| Ya
hemos dejado atrás las festividades
de Navidad y Año Nuevo. Ya gozamos
de las playas, la sierra o la montaña,
porque no también de nuestra propia
ciudad, cuyas autoridades nos brindaron un
verano a pleno espectáculo. ¡Y
Gratis!, Ya estamos preparando las mochilas
para que nuestros hijos o nietos retomen sus
estudios, en fin. Ya estamos nuevamente en
plena carrera de obstáculos para poder
arribar finalmente a un nuevo fin del año
calendario. Cargamos con promesas, con deseos,
con ganas de estudiar y trabajar, con el corazón
y el alma dispuestos para ayudar a nuestro
prójimo, guardando en lo más
íntimo la pena inmensa que nos conmueve
diariamente al ver a miles de chicos deambular
por las calles, “cartonear” como
se dice ahora, tirados en los umbrales o corriendo
tras el carrito arrastrado por sus padres,
o trepados en lo más alto de los bultos
cargados sobre camiones destartalados que
atraviesan nuestras calles en las ultimas
horas del día. Muchos
de esos niños y niñas, la
gran mayoría, seguramente no gozarán
ese mágico instante que se recuerda
luego por siempre, cuando se comienza un
año escolar. El conocimiento de nuevos
compañeros de juegos, el reencuentro
con otros con quienes compartiendo las correrías
hace dos o tres meses, las maestras y maestros,
los directores, los profesores especiales,
las fechas patrias, las pruebas escritas,
el felicitado o el insuficiente.
Pero,
¿será cierto que se iniciarán
las clases? Hace unos días el ministro
del área, Lic. Filmus, atendiendo
a las necesidades devenidas de su postulación
para el cargo de Jefe de Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, responsabilidad
con que lo ungiera el presidente Kirchner,
anunció con bombos y platillos un
piso salarial de $ 1.040 para los docentes
de todo el país. Y entonces, como
suele decirse, ardió Troya. Los gobernadores
de provincia, estupefactos, alzaron su voz
diciendo que no podrán pagar los
aumentos desde las arcas proviciales: la
primera, la progresista ministra de la provincia
de Buenos Aires, Adriana Puigrós.
Los gremios, solidariamente unidos, amenazan
con no reiniciar las clases en numerosas
provincias. ¿Y ahora? Comenzará
para los alumnos y sus familias el calvario
de los días sin clase, de los comedores
escolares cerrados, de las mañanas
o tardes vacías.
Esperamos
que no. El presidente, como nadamos en dinero
y además no debe rendir cuentas a
nadie de sus destinos, ha dicho que girará
los fondos que falten a las provincias.
Acaso 800.000.000 para la provincia de Buenos
Aires. Lo hemos escrito en números,
con todos los ceros, para tomar conciencia
de la cuantía. No es igual escribir
800 millones que $ 800.000.000. Y así,
el candidato Filmus, ministro de Educación
de la Nación, tendrá a su
favor la aprobación de este aumento
a los docentes, que no será una dádiva
del poder en turno, sino la justa reparación
a los bajos salarios de los maestros, personal
superior y niveles inferiores.
Aprovechamos
estas líneas para hacer llegar nuestro
más cálido saludo a las comunidades
escolares de todo el país, pero -especialmente-
a quienes se encuentran más cerca
nuestro, en los barrios de Boedo, Almagro,
Parque Chacabuco, San Cristóbal,
Nueva Pompeya.
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