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CRONICA DE UN PAIS SANGRIENTO
ANTE LA AUSENCIA DE UNA AUTORIDAD QUE PRESERVE EL ORDEN, AVANZA LA JUSTICIA
(¿) POR MANO PROPIA.

    Hace pocos días fue noticia. Horrorizados nos enteramos de la tragedia de un padre que ante el accidente en el cual perdió la vida su pequeña criatura, tomó una gran piedra y mató de un golpe en la cabeza al taxista víctima también del luctuoso hecho; hoy los diarios ponen su atención, igual que ayer las radios y la TV., sobre la furia desatada en Los Hornos ante el incalificable asesinato de un ladrón pescado “in fraganti”, detenido y muerto luego por los policias delincuentes que lo transportaban en un vehículo de la repartición. En diciembre, durante toda una noche fue función televisiva el asalto a un local bailable en Lomas de Zamora, donde un custodio había dado muerte a un joven asistente. Una turba que nada tenía que ver con los desolados parientes y amigos, se enfrentó con la policía, cuya imagen en la TV fue lastimosa. Soportaron con entereza todo tipo de insultos, pedradas y hasta enfrentamientos personales. Resultado. La casa quemada, defendida por empleados fuera de sí, seis policías heridos, quince menores detenidos y entregados a sus padres pocas horas después y cuatro adultos que ya estarán caminando tranquilamente por Lomas. A mediados de año, las cámaras y el periodismo registraron el alzamiento en Morón, destruyendo infinidad de comercios, por nada; en febrero de 2006se lloró la muerte de un oficial de policía de la Comisaría de Las Heras (Santa Cruz), asesinado por una turba de sindicalistas petroleros que exigían la libertad de un detenido. Jorge Sayago, la víctima, salió del edificio de la comisaría para calmar los ánimos y fue muerto de un balazo, golpeado en el rostro con una pala y desfigurado y, acuchillado por la espalda. Como si fuera poco, la ambulancia que lo trasladaba fue baleada. Hasta ahora, la viuda sigue llorando con su bebé de poco más de un año esa muerte increíble. Culpables? Un poco más atrás, fue asaltada la comisaría de El Jaguel, en la provincia de Buenos Aires, por una muchedumbre que protestaba por el asesinato de Diego Peralta, un muchacho de 17 años secuestrado, torturado y muerto por sus captores, que cobraron igualmente su rescate. Aquí los culpables fueron detenidos y enjuiciados. Ninguno era personal policial. Todos recordaremos el asalto y toma de la comisaría de La Boca, protagonizado por el ex funcionario Luis D’Elía. Quisieron hacer justicia ante la muerte de uno de sus compañeros.
     Ahora también en las relaciones internacionales, tampoco interesan los fallos de las organizaciones a las cuales el país está adherido. Algunos pocos cientos de manifestantes de organizaciones de la ultra izquierda y algunas decenas de pobladores de Gualeguaychú impusieron al Gobierno Nacional un operativo de prevención que ocupó más de un millar de efectivos, con los consiguientes inconvenientes para el ciudadano común, el trabajador, la actividad productiva. La pasividad de las autoridades ante estos hechos resulta alarmante. Los “piqueteros porteños”estuvieron presentes con representantes del Partido Obrero (14.178 votos en las últimas elecciones de la ciudad de Buenos Aires (0,8% del total), las Asambleas Populares (3.335 votos en igual oportunidad (0,19%) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (35.684 sufragios – 2,01% del total). Ninguna de estas representaciones “populares” alcanzó a tener un representante en la Legislatura. Lo notable, vinculado al título de la nota, que el Sr. Néstor Pitrola es funcionario del Poder Ejecutivo de la provincia de Buenos Aires, y su deseo de hacer justicia por mano propia, lo pudo haber llevado a enfrentar a las propias fuerzas de seguridad del gobierno nacional.
     Pero la justicia por propia mano tiene su historia. El 14 de junio de 1951 la C.G.T. aliada incondicional del gobierno expresaba en un comunicado: “Es aspiración unánime de la clase trabajadora argentina mantener la paz y la justa convivencia en nuestra patria, pero ante cualquier eventualidad que amenace perturbar su tranquilidad y las conquistas logradas al amparo del régimen justicialista, está dispuesta a defender sus derechos en todos los terrenos y por todos los medios y sea cual fuera la fuerza que haya que enfrentar. Si llegara ese momento, que no desea, pero que afrontará con toda energía la clase trabajadora argentina hace responsable de la sangre que pudiera derramarse a todos esos traidores enemigos de la patria, de su soberanía y de su justicia social, advirtiéndoles, por única y última vez, que mediten antes de exponerse a la represión de los trabajadores y no tengan que llorar con lágrimas de sangre ellos y sus hijos, ante el escarmiento que será sin contemplaciones y definitivo. Si alguna vez, como sucedió hace muchos años en Chicago, se deben levantar horcas en la argentina, no colgarán de ellas los trabajadores sino quienes los enfrentaron desoyendo esta advertencia que lleva tras sí la serena decisión de las resoluciones irrevocables. Desde este momento la C.G.T. hace saber a sus trabajadores justicialistas y delegados en lugares de trabajo, que deberán reprimir personalmente y con toda energía y con los medios que las circunstancias hagan necesario, toda tentativa de perturbación de los enemigos, que pretendan hacerlo mediante la circulación de un folleto, oralmente o de cualquier otra forma.” (“Clarín”, viernes 15 de junio de 1951, Pág. 2).
Ante semejantes afirmaciones, ¿Qué se le puede imputar a quienes ejecutaron al dictador iraquí?.

Aníbal Lomba
Especial para www.nuevociclo.com.ar

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