De mi mayor
consideración:
Expreso a
usted el beneplácito de la Academia
Porteña del Lunfardo por la iniciativa
de honrar a Homero Manzi en el centenario
de su nacimiento. El autor de Sur es uno
de los grandes poetas de la ciudad.
Como él
mismo lo dijo, renunció a ser un
hombre de letras porque su destino era escribir
letras para los hombres. El tango –que
es música, poesía y baile–
se benefició de su talento. En realidad,
produjo en el
tango una verdadera revolución literaria
al prescindir de los torvos relatos de las
letras primitivas para cantar tiernamente
a los barrios de la ciudad y a los habitantes
de esos barrios.
Algunos patrocinantes
de nuestra institución han asistido
al acto inaugural, realizado en la Esquina
Homero Manzi, y se asombraron de que usted,
señor secretario, haya expresado
allí la idea de que el
vate de Añatuya, para alcanzar el
nivel cultural en que se ubica su estupenda
obra, prescindió totalmente del lunfardo.
Tal supuesta prescindencia
no se ajusta a la realidad objetiva.
Básteme recordar
la letra de una milonga fundadora debida
a su talento y al del gran Sebastián
Piana, "Uso funyi a lo Maxera, calzo
bota militar". El lunfardo no es el
lenguaje obligado del tango, pero los
primeros cantables populares de los porteños
se nutrieron en el lunfardo. Con dos palabras
lunfardas comienzan las letras de tango:
"Percanta que me amuraste en lo mejor
de mi vida". Los tanguistas
actuales –Horacio Ferrer o Héctor
Negro– recurren permanentemente al
lunfardo que utilizan como un irreemplazable
instrumento poético. Pero, más
allá de estas observaciones, debo
expresarle, señor
secretario, que si realmente cultura y lunfardo
fueran incompatibles, habría que
renunciar a lo mejor de la obra de Roberto
Arlt y a las admirables novelas de uno de
los mayores escritores argentinos de
todos los tiempos, Leopoldo Marechal.
Mis funciones
de Presidente de la Academia Porteña
del Lunfardo, que con León Benarós
y Luis Soler Cañas fundamos hace
cuarenta y cuatro años, me imponen
estas observaciones que someto a su benevolencia.
El gobierno de la ciudad, cuando lo ejercía
el señor Grosso, fundó la
Universidad del Tango, y entre los organizadores
de esa utilísima
institución se contó el actual
ministro de Educación, señor
Filmus.
Creé
allí, con el beneplácito de
las autoridades municipales, la cátedra
de lunfardo que desempeñé
durante muchos años. Lo hice con
la ilusión de estar trabajando por
la cultura de mi pueblo.
Saludo al señor secretario con mi
mayor consideración.
José Gobello
Presidente de la
Academia Porteña del Lunfardo