Nosotros
creemos que sí. El hecho de ser un
medio periodístico barrial no le
quita responsabilidad ni seriedad al contenido
de sus páginas, que si bien deben
informar sobre aquellos temas que generalmente
pasan inadvertidos para la llamada “prensa
grande”, también deben preocuparse
y ocuparse por los temas que diariamente
afectan -precisamente- a los vecinos, amas
de casa, comerciantes, profesionales, educadores,
a los cuales van dirigidas estas palabras.
Así, es frecuente, y diríamos
que lo hacemos en la esperanza de ir concientizando
a la población, encontrar nuestras
referencias sobre seguridad vial, higiene
urbana, violencia diaria y otra serie de
factores que perturban el que debía
ser buen vivir de la sociedad.
En este caso, creemos
que no podemos ser indiferentes al accionar
de cientos de vecinos nuestros que, en casi
todos los barrios de la ciudad y la mayor
parte de los pueblos de provincias argentinas,
se volcaron pacíficamente hace pocos
días a las calles para reclamar que
el gobierno nacional atendiera el clamor
de los pequeños y medianos productores
agropecuarios y diera los pasos para el
inicio de un diálogo entre las partes,
pero un diálogo que no se convirtiera
en un monólogo cerrado de las autoridades.
Afortunadamente,
un pequeño oasis se encontró
en el camino y hoy se esta discutiendo -creemos
que sanamente- en la órbita del Congreso
Nacional.
Sin embargo, se observan elementos que no
permiten ser demasiado optimistas. Otra
vez la fuerza (que es el derecho de las
bestias, según el conocido libro
escrito por el Gral. Perón luego
de su derrocamiento) se ha apoderado de
algunas líneas del partido gobernante
y así como no hace mucho tiempo dirimieron
a tiros y trompadas (San Vicente-cancha
de Atlanta y otros) sus diferencias internas,
hoy se pretende repetir lo mismo pero con
aquellos que no concuerdan con sus pensamientos.
Las palabras y acciones de D’Elía
y otros acompañantes que la T.V.
privada mostró reiteradamente, han
sido prueba elocuente de la amenaza empleada
contra pacíficos manifestantes El
accionar en estos últimos días
de otros grupos organizados que suponemos
minorías pero con gran presencia
en las calles, ha convertido la Plaza del
Congreso en un derroche de agresividad por
presencia, que no es tan pasiva como se
supone, ya que un funcionario del gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires fue agredido
de hecho. Pero resulta inadmisible la conducta
policial, que negó toda colaboración
al Ejecutivo porteño, desconociendo
el mandato que el Ing. Macri recibió
del 45,6% de los votantes. El propio ex
presidente le espetó públicamente
que se ocupara de la ciudad, pretendiendo
amordazar y silenciar las palabras de uno
de los opositores más mesurados que
tiene.
Todas estas circunstancias, que hemos vivido
y seguimos viviendo, la que ocupan las conversaciones
en la carnicería, en el mercadito,
en los cafés, con el conductor del
taxí, con el vecino de puerta, son
realidades diarias en el barrio. Y por consecuencia,
los medios barriales de comunicación,
gráfica o visual no pueden permanecer
indiferentes.
Hacemos votos desde
aquí para que la cordura alimente
los espíritus de quienes tienen en
sus manos las riendas del poder, que se
democraticen sus acciones, que se abran
los canales del diálogo y a quienes
desde la otra vereda (que no es la del enfrentamiento)
buscan que se escuchen sus reclamos, que
también reflexionen serenamente sobre
los caminos de la protesta, sin seguir los
muchos ejemplos que hemos tenido de huelgas
que terminan afectando siempre a los trabajadores
(subterráneos, camioneros, ferroviarios,
etc.
Introducción
de “La fuerza es el derecho de las
bestias” J.D.Perón
...El arte
de gobernar tiene sus principios y tiene
sus objetivos. Los primeros conforman toda
una teoría del arte, pero son sólo
su parte Inerte. La parte vital es al artista.
Muchos pueblos eligen sus gobernantes convencidos
de su acierto. La mayor parte de las veces
se verán defraudados, porque el artista
nace, no se hace.
Sin embargo, los objetivos
son claros. El gobernante es elegido para
hacer la felicidad de su pueblo y labrar
la grandeza dc la Nación. Dos objetivos
antagónicos en el tiempo. Muchos
obsesionados por la grandeza y apresurados
por alcanzarla llegan á imponer sacrificios
sobrehumanos a su pueblo. Otros preocupados
por la felicidad del pueblo olvidan la grandeza.
El verdadero arte consiste precisamente
en hacer todo a su tiempo y armoniosamente,
estableciendo una perfecta relación
de esfuerzo para engrandecer al país
sin imponer a la comunidad sacrificios inútiles.
Es preferible un pequeño país
de hombres felices. a una gran nación
de individuos desgraciados.
Al hombre es preferible persuadirle que
obligarle. Por eso el verdadero gobernante
es, además de un conductor, un maestro.
Su tarea no se reduce a conducir un pueblo
sino también a educarlo...
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