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INGRID: BIENVENIDA DE NUEVO AL MUNDO LIBRE

 
 

    Alguna persona se ha detenido a pensar, cerrando los ojos luego de leer la noticia, como puede ver una persona el mundo si es secuestrada violentamente y durante seis años debe vivir en la selva, alejado de sus seres amados, en continuo mal trato, tres de esos seis años encadenada, sin conocer un baño, mal alimentada, sin un gesto de amor, pensando siempre en la inminencia de la muerte, durmiendo en camastros o caminando durante días, sin atención médica, etc. etc.

     Hacerlo sería un buen ejercicio para tener una idea más próxima de este acto terrorista que únicamente seres con una gran reserva espiritual, con un infinito amor a Dios, pueden soportar sin enloquecer.
   Lamentablemente, todavía hay seres en el mundo, algunos muy próximos a nuestro país, otros en países lejanos, otros u otras quizás caminando nuestras propias calles, que han alentado a los causantes de tales actos de barbarie. No hace falta nombrarlos, ya que los periódicos (algunos) han destacado sus declaraciones.
Pero también en este mundo existen héroes. Y para referirnos a ellos hemos de tomar las palabras del periodista Diego Martínez, de El País, Calí, Colombia, que el pasado 4 de abril escribía:
Los héroes sí existen

Por: Diego Martínez Ll*.
Julio 04 de 2008
El País. Cali Colombia


     La gran moraleja que queda tras la liberación de Íngrid Betancourt y de sus quince compañeros de cautiverio es que Colombia es un país de héroes.
Lo triste es que muchas veces las fechorías que comete esa minoría de bandidos, que también tenemos, nos impiden ver las hazañas diarias que ejecuta esa masa inmensa de valientes.
    Decir que somos un país plagado de héroes no es un exceso patrioterista, producto de la emoción que da ver libres a esos seres a los que la manigua se estaba devorando. Los hechos lo demuestran.
La de la liberación de Íngrid fue quizás la única película en la que todos sus protagonistas son héroes. Los malos salieron de escena cuando la trama apenas comenzaba y por ello no alcanzaron ni la categoría de extras.
     Los primeros héroes que hay que mencionar son esos seres anónimos que concibieron y ejecutaron la Operación Jaque y cuya identidad jamás conoceremos.
     Héroes por haber tenido la osadía de urdir semejante plan que sin conocerse su desenlace debía sonar a la idea más descabellada del planeta. Mayor fue el heroísmo del que se llenaron para presentarle el plan a sus superiores. Y para convencerlos de la viabilidad del operativo. Por supuesto que la mayor prueba de valentía fue la que dieron en el operativo para reducir a los secuestradores y preservar la vida de los cautivos sin disparar un tiro. Su única recompensa fue la satisfacción del deber cumplido. Ellos siempre tuvieron claro que los méritos por su hazaña se los llevarían otros. Y esa generosidad los hace doblemente héroes.
     Héroes, también, los integrantes de la cúpula militar que asumieron el riesgo que implicaba poner a rodar el operativo. Porque así como hoy son héroes, perfectamente pudieron terminar como los peores villanos, si el operativo fracasaba o si en él perdían la vida algunos de los secuestrados. Haber corrido semejante riesgo los eleva de inmediato al olimpo del heroísmo.
    Y para héroes, el presidente Uribe. Cuyo mayor heroísmo ha sido mantener una línea frente a los terroristas a pesar del enorme costo político que genera chocar contra el legítimo temor y la explicable incomprensión de los familiares de los secuestrados. Pero que además tiene claro que el prestigio es para gastárselo. Por eso no duda en asumir riesgos si el fin lo amerita, como en el operativo de anteayer o como en la acción que culminó con la muerte de ‘Raúl Reyes’.
     Pero sin duda los más heroicos de todos son los secuestrados, por sobrevivir a años de vejaciones en una selva donde no existen el tiempo ni el espacio y en medio de la total incertidumbre.
Por ser valiente hasta la imprudencia, Íngrid Betancourt terminó secuestrada. Pero ella había demostrado su verraquera mucho antes de ese rapto: durante el Proceso 8.000, cuando fue una de las pocas voces dignas que se levantó en el Congreso para denunciar la filtración del dinero del narcotráfico en la política. Ya en cautiverio jamás se doblegó ante sus captores, que sólo pudieron controlar su irreverencia y sus ansias de libertad encadenándola como a una fiera.
    Íngrid, sus libertadores y sus compañeros de cautiverio le demostraron al mundo que en Colombia los héroes sí existen.
*Diego Martínez Ll. es el autor de Hugo, no te calles

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