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HOMERO MANZI Y EL LUNFARDO

 
 
     En la crónica presentada hace pocos días en este espacio sobre el acto realizado en el café “Esquina Homero Manzi”, en cuyo transcurso se presentó el programa de actividades elaborado por el Gobierno Nacional con motivo del “Año del Centenario del nacimiento de Homero Manzi”, hicimos una cita sobre la extrañeza que nos habían causado las palabras del Secretario de Cultura de la Nación, Dr. José Nun, al decir que el poeta no había empleado nunca el lunfardo en sus creaciones. Como era de esperarse, los dichos tuvieron rápido eco, máxime teniendo presente que se encontraban en el lugar cinco Académicos de la Academia Porteña del Lunfardo, algunos de ellos también Académicos de la Academia Nacional del Tango. Lo cierto es que las palabras del funcionario motivaron una nota oficial de la Academia Porteña del Lunfardo, firmada por su presidente, Prof. José Gobello, que al circular y hacerse pública nos permite su publicación entendiendo que no solamente tiene carácter aclaratorio sino que se convierte en un antecedente educativo, teniendo en cuenta la próxima apertura de un concurso sobre la vida del ilustre poeta, promovido por el Ministerio de Educación. Una vez más como primicia en los medios de comunicación, ofrecemos el citado documento a nuestros lectores.

     De mi mayor consideración:

     Expreso a usted el beneplácito de la Academia Porteña del Lunfardo por la iniciativa de honrar a Homero Manzi en el centenario de su nacimiento. El autor de Sur es uno de los grandes poetas de la ciudad.
     Como él mismo lo dijo, renunció a ser un hombre de letras porque su destino era escribir letras para los hombres. El tango –que es música, poesía y baile– se benefició de su talento. En realidad, produjo en el
tango una verdadera revolución literaria al prescindir de los torvos relatos de las letras primitivas para cantar tiernamente a los barrios de la ciudad y a los habitantes de esos barrios.

    Algunos patrocinantes de nuestra institución han asistido al acto inaugural, realizado en la Esquina Homero Manzi, y se asombraron de que usted, señor secretario, haya expresado allí la idea de que el
vate de Añatuya, para alcanzar el nivel cultural en que se ubica su estupenda obra, prescindió totalmente del lunfardo.

   Tal supuesta prescindencia no se ajusta a la realidad objetiva.
   Básteme recordar la letra de una milonga fundadora debida a su talento y al del gran Sebastián Piana, "Uso funyi a lo Maxera, calzo bota militar". El lunfardo no es el lenguaje obligado del tango, pero los
primeros cantables populares de los porteños se nutrieron en el lunfardo. Con dos palabras lunfardas comienzan las letras de tango: "Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida". Los tanguistas
actuales –Horacio Ferrer o Héctor Negro– recurren permanentemente al lunfardo que utilizan como un irreemplazable instrumento poético. Pero, más allá de estas observaciones, debo expresarle, señor
secretario, que si realmente cultura y lunfardo fueran incompatibles, habría que renunciar a lo mejor de la obra de Roberto Arlt y a las admirables novelas de uno de los mayores escritores argentinos de
todos los tiempos, Leopoldo Marechal.

     Mis funciones de Presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, que con León Benarós y Luis Soler Cañas fundamos hace cuarenta y cuatro años, me imponen estas observaciones que someto a su benevolencia. El gobierno de la ciudad, cuando lo ejercía el señor Grosso, fundó la Universidad del Tango, y entre los organizadores de esa utilísima
institución se contó el actual ministro de Educación, señor Filmus.
     Creé allí, con el beneplácito de las autoridades municipales, la cátedra de lunfardo que desempeñé durante muchos años. Lo hice con la ilusión de estar trabajando por la cultura de mi pueblo.

Saludo al señor secretario con mi mayor consideración.

José Gobello
Presidente de la
Academia Porteña del Lunfardo

 





 
 
   


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