Quienes Somos
 Editorial
 Premios Recibidos
 19 Años en Acción
 Ultima Tapa
 Distribución
 Propuestas
 Anunciantes
 Interes General
 Almagro
 Boedo
 Caballito
 Flores
 P. Chacabuco
 P. Patricios
 Pompeya
 San Cristóbal
 Comisarías
 Bomberos
 Hospitales
 Emergencias
 Farmacias
 CGP
 Consulados
 Embajadas
 Trenes y Subtes
 Aguas Argentinas
 Entes Regulatorios
 Edenor
 Edesur
 Metrogas
 Telecom y Telefonía
 Registros Civiles
 Registro Industrial
 Registros Propiedad
 Registros Sociales
 Mascotas
 Bolsa de Trabajo
 El tiempo
 Web Mail
 Guia Telefónica
 Horóscopo
 Postales y Chistes
 Chequeo Virus Online
 

 

Página de inicio?  
Contáctenos
     

 
   
   



Entre los muros, Avatar y Lost.

 
 

      BOEDO, Buenos Aires,
Nuevo Ciclo el más antiguo periódico vecinal del barrio de Boedo y uno de los de mayor antigüedad que se editan en la Capital argentina, incorpora, a partir de la fecha y en su edición digital que llega a todo el mundo hispano parlante, la sección de Crítica cinematográfica. Será su responsable Josefina Peralta, historiadora, crítica de cine, que, favorecida por su formación humanística obtenida en su paso por las aulas universitarias, le otorga a sus comentarios críticos sobre el arte cinematográfico, un particular sesgo que ayuda al lector a pensar la película con mayor bagaje técnico e intelectual. En esta cita mensual que tendremos con ella, esperamos que nos acompañen muchos de nuestros visitantes habituales y seguramente los que se irán incorporando paulatinamente.


Dos películas y una serie sobre
la otredad y otras cosas.


por Josefina Peralta


Entre los muros, Avatar y Lost.

   El tema del otro es un tema apasionante. En el fondo, todo nos habla de él. Lo que no soy yo es otro, y cómo convivo, cómo me enfrento, cómo juzgo, cómo miro, cómo asimilo al otro es en sí la tarea de estar vivos.
   Políticamente, el “otro” ha estado siempre corporizado en pueblos, en naciones, en bloques. El otro es desde el comienzo, el que está del otro lado del río, del mar o la montaña. Después de la Segunda Guerra, el bloque democrático y el bloque comunista se opusieron cual dos naipes sosteniéndose el uno al otro en un juego de equilibrio inestable. Sin embargo, en los ochenta, algo catalizó y el falso empate se pulverizó.
   1989.- 2001: Los años optimistas. Todo era posible. Habían ganados los buenos, y ahora “los otros” iban a probar el sabor de la libertad y a reconocer la supremacía moral del modelo victorioso. Apareció el concepto de corrección política. No se podía decir gratuitamente cualquier cosa. La economía mundial creció. Las distancias se achicaron. La tecnología hizo de todo pero más rápido. Muchas cosas mejoraron desde entonces. Muchas empeoraron también.
   Pero a nuestra naturaleza humana, polar por definición, pertenece el mirar todo en términos de “yo” y “el resto”, de “uno” y “otro. ¿Qué otra cosa es el Mal sino los otros? No vengo a decir que el Mal es absolutamente relativo. Pero tampoco es absolutamente absoluto.
   Lyotard nos advirtió, antes del 2001, sobre la porosidad del Mal. Al no poder encaramarse en un poder visible, el Mal nos entraría por los poros, y actuaría desde dentro. Aparecería, como un cáncer, luchando contra el mismo organismo que lo cobijaba. Sin duda, el 9-11 vino a darle la razón.

   Dos películas que ví (una en DVD, la otra en cine) en la misma semana, actualizaron el tema. Dos miradas diferentes sobre la misma cuestión, una europea, la otra americana.

   Entre los Muros, de Cantet.
     Si, es el mismo director de Recursos Humanos y El Empleo del Tiempo.
    Sus preocupaciones pasan por el sentido de integración del ser humano. Integrarse con otros, ser parte de. Esa necesidad tan primaria de gregariedad.
    Cuando querían castigar a alguien, los griegos lo mandaban al exilio, lo desterraban. Cuando somos chicos, que cosa hay peor que sentir que la banda no te quiere, que no te eligen para jugar al futbol, que el grupo de chicas populares no te invita a sus fiestas?
   Y de no tan chico, Cantet se pregunta en El Empleo del Tiempo, por el sentido del trabajo como fuente de integración humana. Este hombre tan solo que sigue yendo a los rascacielos de oficinas tan solo para mezclarse con las tribus corporativas y fingir por unas horas ser uno mas?
   Vi la película hace ya mucho tiempo, y sin embargo, guardo fresca la amargura de esas secuencias.

   Ahora vuelve con el tema de la integración, pero en una escuela. El experimento es más o menos así: ¿Qué pasa si colocamos la cámara y registramos durante un año lectivo todo lo que sucede en un aula de un colegio suburbano francés, en el que se mezclan las religiones, las nacionalidades, los orígenes raciales y los colores? ¿Qué pasa si esa cámara es aparentemente objetiva, si sólo muestra los fenómenos y no se mete con la subjetividad o las interpretaciones de carácter? Bazin puro, dirían los críticos de cine. Nada dice esta cámara acerca de su personaje principal. Ese profesor bienpensante, que quiere hacer el bien (al grupo, al país que es Francia, al mundo post caída del muro?) que incluso se enfrenta a sus pares por defender al que es diferente, también es humano y se le escapa algún juicio en el fragor de una discusión, y dice a algunas de sus alumnas algo que le cuesta caro. Algo que no es políticamente correcto. Su mismo gesto nos habla de la imposibilidad de tanta corrección política, de tanto esfuerzo por sostener en vano una estantería que pesa más arriba, donde están los jóvenes y que en cualquier momento se vendrá encima.
   Las razones son otras, o quizás en el fondo son las mismas, pero las respuestas de estos adolescentes -a quienes les espera afuera un mundo nada sutil, ingrávido ni gentil-, son muy parecidas a las que podría encontrar un chico nuestro en nuestro Buenos Aires suburbano. Y nos habla de que en este mundo pseudo globalizado, incluso los problemas de la globalización, son globales.

   Entre los muros es una película casi zen. Una mirada que muestra sin interpretar ni juzgar, las estructuras de coherencia de los personajes. Una mirada que no puede anticipar lo que hará cada uno, pero tampoco interesa. Sólo muestra y se permite concluir, con la sensación de imposibilidad más asfixiante que yo haya sentido en los últimos tiempos, que estamos fritos.

Avatar es el otro extremo de Entre los Muros.

   Leí hace poco en una crítica que defendía a la primera de la (falsa) acusación de tener diálogos pueriles, o cuanto menos, poco inteligentes. Y decía el cronista que no se le pide a Cantet que filme escenas de guerra en la selva como las que filma Cameron, y que no se le debe pedir a Cameron que tenga diálogos como los de Cantet. Como si fueran dos habilidades mutuamente excluyentes. Creo que la comparación es falsa, porque ambos ponen diálogos en sus películas, pero sólo uno filma las batallas selváticas. Se le pide a ambos excelencia en lo que filman, con el guión y con la cámara.

    No obstante, difiero con la crítica en otro sentido. Creo que sí hay diálogos pueriles, pero no importa. Son barridos por la fuerza de las imágenes en Avatar. Esta no es una película zen. Al contrario, grita su sentido, comunica de todas las maneras posibles la imposibilidad del ser humano de seguir en la dirección que va. Pero es a su manera, mucho más esperanzadora que la de Cantet. El avatar puede ser leído como una parte de nosotros mismos, que despierta a una nueva conciencia.

   Y qué belleza hay en las tomas que relatan ese despertar en un nuevo cuerpo, ese asombro (que puede haber sido también el asombro del primer hombre) del estrenar cuerpo y estrenar mundo. El asombro de conocer las posibilidades de sentir, de moverse, de oler, de mirar. Una nueva biología. ¿Cómo será dejar de tener estos límites humanos, pero tener otros? Dado que los colores, los olores, no son propiedades de los objetos sino formaciones cerebrales humanas… ¿qué colores, qué olores seríamos capaces de sentir si habitáramos otro cockpit? ¿Y qué si un día jugáramos a despertarnos como ese avatar en nuestro propio cuerpo, y a asombrarnos y maravillarnos de sus posibilidades?
Recuerdo haber leído hace mucho que el asombro era uno de los disparadores de la filosofía. Otro eran las situaciones límite.

    En un momento, el personaje reza ante el árbol sagrado, y le pide a la diosa que los salve. La heroína lo mira con ternura, y le dice que su diosa no toma partido, simplemente es. Eso es zen. Sin embargo, la película es americana, y no puede con ese espíritu. La batalla la gana el héroe y por si fuera poco, cual Di Caprio gritando “I’m the king of the World”, aquel grita en el medio del fragor del triunfo algo así como “gracias por haber tomado partido”. De un lado o de otro, dios sigue siendo americano.

     Después de la caída del muro, nada es lo mismo. La pregunta sobre el otro ya no está formulada en términos de igualdad. La pregunta ahora es qué hacemos con él, como si estuviera en nuestras manos y nos quemara. A aquel lado del océano, nos dicen que no les va nada bien intentando integrar a los diferentes, pero ¿qué camino hay? De este lado del mar, pero más arriba, nos dicen que les va mal intentando aniquilarlos.

    Lost también habla del “Otro” (entre los millones de cosas de que habla)
Otros que hablan sobre la Otredad son los guionistas de Lost. Vieron que una tribu se llama “los otros”, pero después resulta que son los unos, y sobre el final de la quinta temporada, aparecen unos nuevos que dicen “somos los buenos”? Bueno, podría hablar décadas sobre Lost. Pero eso es otro capítulo.

    ¿Y se dieron cuenta de que Avatar termina como empieza Lost, con un plano cerradísimo sobre el ojo del protagonista abriéndose? Un ojo que es una mirada, una subjetividad que tiene que empezar a entender la lógica de un mundo nuevo.

www.nuevociclo.com.ar

Producción Propia

Más noticias

 

 
 

  

  

  

 

>>>Volver

 
 
     
Resolución recomendada 800x600 © Copyright 2001 - Nuevo Ciclo.com Todos los derechos reservados
     Ir Arriba
            >>>WebMaster