Si
las pasadas elecciones dejaron algo en claro
es que, con campañas agresivas, no
se ganan adeptos. Buenos Aires, la Argentina,
creemos que el mundo entero, salvo los mesiánicos
que a través del terrorismo intentan
alcanzar sus propósitos, están
cansados, hastiados, de una violencia política
que desde hace años viene superando
todos los límites, que se inicia
con las palabras y termina con las metrallas.
Hace unos
días los barrios de Almagro y Boedo
aparecieron empapelados con carteles negros
con letras blancas, por supuesto sin sellos
de imprenta ni firmas que asumieran la responsabilidad
de sus textos. Siempre ocurre. “Vecinos
de Almagro y Boedo”, como firmas de
la diatriba, ocultan de por sí la
sin razón del panfleto. Nosotros
somos vecinos de Boedo y nada tenemos que
ver con tales carteles.
Conocemos
al Sr. Carlos Benitez. Es un antiguo dirigente
político de Boedo, encolumnado tras
el diputado Carlos Kravetz, jefe de la bancada
legislativa del Frente por la Victoria en
la legislatura porteña. Sabemos de
la actividad de éste último,
firmante de uno de los proyectos que propugnaron
la Plaza de Boedo y fuerte aliado del presidente.
En ambos casos, sin participar en el mismo
ideario político, reconocemos pasión,
interés por la cosa pública,
desinterés personal y gran preocupación
comunitaria. El legislador es uno de los
diputados que dio paso al proyecto de creación
del Museo del Juguete, en el barrio de Boedo.
Por
eso nos llamó la atención
esa cartelería infamante en la cual
se les tilda de ¡Ridículos!,
desconociéndosele toda participación
en la votación de estos barrios por
la fórmula oficial. ¡Qué
hubiera sido de resultar Filmus –
Heller elegidos!
Quisimos
saber más, ya que los necrofílicos
carteles parecían anunciar una nueva
lucha interna en las filas del ex peronismo.
Y comenzamos a averiguar. A requerir opiniones,
versiones, datos. Finalmente, sí,
llegamos al nudo de la cuestión.
Así conocimos que, efectivamente,
no sabemos porque causa (seguramente habrá
sido una “causa popular”) los
dirigentes de ese movimiento, que trabajaban
juntos en Comuna 5, tomaron distancia entre
sí y uno de ellos, de nombre Raúl
Sánchez, al parecer, tomó
la batuta y dirigiendo su orquesta le tocó
la marcha del espiante al grupo opositor
. Poco favor a la democracia que, aunque
criticada por Raúl Sánchez,
sigue siendo el único canal válido
para expresar sus diferencias aquellos que
andan por la vida desarmados. El citado
dirigente hizo suyo alguna vez (Internet,
página digital de Causa Popular)
palabras de José Ingenieros expresadas
hace 80 o más años: “Las
jornadas electorales conviértense
en burdos enjuagues de mercenarios o en
pugilato de aventureros. Su justificación
está a cargo de electores inocentes,
que van a la parodia como a una fiesta”.
No pensaba
así antes de la derrota del partido
del gobierno en la Capital Federal, cuando,
en días previos, se lo vio paseando
junto a los candidatos. En la derrota, es
mejor la acción directa.
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