El
pasado 16 de octubre se recordó la
memoria del reconocido escultor Juan Carlos
Ferraro en una reunión celebrada
en la sala Alfonsina Storni del Café
Notable Tortoni, en esta Capital. La reunión
fue coordinada por la Lic. Susana Boragno
y contó con la presencia de destacadas
figuras de la cultura, resaltando la vida
y obra del artista distintas personalidades,
entre las que se encontraba el multifasécico
poeta Orlando Punzi, el historiador Dr.
Juan José Cresto y el Dr. Luis Alposta,
Miembro de Número de las Academias
Nacional del Tango y Porteña del
Lunfardo. Tras la proyección de distintas
imágenes fotográficas y del
videofilm “Conversando con Ferraro”,
y las palabras de los oradores, el acto
finalizó con una presentación
musical. Especialmente para www.nuevociclo.com.ar,
el médico-poeta, Dr. Luis Alposta
nos hizo llegar el contenido de su alocución
que ofrecemos a nuestros visitantes, como
adhesión de este medio al homenaje
realizado.
HOMENAJE A JUAN
CARLOS FERRARO
Palabras pronunciadas por Luis Alposta
Café Tortoni, martes 16 de octubre
de 2007
Hoy
nos hemos reunido para homenajear a Juan
Carlos Ferraro; alguien que tenía
la capacidad de infundirle movimiento expresivo
al barro dándole destino de bronce.
Alguien, para quien no hubo técnica
escultórica que haya podido limitar
su lucimiento.
Excelente retratista
y modelador de figuras, Ferraro tenía
la virtud de potenciar el volumen por dentro
y hacer que manifestase íntimos sentimientos:
una virtud que, sellando su propia emoción,
le permitió modelar en un ejercicio
de síntesis a un Troilo y a un Pugliese
inigualables.
La obra de nuestro amigo, desde la Torre
Eiffel de su juventud, que coronaba la fachada
del viejo cine Paris, en la calle Lavalle,
hasta sus últimas creaciones, ha
sido fruto de su talento y su laboriosidad.
El talento, jerarquizando su modelado, y
la laboriosidad tornándolo en uno
de los más fecundos escultores contemporáneos.
Alguien que ha estado y seguirá estando
representado en casi todos los países
de América y en muchos de Europa,
con obras que nos hablan de la importancia
que le concedía a la escultura pública
como elemento integrador y oferente de belleza.
Piezas magistrales, firmes en su arquitectura,
ricas en sus perfiles, hondas en su expresividad.
Su galería de próceres
argentinos y de prohombres de nuestra vida
institucional incluye nombres ilustres.
Cuando Ferraro acariciaba cada uno de esos
proyectos sentía la necesidad imperiosa
de corporizarlo, no sin antes documentarse
prolijamente hasta llegar a captar y poder
así transmitir la personalidad, el
carácter y hasta el espíritu
del modelo propuesto.
No quiero
dejar de citar que Juan Carlos Ferraro aprendió
a trabajar desde muy temprana edad al lado
de artesanos, muchos de ellos italianos,
que trabajaban en el taller de su padre;
que realizó estudios en la Mutualidad
de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes
y en Escuela Taller Argentina de Bellas
Artes, donde intensificó su conocimiento
del dibujo y confirmó su pasión
por la escultura; que ha expuesto en Salones
Nacionales, Provinciales, Municipales y
Societarios de todo el país; que
ha sido merecedor de numerosos premios y
menciones honoríficas; que ha sido
condecorado por el Instituto Nacional Sanmartiniano
con la “Palmas Sanmartinianas”
y que la Unión Latinoamericana le
otorgó la Medalla al Mérito.
Tampoco quiero dejar
de recordar la copia de un sector de los
frisos del Partenón que Ferraro atesoraba
en su estudio, junto a su granadero, a su
Gardel y a sus innumerables bustos de ilustres
personajes; ni aquella copla anónima
que a él tanto le gustaba y que figuraba
en la entrada de su taller:
Oficio noble y bizarro
es el del barro.
Entre todos el primero.
Dios fue el primer alfarero
y el hombre el primer cacharro.
Pero
por encima de distinciones y anécdotas,
insisto en que es su obra la que se nos
impone por los valores que emanan de ella
misma.
Hoy estamos rindiéndole homenaje
al artista y al hombre. Al hombre que, aunque
un mal día haya decidido mudarse
de barrio, no por eso dejaremos de sentir
que sigue estando vivo en su obra, en el
recuerdo emocionado de cuantos le conocieron
y en los corazones de quienes fuimos sus
amigos.
Juan Carlos Ferraro fue, ante todo, un hombre
bueno, profundamente humano y sensitivamente
generoso.
Un hombre
de extrema sensibilidad, modesto y afable,
hombre de bien y de nobles valores y principios.
Y eso solo alcanzaría para definirlo.
Con su muerte ha desaparecido uno de los
últimos representantes de una generación
de grandes artistas.
Y con estas
palabras estoy evocando no sólo al
amigo y al artista, sino también
a un hombre de intachable moralidad, de
hondo patriotismo y de fidelidad a ideas
y personas.
En Tierra
del Fuego está su Monumento a San
Martín y su Monumento a la Gesta
de Malvinas y, precisamente, en esa latitud
austral existe una pequeña constelación
llamada Taller del escultor. Y es en ella,
donde imagino que está Ferraro ahora.
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