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En aquella época de esplendor iniciada sobre finales de la década del 20 del siglo anterior, Boedo supo ser, por el prestigio que le otorgaba su inigualable actvidad comercial, literaria, artística, social, uno de los espacios de la ciudad de mayor reconocimiento ciudadano. En 1928, para citar solo un año, el 9 de julio se presenta en sociedad el Club Social Mariano Boedo, en una multitudionaria reunión celebrada en el cine Los Andes. No había pasado muchos días desde este importante acontecimiento, cuando el 5 de agosto, en el mismo escenario,. D. José González Castillo anuncia la creación de la Universidad Popular de Boedo. El 8 de octubre de ese mismo año, Julio De Caro, estrena en el cine Renacimiento su tango "Boedo", en cuya letra Dante A. Linyera le canta al barrio "Del arrabal la calle más inquieta,/el corazón de mi barrio porteño"

Así se fue consolidando un patrimonio cultural de inolvidable valor, que se hacía visible y presente en salones, cafés, clubes, teatros, peñas,editoriales. El tiempo se fue llevado, poco a poco, las señales tangibles, palpables, de todos esos acontecimientos. La piqueta impulsada por los intereses comerciales de unos y la desidia de otros, demolió peñas, teatros, cafés, mercados tradicionales, clubes sociales y...hasta un estadio de futbol orgulo de los porteños: el "Gasómetro"

Ya no está la Peña Pacha Camac, ni el café Dante, ni los cines Nilo y Los Andes; también desaparecieron los teatros América, Boedo y Florecio Sánchez, y así la lista podría seguir.

Y sigue: En este caso la señal que alarma a todo un vecindario es un cartel rojo, de remate, colocado al frente del edificio de tres plantas (800m2), ubicado en la Av. San Juan 3545, que desde 1940 y hasta hace pocos años albergó al Club Social Mariano Boedo, aquel que fue fundado hace 75 años, teniendo su primera sede en los altos de Boedo 736. Fue su primer presidente una figura esencial en la historia del barrio, D. Pedro Bidegain, quien junto con un grupo de distinguidos vecinos del barrio, promovió tan trascendente actividad que le impuso la necesidad de un nuevo edificio, construído especialmente para las finalidades a que estaba dirigido. Allí, entre otras actividades, se consolidó la Biblioteca Popular Mariano Boedo, iniciada en 1932 y que el 3 de marzo de 1954 fue acreditada por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares.
Un busto en bronce del Dr. Mariano Boedo, obra del escultor Francisco Reyes, simil del existente en la estación de la líonea subterránea que lleva el nombre del procer, prestigiaba el hall de ingreso.

El cartel rojo de remate, anuncia que la firma Juan Carlos Diyhenart realizará el mismo el próximo 22 de marzo en la sede de la Corporación de Rematadores (Presidente Perón 1233), con una base fijada en $ 260.000. Luego se rematará el patrimonio de la institución, que incluye -seguramente- el busto del procer donado por el escultor Francisco Reyes en su oportunidad.

Los libros, más de 4000, que supieron alimentar la necesidad de conocimiento de los chicos del barrio, fueron entregados hace poco más de dos meses a una inexistente entidad sin inserción barrial, hallándose la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo verificando el cumplimiento de las disposiciones legales para dicha entrega.

El remate de los bienes tiene su inicio en el abandono que había caido el club, a cargo de una C.D. "vitalicia", que dejó de cumplir todas sus obligaciones. El primer juicio civil por cobro de pesos fue llevado adelante por la bibliotecaria que cumplia tales funciones en el lugar, al que se agregaron luego Aguas Argentinas y seguramente otras empresas proveedoras de servicios.

El sueño de las organizaciones vecinales, que veían la posibilidad de un centro cultural que mantuviera vigente el espíritu boedense o, incluso, su utilización como sede subcomunal en el tiempo inmediato, parece inalcanzable.

Quizá pueda aparecer aún un Angel de la Guarda.

En el inicio de este nuevo siglo, nos dice el Sr. Carlos Kapusta, antiguo vecino y dirigente barrial, aparece una pálida imagen de una exultante vida social que parece extraviada en el correr de los tiempos, disimulando tras la fachada el recuerdo de su pasado esplendor.

Aníbal Lomba

     
      
 
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