¿CAMPAÑA
MEDIÁTICA POR LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO?
Casi unánimemente
una importante cantidad de medios del país, gráficos,
televisivos, radiales, han pasado a ocuparse preferencialmente
de dos angustiantes situaciones sufridas por mujeres
violadas, además de ubicar en lugares preferentes
de sus noticias algunas que otra desgracia producida
por abortos ilegales.
Es casi
irresistible pensar que comandados por el ministro Ginés,
los jinetes de la Apocalipsis se apresuran a salvar
al mundo de su destrucción final, utilizando
para ello las ligaduras de trompas, los preservativos,
la vasectomía o, en el último casos y
si todas esas armas fallan, los espléndidos quirófanos
de nuestros hospitales municipales, en cuyas mesas de
cirugía se podrán, sin cargo de arrepentimiento
y en forma gratuita, asesinar a personas que aún
no pueden defenderse por sí.
Escribió la Sra. Marina Aberg Cobo de Scarafía
en una carta de lectores publicada en un matutino: “El
milagro de la vida”
“Cuando cursaba mi segundo embarazo, de apenas
9 semanas, los médicos detectaron que mi bebé
tenía un problema físico, el cual era
incompatible con la vida. Los expertos no nos daban
ningún tipo de esperanza; hasta nos sugirieron
que interrumpiéramos el embarazo... Tanto mi
marido como yo nos negamos al aborto. Decidimos dejarlo
en manos de dios. Si nuestro hijo no debía vivir,
Dios iba a determinar como y cuando sería. Después
de nueve meses de espera, de escuchar cosas horribles,
desde que le faltaba un brazo hasta que no sabían
cuanto tiempo iba a vivir nuestro hijo, nació
Francisco María. Su problema se llama síndrome
de Prunne Belly y se puede vivir igual.
Ya pasaron cuatro años desde su nacimiento y,
junto a nuestros otros dos hijos, es la alegría
de nuestros ojos. Sabemos que tendremos que luchar,
sufrir, llorar y rezar mucho por nuestro pequeño,
pero no nos arrepentimos de la decisión que tomamos
hace ya casi cinco años. Por delante nos quedan
varias operaciones más y esperamos que tengan
un final feliz. Es más, ahora que estamos en
el camino, puedo decir que ya ganamos, tenemos nuestro
premio. Tenemos a Francisco. Creo que para Dios no hay
nada imposible y no es la misión del hombre jugar
a ser Dios. Por esto mi pregunta a los señores
jueces de la provincia de Buenos Aires: ¿Qué
derecho tenemos los hombres a decidir donde y como nacerán
o morirán nuestros semejantes, en especial nuestros
hijos? Si me preguntan a mí, yo les respondería:
¡estuve y estoy orgullosa de mi hijo! No me cambio
por nada ni por nadie y si tuviera que volver a sufrir
toda esa angustia de nuevo, lo haría sin duda.
Ninguna ley o sentencia me puede aconsejar privarme
del honor de entregarle a un hijo mío todo el
amor de una vida, aunque con ello se vaya la mía”
Sin comentarios.
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