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De la prensa que tenemos a la que necesitamos:
Cómo leer un periódico y no confundirse en el intento.

   El domingo 27 de febrero la primera plana del diario La Nación anunciaba a sus lectores la nota central de su revista dominical. Bajo el titulo de “La escuela que quieren los alumnos”, una foto color mostraba al Ministro de Educación Daniel Filmus rodeado de niños y jóvenes estudiantes. Ante la inminencia del inicio del año escolar la educación se vuelve motivo de reflexión y debate en la sociedad. Esto es saludable, como lo es el hecho de que uno de los periódicos de mayor tirada nacional aborde el tema, convocando a alumnos de diferente extracción social y experiencia educativa para formularle preguntas al Ministro. Lo que resulta sorprendente es la elaboración del comentario que acompaña a la foto mencionada. En su última oración leemos: (sic) Filmus afirmó que “es la escuela la que debe adaptarse a los chicos y no al revés”. Ante una primera lectura mis lentes saltaron por el asombro. Es el sociólogo, miembro de FLACSO, actual Ministro de Educación el que sostiene lo comillado?. A qué se debe adaptar la escuela? A la cultura del “zafar”? A la violencia de Carmen de Patagones? A la falta de compromiso de muchos actores sociales que justifican la merma de rendimiento estudiantil en lugar de hallar estrategias de elevación del rendimiento escolar?
    
De inmediato busco la revista y comienzo a leer la nota. Cuando interpreto el contexto que antecede a la afirmación que sale en la primera página no salgo de mi asombro. Es Yésica, una joven que dejó la escuela cuando quedó embarazada de su hija Milagros que interroga a Filmus: Las chicas embarazadas podrán estudiar sin discriminación? A lo que el Ministro responde que las escuelas “donde hay chicas embarazadas o con bebés deberían tener guardería... Si no, por más buena voluntad, la chica abandona. La escuela tiene que adaptarse a los chicos, y no al revés”. Establecido el contexto del desamparo, de la discriminación es dable que la escuela se adapte a los chicos sin miramientos.

     Y más adelante agrega, entre otros conceptos, “Un chico tiene que ir a la escuela, no a trabajar. Si está en la calle, el Estado debe recuperarlo, enviarlo a un hogar y a estudiar”.
Más aún, frente al interrogante de María del Mar: cómo podemos ayudar a fortalecer la educación? El ministro afirma que “los chicos tienen una responsabilidad: estudiar. El esfuerzo de padres y docentes carece de sentido si ustedes no estudian y no ponen algo personal, irreemplazable.” O más adelante sostiene ”Para que no haya deserción hay que mejorar la calidad. A la larga que pasen de grado sin saber nada ayuda a la deserción.”

    Todos sabemos que al periodismo se lo denomina el “Cuarto Poder”, reconociéndole gran influencia sobre la opinión pública. No obstante, uno de los principios éticos de la profesión sostiene la importancia de mantener objetividad en la información.
Las palabras por sí solas no construyen significado, éste se adquiere en el entramado que va tejiendo un texto. El texto transmite con mayor o menor claridad los pensamientos de quien lo construye. Por lo tanto las frases que lo integran guardan íntima relación con el conjunto de ideas que se han desarrollado en el discurso completo.
Cuando un periodista redacta una nota editorial puede con todo derecho emitir su opinión, fundamentarla y hacerse cargo de lo dicho con su firma. Sin embargo tergiversar ideas de terceros, sacándolas de contexto, puede dar lugar a malentendidos. La coherencia del discurso del ministro es innegable, compartamos o no sus posturas.

Diana M. Donayre Zinovoy
Profesora para la Enseñanza Primaria
Bibliotecaria Profesional