Hace
varios años, durante la anterior
administración de la Dirección
del Libro y la Lectura, se realizó
en el, en ese momento austero ámbito
de la biblioteca decana de las Bibliotecas
Municipales, en la avenida Carlos Calvo
4123
Un
ciclo de presentaciones teatrales de gran
jerarquía, que supo convocar a centenares
de vecinos. Entre aquellos espectáculos,
uno prolongó sus presentaciones en
el tiempo, debido a la calidad de la puesta
en escena, el nivel artístico de
los actores y la esmerada dirección
de un prestigioso profesional: Rubérn
Szuchmacher.
La obra estaba
basada en el reconocido cuento de Jorge
Luis Borges, “La biblioteca de Babel”,
que daba título también a
la obra.
Ningún
escenario podía haber sido mejor
elegido para la actuación de Ingrid
Pelicori, Horacio Peña y Pablo Caramelo,
que se retiraban del supuesto escenario
(la misma sala de lectura de la biblioteca)
en medio de sostenidos aplausos y con espectadores
de pie.
La experiencia
se repetirá nuevamente este año,
todos lo sábados a las 20 horas,
a partir del sábado 16 de febrero.
Es decir los días 23 de febrero,
1º,8,15,22 y 29 de marzo y 5 de abril.
Se recomienda llegar con una hora de anticipación.
La única lástima es que, de
aquella época a este momento, el
lugar sufrió inesperados cambios.
Aquellos muebles y mesas que eran orgullo
del patrimonio de la Biblioteca, fueron
reemplazados por estanterías y mesas
de lectura de dudoso gusto, cambiando el
ámbito austero por un lugar que para
nada llama a recordar el paso de Jorge Luís
Borges por el lugar. No obstante esta bochornosa
circunstancia, ajena a la actual conducción,
el espectáculo es imperdible.
En oportunidad de
aquella primera presentación, la
crítica Cecilia Hopkins escribió,
Físicamente irreconocibles, los dos
actores ya asumieron sus roles cuando el
público entra a la sala: se han transformado
en dos oscuros bibliotecarios, de esos que
pasan sus horas consumiendo galletitas de
agua y tomando mate, mientras ejecutan parsimoniosas
anotaciones o permanecen absortos en sus
pensamientos. Enfundados en sendos guardapolvos
celestes, ignoran al lector (interpretado
por Pablo Caramelo) que da a conocer al
público un fragmento de la autobiografía
de Borges, en la que el autor, con su humor
insuperable, cuenta cómo transcurrían
sus días en esa misma biblioteca,
donde trabajó entre 1938 y 1946 por
unos 210 pesos mensuales. Si bien el dato
no es mencionado en la referencia, se sabe
que allí escribió sus famosos
cuentos “La muerte y la brújula”
y “Las ruinas circulares”, así
como el que inspira el espectáculo.
Tampoco se dice que Borges renunció
a su puesto de auxiliar de biblioteca cuando,
en una actitud provocativa, el gobierno
peronista lo nombró “Inspector
de conejos y aves” de una feria de
barrio. Seguidamente, el lector solicita
el cuento de marras a los bibliotecarios
y es entonces cuando ellos parecen despertar
de su letargo, disponiéndose a hacer
suyas las palabras que Borges pone en boca
de un narrador, también bibliotecario.
Repartiéndose
el texto entre los dos, el cuento se dramatiza
en tanto los personajes contraponen sus
dichos como si sustentaran opiniones diferentes.
Describen a dúo una biblioteca que
juzgan ilimitada, un laberinto de anaqueles
repletos de obras irrepetibles, sucedáneo
del caos y el misterio del universo y correlato
de la infinitud que le es propia, en su
juego de simetrías y repeticiones
por demás característico del
autor de Ficciones. Los bibliotecarios –ella
con gesto cansino y la voz aflautada de
maestra ciruela, él con el cuerpo
indigente y un humor de pocas pulgas–
defienden o refutan diferentes teorías
que, en última instancia, cumplen
con la función de ironizar sobre
los afanes del conocimiento humano que intenta
a toda costa descifrar las verdades eternas.
Apenas un pañuelo o un lápiz
sirven a los actores al momento de apoyar
las actitudes de sus personajes que aseveran
pensamientos propios y ajenos, con apasionamiento
o condescendencia. La banda sonora repite
frases subrayando ciertos momentos que se
destacan del resto, por inquietantes. Tal
vez lo único que puede objetársele
a esta puesta sugerente y medida es el uso
del micrófono, por demás inútil
por tratarse de un lugar tan pequeño.
Los
impecables Ingrid Pelicori y Horacio Peña
se lucen en esta adaptación del cuento
homónimo del escritor argentino,
que pone sobre escena su teoría de
la biblioteca universal e inabarcable.

El
elenco de “La biblioteca....”,
una notable versión escénica.
El espectáculo, gratuito, se ofrece
en la Biblioteca Miguel Cané.
www.nuevociclo.com.ar
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