Salta, en 1773.
“Hijo de don Manuel Antonio Boedo
y de doña María Magdalena
Aguirre, nació en Salta el 25 de
julio de 1782. Estudió en Córdoba,
en el Seminario Conciliar de Nuestra Señora
de Loreto, pasando luego a Charcas, donde
no pudo terminar su carrera, por dificultades
económicas de su familia, hasta 1805,
en que, gracias al cargo de secretario de
la Real Audiencia, logró reunir las
sumas que exigían los derechos y
recibirse de abogado. En Charcas fue compañero
y amigo de Mariano Moreno, siendo quizá
por esto que, encontrándose en Salta,
recibió del secretario de la Junta
de Buenos Aires, el nombramiento de asesor
del coronel Pueyrredón, nombrado
el 3 de agosto de 1810 gobernador intendente
de Córdoba. Al producirse en 1815
las diferencias entre Rondeau y Güemes,
y por reflejo entre Jujuy y Salta, a raíz
de no querer reconocer el cabildo de la
primera como gobernador legítimo
de la segunda a Güemes, Boedo fue nombrado
por éste agente ante el cabildo jujeño.
Desempeñó la comisión
con éxito, siendo reconocido en el
cargo su representado.
Su provincia lo designó luego, conjuntamente
con el coronel José Moldes y el doctor
José Ignacio Gorriti, representante
ante el Congreso General Constituyente que
se reunió en Tucumán en 1816,
siendo elegido vicepresidente del mismo
el 1º de julio de ese año. Hizo
causa común con su compañero
de representación coronel Moldes
por negársele la incorporación
al Congreso, siendo también uno de
los que votó la candidatura de éste
para director supremo del Estado. En enero
de 1817 ocupó la presidencia en turno
del Congreso, siendo reemplazado al mes
siguiente, como representante de su provincia
ante el mismo, por el doctor Juan Marcos
Salomé Zorrilla, removiéndosele
por lo tanto de su cargo, a la vez que se
reemplazaba a Moldes por el coronel Saravia.
Se trasladó luego a Buenos Aires,
donde falleció el 9 de abril de 1819,
a la edad de 36 años. Estaba casado
con doña Josefa Laser y era hermano
del teniente coronel Juan Ramón Boedo,
muerto en el asalto de Talcahuano, y tío
de los coroneles de milicias José
Félix y Mariano Fortunato Boedo,
guerreros del Brasil”.
Aníbal Lomba escribió: “Es
cosa probada, que cada vida es hija de sus
obras. No es necesario el hecho magnífico,
la hazaña que exceda el escenario
local, para que la historia juzgue y coloque
a cada hombre, en el sitio dilecto de hijo
ejemplar de la patria. Por el contrario,
la historia se teje también con la
labor callada de todos los días,
como si la patria fuera un gran panal donde
cada abeja lleva calladamente al mismo,
la miel que produce. Tal es el caso de Mariano
Boedo. Le tocó a este benemérito
salteño actuar en una época
particularmente difícil para la patria
y en todos los cargos que desempeñó,
sus dotes personales, su fervor patriótico,
su visión de estudioso, le permitieron
coronar con éxito las tareas más
difíciles”.
Lomba da datos precisos que coinciden con
las otras fuentes que he citado y transcripto,
total o parcialmente, según los casos.
Coinciden en cuanto al nacimiento, los estudios
y cargos, lugares del desempeño,
etcétera. Más, como acontece
de modo muy frecuente, tratándose
de historia de los albores de nuestra Nación,
algunos asuntos deberán continuar
investigándose para mayores precisiones,
pues la diversidad de datos o suposiciones
–también los míos- obligan
a tal provisionalidad. Uno de ellos es con
relación al nombre completo de la
mamá de Mariano Boedo; otro tiene
nexo con la motivación existente
para su nombramiento en la Real Audiencia
de Charcas (reconocimiento a sus dotes personales,
según Lomba, o su amistad con Mariano
Moreno, o ambas cosas); ejercicio efectivo,
en forma interina, del cargo de Gobernador
Intendente de Córdoba, etcétera.
Sobre esto último no he obtenido
fuentes mayores, pero en la voluminosa obra
de Antonio Zinny (ver bibliografía)
no menciona a Mariano Boedo como gobernador-intendente
y en su cronología sí aparece
Diego de Pueyrredón: “1810.
Don Diego de Pueyrredón, nombrado
por la Junta de Buenos Aires, el 3 de diciembre,
en cuya fecha se comunicó al Cabildo
de Córdoba le pusiese en posesión
del gobierno de la provincia. Gobernó
hasta febrero de 1811, que se instaló
una Junta Provisional gubernativa, por disposición
de la de Buenos aires, de fecha 11 del mismo
mes de febrero, que creó juntas provinciales”.
Lo más probable es que se haya desempeñado
como asesor de Diego de Pueyrredón.
El nombrado autor dice también de
Mariano Boedo que era impetuoso, apasionado
y vehemente. “Con esa vehemencia que
arde en las almas nobles, en favor de las
causas justas...”. “Se transforma,
como ha dicho con justicia un historiador,
en el númen de la revolución
del norte... Su inquietud no le permitía
afianzarse mucho en un sitio”. Y finaliza
sus referencias consignando: “Su admirable
temple lo lleva a redactar, días
antes (de su muerte), su testamento. En
él elige como sepultura la Iglesia
del Convento de San Francisco, donde descansan
sus restos. Su vida breve nos privó
de nuevos hechos. Pero en todas las oportunidades
donde le tocó actuar, Mariano Boedo
se perfiló indiscutiblemente como
un gran patriota, un estudioso incansable
y, por sobre todas las cosas, un vehemente
´hombre ejemplo´”.
Datos del acta de
matrimonio
Del acta de matrimonio de fecha 18 de febrero
de 1807 surgen una serie de datos que son
muy relevantes porque ratifican los suministrados
en la bibliografía y rectifican otros
al merecer mayor valor por su carácter
documental.
El matrimonio fue celebrado en Salta, en
dicha fecha. Al puntualizar aquí
las referencias, dejo también constancia
de que he aplicado normas de transcripción
de documentos (neografía), que utilicé
como transcriptor en el Archivo Histórico
de la Provincia de Buenos Aires, aprobadas
en un Congreso realizado en Córdoba,
y que su inclusión en la presente
obra no tendría sino interés
secundario o irrelevante, es decir: interesa
más mencionar algunas referencias
y no transcribir el texto, que, además,
presenta dificultades por la cantidad de
partes ininteligibles o vocablos abreviados,
como era costumbre en aquel tiempo. La reproducción
del acta en este libro podría tener
algún pequeño valor como ilustración;
reducida al formato de la obra resultaría
más difícil de entender todavía.
Se consigna que Mariano Boedo es licenciado
y abogado, graduado en la Universidad de
Charcas; “hijo legítimo del
finado Don Manuel Antonio Boedo y de Doña
María Magdalena Aguirre”. Hallando
yo indescifrable el nombre de la esposa
sí puede leerse que fue hija legítima
de Pablo Leser y de Manuela Del Carrillo.
Podría tratarse de un raro nombre,
pero por las letras que aparecen en casos
con claridad no he podido encontrar similitud
con nombres consignados en obras específicas,
relativas a nombres de personas.
Ese nombre se aproxima bastante a Janira,
el que aparece en la obra del Albaigés
Olivart, Diccionario de nombres de personas
–y no aparece en las muchas otras
que consulté sobre nombres. Sí,
en cambio, parece tratarse, dada la estructura
del manuscrito, es decir la morfología
gramatical de la época, de Javiera,
nombre que no aparece en los textos que
consulté; y digo que en apoyo de
esta interpretación así se
consigna en la recopilación y colección
de biografías dirigida por Leonidas
F. Acosta, Perfiles, aunque aquí
se anote el apellido como Lesser. En esto,
no tengo ninguna duda y así emerge
a primera vista del acta que el apellido
es Leser y no Lesser, con doble s.
Dichas obras de nombres que consulté
y que no cito en la bibliohemerografía
por no existir referencias concretas, además
de la citada precedentemente, son las de
Utilísima (presentada por Teté
Sandler); Editorial Victoria; María
Herminia Corrado; santorales y diccionarios
de la Biblia.
¿Su hija
Dámasa, drama y amor?
Damasita Boedo, hija de Mariano según
una fuente errónea. Había
quedado huérfana desde pequeña
y “sido criada por un tío,
en compañía de un hermano
suyo”. Escribe Armando Alonso Piñeiro:
“Ambos, empero, abandonaron la causa
unitaria y se pasaron al bando rosista,
siendo apresados por Lavalle. Damasita,
entonces, entrevistó al jefe unitario
para implorar por la vida de sus familiares,
pero Lavalle los fusiló. Enigmáticamente
–aunque en cuestiones del corazón
el razonamiento no cuenta–, la bella
salteña se enamoró de Lavalle
y lo siguió en sus aventuras”.
Esa fuente indujo a error; veremos que Dámasa
no era hija de Mariano y sí sobrina.
Los Boedo
En algunas fuentes –como anoté-
se ha tenido a Dámasa Boedo como
hija de Mariano Boedo. Hubo algunas otras
referencias distintas. Considero por mi
parte que de la unión de Manuel Antonio
Boedo y María Magdalena Aguirre,
nacieron José Francisco, Juan Ramón
y Mariano.
José Francisco Boedo y Aguirre se
casó con María Gerónima
Arias Castellanos y de este matrimonio nacieron
Dámasa, José Felix y Mariano
Fortunato. Seguidamente, anoto referencias
y compongo glosas de las biografías
o datos obtenidos de cada uno de los miembros
de la familia.
MANUEL ANTONIO BOEDO
Padre de Mariano Boedo
MARÍA MAGDALENA AGUIRRE
Madre de Mariano
JUAN RAMÓN BOEDO
Hermano de Mariano
JOSÉ FRANCISCO BOEDO
Hermano de Mariano
MARÍA GERÓNIMA ARIAS CASTELLANOS
Cuñada de Mariano
DÁMASA, JOSÉ FELIX Y MARIANO
FORTUNATO
BOEDO
Sobrinos
Veamos ahora algo de la biografía
de algunos de los miembros de la familia:
JOSÉ FRANCISCO BOEDO
No ha sido olvidado en la historiografía
salteña, porque jugó un papel
protagónico en la Revolución
y en el Cabildo local (de Salta) integrado
por José Francisco Boedo, enfrentado
con el gobernador intendente de Salta, coronel
Isasmendi. Una asamblea previa había
reconocido a la Junta de Buenos Aires, en
19 de junio de 1810.
DÁMASA BOEDO
De acuerdo con estas referencias precedentes,
Dámasa o Damasita, como se la llamaba
también, era sobrina de Mariano y
no la hija.
Nació en Salta, en 1818. como casi
toda su familia era rosista, pero se habría
pasado al bando unitario, tal como lo relató
Armando Alonso Piñeiro.
Se la ha considerado como “mujer romántica”
y “entusiasta de la causa unitaria,
conoció personalmente en Salta, en
1841, al general Juan Lavalle, a quien admiraba
como guerrero, compartiendo también
sus ideas políticas. Se ofreció,
entonces, para seguirle como un soldado
más en su ´Campaña Libertadora
y, cuando perseguido por Oribe partía
el general Lavalle, ella se incorporó
a las huestres del luchador contra Rosas
y, vestida con traje de varón, hizo
de centinela que cuidaba siempre la puerta
del aposento donde descansaba el general,
actuando también ella, al mismo tiempo,
como abnegada enfermera y costurera de las
tropas”.
Cuando muere Lavalle, amortajó su
cadáver y, luego, acompañó
el triste peregrinaje que condujo a Bolivia
los restos del “paladín”.
“Después, quiso seguir exilada
voluntariamente de su patria. Conoció
a su coprovinciana Juana Manuela Gorriti
y, como ella, se convirtió en educadora
de la juventud. Estuvo en Sucre, en La Paz,
en Coquimbo, en Lima y en Guayaquil, dedicada
a la enseñanza y a la educación
de los niños. Espíritu religioso,
abrazó el misticismo y quiso ingresar
como religiosa al Convento de Nazarenas,
de Lima, no pudiendo cumplir su propósito
debido a su mala salud. En 1880 regresó
a Salta, ciudad en la que murió,
sin que pueda precisarse exactamente la
fecha del fallecimiento (v.: César
Carrizo, Mujeres de la guerra civil: Damasita
Boedo, Rosario, 1937.)”.
JOSÉ FÉLIX BOEDO
Nació en 1808, en Salta. También
sobrino de Mariano y, reitero, hermano de
Dámasa. Se alistó en el ejército
de su provincia, siendo paje de guión
(el que llevaba el estandarte o pendón
del jefe militar) hacia el año 1821,
en el regimiento de caballería; asiste
a la rendición de la vanguardia del
general Olañeta, que mandaba el coronel
Marquiegui, en las playas de Río
Grande. Del Diccionario histórico
argentino (ver bibliografía), dirigido
por Piccirilli, Roman y Gianelo, extraigo
además las siguientes referencias:
“En 1825, y en calidad de alférez,
formó parte del batallón de
Cazadores de Salta que creó el comandante
José María Paz, y a las órdenes
de éste pasó al ejército
que organizaba el general Martín
Rodríguez en la línea del
Uruguay. Hizo la campaña al Brasil
y se encontró, con el grado de teniente,
en Ituzaingó, batalla en la cual
recibió siete heridas, siendo recogido
de entre los cadáveres”. Quedó
en San Gabriel, se restableció relativamente,
fue ascendido a teniente primero graduado
de capitán y pasó al Cuerpo
de Inválidos. Regresó a Salta.
Después del triunfo de Quiroga sobre
Lamadrid, emigró a Bolivia y aquí
vivió muchos años. Volvió
a su provincia y organizó las milicias
del departamento de Orán. En 1843
es comandante general de las fronteras salteñas.
En 1845 es gobernador de Orán, y
teniente coronel. En 1860 la Confederación
le reconoce el grado militar en el Ejército
Nacional. Se hizo cargo de su puesto en
las fronteras de Córdoba y San Luis
y en 1866 pasó nuevamente al Cuerpo
de Inválidos. Falleció en
Buenos Aires víctima de la fiebre
amarilla, el 10 de abril de 1870. Estaba
casado con Andrea Oliva, fallecida en Salta
en 1883 (ver bibliografía: Diccionario
histórico).
MARIANO FORTUNATO BOEDO
Es el otro hermano de Dámasa y, por
lo tanto, también sobrino de Mariano
Boedo. Nació en Salta el 16 de octubre
de 1803. Se incorporó a la milicia
siendo niño, como cadete. A los 13
años de edad ya era alférez.
A los 18 combate contra los españoles
en la frontera norte y en 1821 alcanza el
grado de teniente. Al mando del general
Gorriti, toma parte en las acciones de las
playas de Río Grande, en que cayó
prisionero del coronel realista Maquiegui,
Capitán de la 2º compañía
del escuadrón de Gauchos de Rosario
de la Frontera, en 1824. "Participó
en la guerra con el Brasil formando parte
del batallón Cazadores de Salta que
organizó el comandante Paz, con el
que se incorporó luego al ejército
de Martín Rodríguez y se encontró
en la batalla de Ituzaingó. En ella
un casco de metralla le arrancó la
mandíbula inferior, causa por la
cual, completamente desfigurado, quedó
entre los heridos que no pudieron abandonar
San Gabriel, y entre los que se encontraba
su hermano (ver supra). Solicitó
al restablecerse que se le pasara al Cuerpo
de Inválidos, cosa que obtuvo con
el grado de capitán, trasladándose
a Salta. En 1832, y a las órdenes
del coronel Latorre se halló en el
combate de los Cerrillos, y en 1834 apoyó
el movimiento separatista de Jujuy. Dos
años después el gobernador
Alemán lo designó teniente
de gobernador de la Puna y Jefe de la línea
de frontera. Con motivo de la guerra que
sostuvo la Confederación Argentina
contra el dictador Santa Cruz, se le nombró
primer edecán del general en jefe
del Ejército, Alejandro Heredia.
Siempre en las milicias de Salta llegó
al grado de coronel, actuando en las filas
federales. Cayó prisionero en 1841
por los unitarios, siendo remitido a Salta
a disposición del general Lavalle,
el que lo mandó fusilar en Campo
Santo, como lo comunica el 31 de agosto
de ese año Adeodato Gondra a Ángel
Pacheco, desde Santiago del Estero, en carta
que bajo el nº 2364 se conserva en
el Museo Histórico Nacional. Estaba
casado con doña Juana Fuensalida”
(ver Piccirilli y otros, bibliografía).
Este es el hermano de Dámasa, fusilado,
en el relato que hace Armando Alonso Piñeiro,
ya consignado, pero queda por aclarar todavía
cómo murió su tío Juan
Ramón, hermano de Mariano Boedo,
quien no habría fallecido por fusilamiento
de Lavalle sino en acción al frente
de su tropa.
Seguidamente transcribiré las referencias
que Piccirilli, Romay y Gianello (ver bibliografía)
dan de Juan Ramón Boedo, hermano
de Mariano y, ambos, tíos de los
anteriores referenciados.
JUAN RAMÓN BOEDO
También nacido en Salta, el día
30 de julio de 1783. Se alistó en
el ejército después de la
Revolución de Mayo. En 1812 es teniente
del regimiento de Húsares, y en 1813
se graduó de capitán, después
de haber estado a las órdenes de
Belgrano, en las batallas de Tucumán
y Salta. Luchó en Vilcapujio y Ayohuma,
cayendo prisionero de los realistas, y enviado
a las Casas Matas del Callao. Después
de tres años de padecimientos, logró
escapar y volver a Salta, para luego ir
a Buenos Aires, donde se lo ascendió
a sargento mayor de infantería, en
1817. Se incorporó al ejército
de San Martín, que se encontraba
en Chile. Fue destinado a las fuerzas que
operaban en Talcahuano, al mando de O´Higgins.
Marchó en auxilio de Arauco y triunfó
en la acción del río Carampangue.
Después colaboró con el teniente
coronel Freire en otra acción a orillas
del Tubul; se le dio el comando del batallón
3º de infantería de Arauco y
participó en el asalto a la plaza
de Talcahuano, el 6 de diciembre de 1817.
Formó parte de la columna del coronel
Las Heras, que debía ocupar el reducto
del Morro, siendo muerto durante esta acción.
Observo que, en la diversidad de fuentes
específicas sobre los Boedo hay innumerables
contradicciones. Me estoy refiriendo a las
fuentes bibliográficas. Es probable
que sean excusables, porque no se ha investigado
exhaustivamente al respecto la composición
y las relaciones familiares.
Por ejemplo, sumando más confusión
a tal aspecto, Muzzio (ver bibliografía)
dice que Mariano Boedo, el prócer
que dio su nombre a nuestro Barrio, fue
padre de José Félix y de Mariano.
Como hemos anotado más arriba, en
distinta obra, José Félix,
Mariano Fortunato (aquí hay un segundo
nombre) y Dámasa, eran hijos de José
Francisco Boedo y Aguirre y de María
Gerónima Arias Castellanos. Muzzio
incluye otros datos: que Mariano Boedo (nombre
del Barrio) se doctoró en leyes y
que desempeñó varias comisiones
al servicio de Güemes.
Wright y Nekhom (ver bibliografía),
luego de destacar que la familia Boedo aportó
varias figuras históricas distinguidas
al período de la independencia y
de las guerras civiles, afirman que Dámasa,
además de lo expuesto más
arriba, tuvo una personalidad multifacética:
no solamente combatió sino que fue
costurera y enfermera del ejército;
tuvo una vida religiosa y como educadora.
Coinciden esos autores en que Dámasa,
José Félix y Mariano Fortunato
eran hermanos. También coinciden
con otros autores en que Juan Ramón
Boedo era hermano de Mariano Boedo, pero
según los mismos autores, era el
padre de Dámasa, José Félix
y Mariano Fortunato (y no José Francisco
Boedo y Aguirre). Algunas referencias tienen
a José Francisco, Juan Ramón
y Mariano, como hermanos. Así, en
otro escorzo, Juan Ramón y Mariano
eran tíos de Dámasa, José
Félix y Mariano Fortunato. El entuerto
es esclarecido con las fechas de nacimiento
de cada uno de los personajes, lo que ayuda
a una conjetura ponderable. En este caso
debemos apelar a fuentes documentales (actas
de nacimiento, referencias de registros
de iglesias).
Estudiante en Chuquisaca
En el virreinato del Río de la Plata
existieron dos universidades. Una fue la
de Chuquisaca y la otra era la de Córdoba.
La primera tuvo enorme influencia en la
formación de una pléyade de
patriotas activos en pro de la Revolución
de Mayo. La ciudad de Chuquisaca había
sido fundada por Pedro Aranzares, marqués
de Campo Redondo, el 30 de noviembre de
1538, por orden de Francisco Pizarro, que
había adjudicado los territorios
de Charcas a su hermano Gonzalo. Aclaro
que la ciudad de Chuquisaca se llamó
sucesivamente La Plata, Charcas y Sucre.
El nombre de Charcas con que generalmente
fue denominada proviene de los indios charcas
que habitaban la región donde se
emplazó la ciudad y en ésta
la Universidad, que había sido fundada
en 1624 y donde estudiaron Mariano Moreno,
Juan José Castelli, Juan José
Passo, Bernardo Monteagudo, José
Darregueira, José Ignacio Gorriti,
Félix Ignacio Frías, Manuel
Moreno y Mariano Boedo, entre muchos otros.
Firmantes del Acta
de la Independencia
Además de Mariano Boedo, el acta
fundamental fue firmada por 28 legisladores:
Manuel Antonio Acevedo, Tomás Manuel
de Anchorena, Pedro Miguel Aráoz,
Eduardo Pérez Bulnes, José
Antonio Cabrera, Pedro Ignacio Castro Barros,
José Eugenio Colombres, José
Darregueira, Pedro León Gallo, Esteban
Agustín Gascón, Tomás
Godoy Cruz, José Ignacio Gorriti,
Francisco Narciso Laprida, José Andrés
Pacheco de Melo, Juan José Paso,
Pedro Ignacio Rivera, Fray Cayetano José
Rodríguez, Antonio Sáenz,
Jerónimo Salguero, Fray Justo Santa
María de Oro, Teodoro Sánchez
de Bustamante, Mariano Sánchez de
Loria, José Mariano Serrano José
Ignacio de Thames y Pedro Francisco Uriarte.
Boedo fue vicepresidente del Congreso.
¿Qué orientación ideológica
tenían los diputados? ¿Qué
características? ¿Cómo
podían ser ubicados sociológicamente,
en la estructura social de la comunidad?
Ernesto Palacio da respuestas generales,
sin especificaciones individuales; habla
de regla y excepciones.
Habla de pocos casos distintos al resto
de miembros “reclutados en la fracción
bien pensante y moderada de la burguesía
culta de las provincias interiores (reacción
contra los ´exaltados´ de la
Asamblea caduca), en gran parte clérigos”.
Estaban inclinados, en su mayoría,
a la prudencia y eran de propensión
conservadora y monarquista.
Vuelvo a consignar que Boedo pertenecía
al noroeste. Los representantes de esta
región tenían prevalencia.
Dice el autor citado que el patriotismo
local tenía más vigencia que
el nacional, pues apenas si había
nación: la patria era América...
o la aldea de las fronteras.
De los 29 legisladores –anota Alonso
Piñeiro-, en el Congreso de Tucumán,
había 17 abogados, 10 clérigos,
un funcionario y alguien difícil
de clasificar, como Tomás Godoy Cruz,
que era bachiller en filosofía, en
cánones y en leyes, además
de industrial y comerciante y, finalmente,
gobernador de Mendoza.
Su remoción
en el Congreso de Tucumán
El 26 de septiembre de 1816 y hasta el 8
de febrero de 1820, constan, en los “Apuntes
de la correspondencia y órdenes en
general del Congreso de Tucumán”,
a fojas 7 vuelta, que en el día 9
de noviembre de 1818, se le comunicó
al Señor Diputado Boedo la aprobación
de su remoción de representante de
Salta, por Secretaría (Acuerdo del
7 de ese mismo mes).
En los “Asuntos pendientes ante el
Congreso y nota de la fecha de sus despachos”,
del período 1817-1820, y bajo el
epígrafe “Cabildo y Junta Electoral
de Salta”, se consigna que el Presidente
de la Junta Electoral de Salta, en fecha
4 de octubre de 1919, puntualiza que quedan
salvadas las dudas que se ofrecieron sobre
la remoción del señor diputado
de aquella ciudad Don Mariano Boedo.
(Nota del autor del presente: para facilitar
la lectura de las fuentes las he transcripto
fielmente evitando la transcripción
literal, dadas las abreviaturas y la ortografía
usada en esa época).
Aclaro que en las fuentes que utilicé
(ver punto 2 de la Bibliohemerografía)
no aparecen las causas de la remoción.
Habiendo fallecido en 1819, es de suponer
que la remoción de Mariano Boedo
se haya debido a enfermedad y no a otra
causa.
Algunos antecedentes dan cuenta del desempeño
en el Congreso de Tucumán hasta su
muerte, pero las actas del Congreso que
cité son pruebas documentales indiscutibles.
Bibliohemerografía y Fuentes
1. Diccionario enciclopédico
abreviado; Espasa-Calpe, S.A., Madrid, 1957,
tomo II, página 114.
2. Documentos del Congreso de Tucumán;
Archivo Histórico de la provincia
de Buenos Aires, Documentos del Archivo,
tomo XII; La Plata, 1947; páginas
430 y 432.
3. Miguel Iusem, Diccionario de las calles
de Buenos Aires; Instituto Rioplatense de
Ciencias, Letras y Artes (IRCLA); Buenos
Aires, 1971, página 29.
4. Germinal Nogués, Buenos Aires,
ciudad secreta; Ruy Díaz-Sudamericana,
Buenos Aires, 1996, página 299.
5. Enciclopedia Clarín; VISOR Enciclopedias
Audiovisuales S.A., Buenos Aires, 1999,
tomo 4.
6. Atlas de la República Argentina,
“La Nueva Provincia”, Bahía
Blanca, volumen I, fascículo 8, sin
fecha.
7. Guía de números postales;
ENCOTEL (Empresa Nacional de Correos y Telégrafos),
Buenos Aires, 1976, página 39.
8. Homero Manzi, cancionero; Torres Agüero
Editor, Buenos Aires, 1977, páginas
96 y 97.
9. Armando Alonso Piñeiro, La historia
argentina que muchos argentinos no conocen;
Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1984, página
312, 516 y siguientes.
10. Ernesto Palacio, Historia de la Argentina.
1515-1835; A. Peña Lillo, editor,
Buenos Aires, tomo I, 1973, página
229.
11. César Carrizo, Mujeres de la
guerra civil: Damasita Boedo, Rosario, 1937.
12. Ricardo Piccirilli, Francisco L. Roman
y Leoncio Gianello, Diccionario histórico
argentino; Ediciones Históricas Argentinas,
Buenos Aires, 1953, páginas 601 y
siguientes.
13. Aníbal Lomba y Alicia N. Rodríguez,
Manual histórico geográfico
del barrio de Boedo; Junta de Estudios Históricos
del barrio de Boedo, Buenos Aires, 1998,
páginas 21 y 22.
14. Vicente Bove, Mariano Boedo; en Pasión
de Boedo Aires; Boedo 21, Realizaciones
Culturales, Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, 2000, página 16.
15. Mario Sabugo, Boedo; idem anterior,
página 208.
16. Adolfo Prieto, Diccionario básico
de literatura argentina; Centro Editor de
América Latina S.A., Buenos Aires,
1968, páginas 25 y 26.
17. Juan Jacobo Bajarila, La generación
de 1922; Bibliograma 51, abril-junio; Bibliograma,
Buenos Aires, 1976, páginas 9 y 10.
18. Eduardo Giorlandini, Hacia una ideología
arrabalera; en Memoria del Pensamiento Nacional;
Ediciones “Desde la Memoria”,
La Plata, año 7, edición 32,
junio a julio 1999, páginas 8 y 9.
19. Pedro Orgambide, Ser argentino; Temas
Grupo Editorial, Buenos Aires, 1996, página
115.
20. Dante A. Linyera, Boedo; en Tango, Roldán
(Santa Fe), diciembre de 1998, número
33.
21. Aníbal Lomba, Pacha Camac; Academia
Porteña del Lunfardo-Junta de Estudios
Históricos del Barrio de Boedo, Buenos
Aires, 1995, páginas 11 y 19.
22. Aníbal Lomba, El alma que canta;
Academia Porteña del Lunfardo-Junta
de Estudios Históricos del Barrio
de Boedo, Buenos Aires, 1998.
23. Julián Centeya, La noche que
estuve con Homero Manzi; LS11, Radio Provincia
de Buenos Aires, Programa 1971-julio-agosto,
La Plata, páginas 63 a 66.
24. Luis C. Alen Lascano, Homero Manzi,
poesía y política; Editorial
Nativa, Buenos Aires, 1974, páginas
18 a 21.
25. Noemí Ulla, Tango, rebelión
y nostalgia; Editorial Jorge Álvarez,
Buenos Aires, 1967, página 55.
26. María de Vedia, Boedo, cuna de
tango; La Nación, Buenos Aires, sección
6ª., 27 de marzo de 1999, página
16.
27. Enrique O. Sdrech, La eterna bohemia
de Boedo; Clarín, Buenos Aires, 25
de enero de 1999, página 48.
28. Amaro Villanueva, Lunfardópolis;
Academia Porteña del Lunfardo, Buenos
Aires, 1983, página 36.
29. Julio A. Muzzio, Diccionario histórico
y biográfico de la República
Argentina; Librería “La Facultad”
de Juan Roldán, Buenos Aires, 1920,
página 84.
30. Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom, Diccionario
Histórico argentino; Emecé
Editores, Buenos Aires, 1990, páginas
85 y 86.
31. Ricardo Piccirilli (ver punto 12 de
esta bibliografía), páginas
305 y 722.
32. Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina;
Editora Científica Argentina, Buenos
Aires, página 619.
33. Susana Cornejo Irasmendi, carta al autor
de esta obra, enviada por el Arzobispado
de Salta, el 28 de diciembre de 2001.
34. Eduardo Romano, Las letras del tango;
Editorial Fundación Ross, Rosario,
1991, páginas 146 y 147.
35. Eduardo Giorlandini, microprogramas
en L.u2 Radio del Sur (Bahía Blanca),
Sus tangos y el lunfardo; en Canal 2 (idem),
Lunfardeando; y Canal 7 (idem), Folclore
y Creciendo con Gardel, estos últimos
en programas conducidos por Oscar Pasquaré
y el anterior por Ricardo López.
36. Leónidas F. Acosta y otros, Perfiles;
Las Fronteras SRL, s.f.
37. Arzobispado de Salta, fotocopia autenticada
del Acta de matrimonio de Mariano Boedo.
38. Liliana Barela, en carta a Eduardo Giorlandini;
Buenos Aires, 16 de enero de 2002; Instituto
Histórico de la Ciudad de Buenos
Aires, Subsecretaría del Patrimonio
Cultural, Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires.
39. Antonio Zinny, Historia de los gobernadores
de las provincias argentinas; Administración
General “Vaccaro”, Buenos Aires,
1920, tomo 3, página 32.
El autor: El
autor, Eduardo Giorlandini, de profesión
abogado, actualmente residente en la ciudad
de Bahía Blanca, se domicilió
durante mucho tiempo en este barrio. Complementado
una reconocida actividad profesional, en
cuyo desempeño recibió distintas
distinciones, que incluye la cátedra
universitaria, la edición de libros
de su autoría y el dictado de conferencias
afines. Historiador, investigador, ha dedicado
muchos trabajos a su otra pasión:
el tango. Es Académico Correspondiente
de la Academia Porteña del Lunfardo
y también Miembro Correspondiente
de la Junta de Estudios Históricos
de Boedo, en la Ciudad de Bahía Blanca.
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