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EMERGENCIA VIAL?

 
 

     Seguimos insistiendo con esta preocupación nuestra, iniciada mucho antes que fuera noticia diaria en los grandes diarios de circulación nacional.

     El pasado domingo 17, a las 09:30 abordamos en la ciudad de Mar del Plata, un vehículo de doble piso de la empresa El Cóndor, denominado Ejecutivo, por ser supuestamente un “coche cama”. Al pretender ubicarnos en nuestros asientos del piso inferior, lo primero que intentamos –como es lógico suponer, fue ubicar los cinturones de seguridad de cada uno de los asientos (4 y 5), que a simple vista no eran visibles. Luego de volcar los asientos para atrás y para adelante, de esforzadamente introducir nuestras manos en las hendiduras que dejaban los costados de los asientos y con la ayuda de otros pasajeros, pudimos encontrar los elementos de seguridad deseados. Pero la sorpresa fue que uno de ellos no podía cerrarse ya que faltaba el mecanismo de sujeción. Solicitada la presencia del conductor, visualizó el caso y su opinión fue…nada. Que había que viajar así. Cuidando por mi seguridad, informé al conductor que requeriría la presencia de las autoridades de la Terminal de Ómnibus. Todo fue inútil. En el puesto policial destacado en el lugar fue atendido por un cansado suboficial que me indicó “. . por esas escaleras vaya a la Oficina de Transportes” Por supuesto que las escaleras me llevaron a otra oficina, por lo cual tuve que volver a molestar al cansado policía que, esta vez sí, me acompañó hasta otras escaleras, algo escondidas y me indicó “…es allí arriba”. Eran ya las 9:30 pasadas y el ómnibus debería partir. Fatigado subí los dos pisos hasta arribar a un pasillo donde convergían dos puertas, ambas cerradas, Luego de algunos golpes, apareció un señor abrochándose los pantalones (señal que estaba levantándose de la cama) quién me informó que, siendo domingo, no había personal de atención al público. Eso sí, gentilmente, me comentó podía llamar gratuitamente al Ente Regulador de Transporte Público Nacional, al 0800 3330300. Eso intenté hacer pero el disquito que atendió el llamado informó que no era hora de atención. Tampoco indicó cual sería. No teniendo otra, ya mi esposa me llamaba por el celular para indicarme que los chóferes querían partir e, incluso, denunciarme por demorar la partida, me presenté en la ventanilla de venta de pasajes de El Cóndor, donde la única persona sensata y amable que encontré, me facilitó una hoja de papel para dejar constancia de mi denuncia, esperó pacientemente que completara la nota, sacó una fotocopia y sellando y firmando la misma, me la entregó como constancia. Por supuesto no tuve más remedio que rezar para que no ocurriera nada, y ocupé mi asiento para viajar sin el debido cinturón de seguridad y bajo la mirada seria de los demás viajeros molestos por la demora.
A una hora del viaje, imprevistamente comenzó a caer agua a chorros del techo, a la altura de la puerta del coche. Como era el ocupante del primer asiento, fui hasta la cabina para avisar de este problema. El conductor acompañante se acercó, vio y volvió a su lugar sin decir ni explicar nada más. Dos horas después, el agua comenzó a caer sobre la cabeza de una de las pasajeras que viajaban en esa parte baja, que en este caso sí parecía enojada (le tocaba a ella soportar el problema), por supuesto avisó a los conductores que, deteniendo el coche unos minutos, anunciaron luego que se trataba de una pérdida del sistema de aire acondicionado. Pero siguió lloviendo.
Como los primeros asientos se ubican tras el receptáculo llamado “baño”, (¿un m2 ?) tanto a la ida como a la vuelta, tuvimos que estar atentos avisando a los pasajeros que se aprestaban a utilizar el baño, si estaba o no ocupado, ya que en ambas oportunidades las luces indicativas no funcionaban. Al ir daban mostraban siempre el rojo de “ocupado” y en el regreso, el verde de “libre”
Desde mi privilegiada ubicación de los primeros asientos, tuve oportunidad de ver las dificultades que tenían los pasajeros que viajaban en el nivel superior, para bajar y utilizar el “baño” .Una escalerilla caracol casi imposible de acceder para personas adultas mayores, con alguna incapacidad o ciertamente obesos, resultaba lo más insólito que podía esperarse. Ni hablar de una emergencia donde debiera desalojarse el piso superior del ómnibus. Ni hablar tampoco de ese receptáculo antihigiénico, absolutamente incómodo, casi sin agua, que deben utilizar indistintamente hombres y mujeres..Y cinco horas y media de viaje, sin detención alguna, son muchas, para estar sin necesidad de utilizar un “baño”.
La nota final en la Terminal de ómnibus de Buenos Aires. Cuando se entregaban las valijas aparece un joven con una carretilla, ofreciéndose para transportar las dos valijas hasta la parada de taxis. Aceptado, al llegar a la parada, (unos veinte metros y algunos escalones), intenta cobrarme $ 10,00 a razón de $ 5,00 por bulto, dice. Desde ya que a esta altura no estaba para aún ser “apretado” por este ayudante, así que saqué un billete de cinco pesos y se lo di sin discutir más. Tenía que haber preguntado, me contestó.
El conductor del taxi que presenció o intuyó la escena, comentó luego que días pasados una señora que abordó el coche en el mismo lugar subía protestando porque le habían cobrado ¡veinte pesos! por trasladarle una valija.
Estas son las zonas grises de nuestro país. Por supuesto que el Ente Regulador recibirá mi denuncia y, de aquí en más, me constituiré en uno de los más fervientes adherentes a los proyectos de eliminación de aquel tipo de vehículos, pero mientras tanto, deberán tomarse las medidas de control que…siempre faltan.

Aníbal Lomba
www.nuevociclo.com.ar
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