Como
nuestro ritual nos lleva a celebrar los
homenajes a nuestros próceres o figuras
prominentes al cumplirse aniversarios de
su fallecimiento, suelen pasarse por alto,
como en este caso, los recordatorios de
ciudadanos y militares ilustres en el aniversario
de sus natalicios. Así pasó
el viernes 8, en el cumpleaños de
Juan Martín de Güemes y seguramente
ocurrirá lo mismo el próximo
15 de febrero, al recordarse el 197 cumpleaños
del Maestro de América. Se ha dicho
que el traslado de la memoración
al 11 de setiembre obedece a una lógica,
cual es que en febrero los establecimientos
escolares están de vacaciones.
No vamos
a efectuar aquí una reseña
biográfica, que puede encontrarse
en las cientos de páginas ofrecidas
en Internet para su conocimiento, sino que
esta vez vamos a poner de manifiesto lo
que consideramos uno de los mayores homenajes
a su labor como estadista y educador, cual
es la sanción el pasado 6 de diciembre
de 2007, por la Legislatura de la Ciudad
de Buenos Aires, de la Ley 2.605, promulgada
de hecho el 16 de enero de 2008.
Se
trata de proyecto 256-D-07, presentado originalmente
por la diputada María Polimeni, que
tras un largo período de letargo
legislativo, se sancionó como hemos
expuesto el mes pasado. El proyecto “dispone
erigir un monumento en homenaje a las maestras
estadounidenses que dejaron su país
entre 1868 y 1898 para trabajar en la formación
integral de los docentes de nuestro país
y contribuir a la formación del Sistema
Educativo Nacional”
El
proyecto de la diputada Polimeni, de concretarse,
permitirá difundir un hecho de características
significativas, cual fue el singular aporte
de aquellas más de 60 docentes experimentadas
que fueron la semilla a partir de la cual
germinaron las escuelas normales a lo largo
y ancho del país, “dando origen
a la carrera docente, piedra angular del
sistema educativo y garantía de su
desarrollo”, al decir de los fundamentos
del proyecto.
Quienes
nos hemos interesado en algún momento
por las biografías de estas maestras,
hemos quedado admirados del espíritu
de sacrificio y de la inmediata aceptación
de un medio que por cierto no le ofrecía
las comodidades que su rol merecía,
en territorios muchas veces aún inexplorados,
con dificultades de un idioma aprendido
entusiasta y rápidamente, lejos de
sus seres queridos.
La
idea surgió en Sarmiento durante
su estadía en los Estados Unidos,
previa a su elección como presidente
de los argentinos, donde quedó sorprendido
por el sistema educativo imperante en aquel
país.
Este
homenaje a las maestras norteamericanas
propuesto por la legisladora, se convierte
en el mejor homenaje al “maestro de
los maestros”, y a la innumerable
legión de maestras argentinas que
a partir de aquellos años de 1869/70,
egresadas de las primeras Escuelas Normales,
siguiendo el ejemplo de sus guías
educativas, se volcaron por los caminos
de la patria contribuyendo al desarrollo
y progreso de millones de niños y
niñas.
Dice la
legisladora en su proyecto que “Sarmiento
entendió en rol de la cooperación
internacional en la promoción del
desarrollo de nuestro país, Comprendió
también que la cooperación
no significa rescindir autonomías
ni soberanía sino encontrar áreas
de articulación entre países.
Horace Mann y las maestras que se radicaron
en la argentina compartieron esta idea de
cooperación”
El monumento propuesta
se erigirá en la manzana formada
por las calles Rodríguez Peña,
Pizzurno, Marcelo T. de Alvear y Paraguay,
frente al Ministerio de Educación,
Ciencia y Tecnología de la Nación.
Llevará el nombre de todas las maestras
recordadas.
Esperamos
que esta ley no lleve el camino de muchas
otras, cual es caer en el olvido. Postergarse
por falta de presupuesto, no designación
de la Comisión para elaborar el Concurso
de escultores, etc.
Al
tiempo que felicitamos a la diputada Polimeni,
le decimos que su gestión no terminó
el 6 de diciembre, sino que deberá
continuar siguiendo todos los pasos burocráticos
siguientes hasta lograr concretar el propósito
deseado. Muchos argentinos la estamos acompañando.
Aníbal Lomba
Como
presidente, Sarmiento estimuló aquello
por lo que había luchado toda su
vida: la educación y la cultura de
su pueblo. Entre su vasta obra educativa,
además de lograr que en este período
la población escolar se elevara de
treinta mil a cien mil alumnos, merece citarse
la creación de numerosas escuelas
primarias, la Academia de Ciencias, la Escuela
Normal de Paraná (contrató
maestros extranjeros), la Universidad Nacional
de San Juan, la Facultad de Ciencias Físicas
y Matemáticas, la Biblioteca Nacional
de Maestros y el Observatorio Astronómico
de Córdoba. Interesado en la formación
profesional de las fuerzas armadas, fundó
la Escuela Naval y el Colegio Militar. Fomentó
además el desarrollo del comercio,
la agricultura y los transportes. Realizó
el primer censo demográfico, alentó
la inmigración, encargó la
reforma del puerto, contribuyó al
desarrollo de las telecomunicaciones y contrató
a hombres de ciencia extranjeros.
Ya en
1881, como superintendente general de escuelas,
fundó la revista El Monitor de la
Educación Común, referencia
fundamental para la educación argentina.
En
su primer exilio a Chile, tuvo una hija,
Ana Faustina (que se casó con Julio
Belín y tuvo un hijo, Augusto Belín
Sarmiento). Ella lo acompañó
en sus últimos días.
En
su segundo exilio, Sarmiento se casó
con Benita Martinez Pastoriza, una viuda
de la sociedad chilena, y adoptó
a su hijo Domingo Fidel, más conocido
como Dominguito, que murió en la
guerra contra Paraguay.
Por
cuestiones de salud, Sarmiento viajó
a Paraguay (Asunción), donde escribió
sus últimos artículos periodísticos
y donde, finalmente, falleció, tan
pobre como había
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